VELAZQUEZ
SpanishArts.com-ArteEspañol.es
Diego
VELÁZQUEZ de Silva

1599 - 1660

BIOGRAFÍA

 
El desarrollo del arte español en tiempos de Felipe II que fue en parte debido a las influencias de artistas foráneos reunidos por relaciones personales y preferencias del monarca, contribuyó grandemente en la gloria de la pintura que alcanzó su zénit en el siglo XVII. Pero el periodo de gestación está también mal definido y es confuso, precedido de un florecimiento del arte puro nacional, está separado por varios años; los últimos del siglo XVI y los primeros del XVII no fueron muy felices para nuestros pintores. La decadencia de la escuela de pintores de retratos, la muerte del Greco, que trabajó confinado en Toledo, la ausencia de cualquier personalidad artística en las grandes ciudades o de un pintor de relieve en la corte, hombre animosos para profetizar que la edad de oro de las artes estaba al alcance que podría ser tan rico, tan prolongado o tan variado en sus manifestaciones.

Fue durantes estos melancólicos días para los pintores españoles cuando nació en Sevilla Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, en el año de nuestro señor de 1599.

Desde los once años entró a formar parte de la escuela de Francisco Pacheco, el pintor cuyo duro entrenamiento atrajo a todos los que formaban, en la capital andaluza, la aristocracia de las artes y las letras.

Adoración de los Reyes Magos.
Las enseñanzas de Pacheco, sus máximas artísticas, cristalizadas desde el pseudoclasicismo que estaba de moda, no hicieron mella en el temperamente y las tendencias naturales del joven que ya se había consagrado a la reproducción fiel de la naturaleza. Sin convenciones de los estudios; sin aderezos en la forma ruda de que ofrecen los modelos vivos a la visión de un espíritu que además aspira a los más altos ideales; mostrar la naturaleza tal y como se muestra a los ojos, sin convencionalismos o falsificaciones, fue el principio al que siempre permaneció fiel y que el fue capaz de observar, gracias al sereno desapego de su temperamento artístico y la asombrosa exactitud de su visión. Sus primeros ensayos fueron numerosos dibujos a la cera y estudios de color ejecutados con gran rigor. Antes de cumplir los veinte había pintado varias obras remarcables por su realismo, por su maestría en el dibujo (una capacidad innata en Velázquez), por su escultural relieve y precisión: El viejo friendo huevos (de la colección de cocina) y la Aguadora de Sevilla (en posesión del Duque de Wellington). Ambas pinturas, ahora en Inglaterra, muestran el vigor con el que el artista trataba los objetos populares. Típico de sus trabajos religiosos son la Inmaculada Concepción, San Juan en Patmos, Cristo enla Casa de Marta, los tres como los anteriores, también en Inglaterra; San Pedro en una colección privada en Madrid; La adoración de los Magos en el Prado; y Cristo con las Lágrimas de Emaus, que fue adquirido por un coleccionista americano.

El arte revelado por estos y otros cuadros pintados en Sevilla durante sus años de aprendizaje, está en directa contradicción con los principios profesados por Pacheco. Ya lejos de disuadir a su alumno a seguir sus tendencias, le animó a realizar su estilo de pintura francamente naturalista; y ganado por las cualidades morales de Velázquez, le adoptó como hijo antes de que cumpliera los 19 años. Un poco más tarde, en 1623, Pacheco y tras un intento fallido el año anterior, consiguió introducirle enla Corte de Felipe IV, donde permaneció durante toda su vida al servicio de su soberano.

Rey Felipe IV.
El retrato de Fonseca, el primero que el joven sevillano pintó en la corte, puso su talento a prueba tan brillante que cuando mostró el retrato al Rey, a sus hermanos los Infantes y a los cortesanos, Velázquez obtuvo una posición remunerada en la corte y fue a la vez encargado para pintar el retrato del soberano.

El retraro de Fonseca se perdió, pero hay varios retratos del Rey, el Infante D. Carlos, el Conde Duque de Olivares, pintado en los primeros años de Velázquez en Madrid. Son trabajos maestros y tan personales que son suficiente para explicar los celos que suscitó el joven intruso en el mediocre grupo de pintores que rodeaban a Felipe IV. A pesar de todo la osición de Velázquez creció rápidamente día a día y particularmente despues del retrato ecuestre del rey que ha desaparecido y su victoria en la competición por un cuadro mostrando la expulsión de los moros. En este concurso tuvo que competir contra otros tres pintores de cámara del rey Vicente Carducho, Eugenio Caxes y Angel Nardi. Velázquez obtuvo el premio por la unanimidad de un jurado compuesto por artistas. Esta pintura también se perdió durante el incendio del Alcazar en Madrid en 1734. Quedan otros como los borrachos, finalizado dos años después, que es el máximo nivel en la producciòn durante estos años. Este cuadro muestra todas las cualiddades de los trabajos ejecutados en Sevilla en los primeros años de aprendizaje, pero en un grado más elevado. En ningún lado el espíritu pícaro que se muestra de forma brillante en una parte de la literatura española, encontro una expresión más original que en este extraordinario lienzo. El artista se revela con un vigor que no ha sido sobrepasado por la caracterización de tipos y energía de expresión. Si Velázquez hubiera muerto tras pintar Los Borrachos, este cuadro por sí mismo hubiera sido suficiente para asegurar su supremacía y darl el título de fundador de una escuela en un ambiente social todavía carente de una orientación definida y personalidad.

Estos brillantes comienzos de Velázquez en la corte auguraban la gloria que le esperaba. Sus primeros viajes a Italia, que tuvieron lugar el año en que terminó Los Borrachos, 1629, marcan a la perfección sus cualidades naturales, que desarrolla por el estudio de los grandes maestros italianos y por la constante determinación para realizar una interpretación más precisa y más leal de la naturaleza.

En Italia y en un entorno clásico pintó La Fragua de Vulcano, un trabajo mitológico que si no muestra una relación cercana con la doctrina consagrada, revela toda la maestría del artista en la ejecución de los desnudos. También fue cuando Velázquez pintó los dos paisajes de Villa Medici en Roma, donde mostró en unos simples estudios cómo concebía y trataba los paisajes, como el presursor de la moderna escuela de la pintura al aire libre.

Conde Duque de Olivares.
Entre 1631, fecha de su vuelta de Italia y 1649, su segundo viaje a Roma, comienza el periodo durante el que la producción del artista es más asombrosa, no por la abundancia que caracteriza a Velázquez pero si por su variedad y refinamiento de su trabajo.

El cuadro de Las Lanzas inigualable por la clase, donde el genio del pintor reproduce el espíritu caballeroso. Los retratos ecuestres del rey, reina y princesa; Los otros lienzos donde se ven los mismos personajes vestidos para la ocasión, y que tienen de fondo el paisaje montañoso de el Pardo con sus antiquísimos robles plantados en un suelo tan pintoresco como pobre - Estos paisajes, el horizonte delimitado por la sierra de Guadarrama, con los picos nevados de Castilla brillando por el sol; y otros retratos como el del Conde Duque de Olivares, el del rey en uniforme militar pintado en Fraga en 1644 y descubierto en 1912; los de los bufonoes de la corte; mujeres españolas, típicas de su clase, que es uno de los tesoros de la colección Wallace; Cristo Crucificado; las escenas de caza; todos los trabajos que dan una idea de la fuerza de personalidad que adquiró el pintor. Durante estos dieciocho años de desarrollo y madurez que los críticos llaman el segundo talante de Velázquez, el más amplio de su juventud, con un colorido más refinado y enriquecido con la harmonía enlos grises y platas que no se puede comparar con nada.

Marte.
Pero el pintor todavía retenía suficiente vitalidad para crear un arte aún mayor, casi de manera enigmática, que se muestra een los trabajos de su última década, un arte tan sublime que sólamente ha sido comprendido recientemente, y que quizás encuentra sus mejores discípulos en la actualidad.

Después de haber pintado en Roma en 1650 el retrato del Papa Doria, precedido por el busto de Juan Pareja actualmente en el castillo de Longford, y el estudio para el retrato del Papa que se guarda en San Petersburgo en el Hermitage, Velázquez se convirtió en uno de los más altos funcionarios de la corte española. Hasta su muerte en agosto de 1660, él supervisó la decoración del Palacio Real. Sus obligaciones, que eran bastante extrañas a su arte, contribuyó grandemente a limitar la salida al pintor. Sin embargo encontró los medios para sacar tiempo de sus numerosas ocupaciones y crear obras como los últimos retratos de los reyes y de la princesa que se pueden admirar en Madrid; la segunda serie de enanos, más ricos todavía y más maravillosos que los que había pintado en su madurez entre los que podemos encontrar las dos figuras características, Aesop y Menippus que no tienen nada del Greco y son de la última época de su vida que la realización de Los Borrachos han sido hechas anteriormente; las dos pinturas religiosas de la Coronación de la Virgen y El Santo Ermitaño; Los seis lienzos mitológicos, tres de los cuales se perdieron enel incendio del Alcázar en 1734, pero los que felizmente se salvaron se encuentran en nuestro museo nacional el Dios Marte y Mercurio con Argos y en el National Gallery de Londres, La Venus con el espejo, de cuya autoría ha sido puesta en duda; y finalmente los lienzos de Las Hilanderas y Las Meninas los monumentos supremos de una escuela, modelos de arte, maravillosos por la simplicidad de su técnica, la delicadeza de su harmonía y el estudio de valores, pinturas que a pesar de su apariencia modesta y de su falta de elaboración, son trabajos de creación mágica y sublime en los que el pintor no deja translucir esfuerzo, desfallecimiento o fatiga.

Al ser el genio que se invistió de tanta gloria en España y quien con apenas un centenar de lienzos , ha ejercido la influencia más poderosa sobre las escuelas de pintores más cercanas.

A. de Beruete y Moret