Manuel de Falla
   Siglo XX
 
   Se inicia con la creación de una Orquesta Sinfónica de Madrid, en 1904, y otra de Barcelona (1910).
 
   La música del siglo XX necesita actualizarse asimilando la del resto de Europa. "Quema etapas": evoluciona experimentando el sinfonismo, el atonalismo y el dodecafonismo.
 
   La gran figura es Manuel de Falla (Cádiz, 1876-1946), que se inicia en la ópera: La vida breve, premiada en 1905 y estrenada en París en 1907. Le siguen Siete canciones españolas (1915).

Piezas españolas (1909)
   Tres nocturnos para piano y orquesta forman Noches en los jardines de España (1911-1916). Un año antes funde en El amor brujo el canto jondo con el andalucismo español. Para Diaghilev estrena El sombrero de tres picos (1919), junto a Picasso. Ese año compone la Fantasía Baetica para piano.
 
   En Granada escribe el Homenaje a Debussy (1920), dos páginas que suman su "integral" para guitarra. Incluye en El retablo de Maese Pedro (1923), temas tradicionales españoles. Escribe Psyché (1924) y el Concierto para clavicémbalo y cinco instrumentos (1926), acaso, su obra maestra. Le siguen Soneto a Córdoba (1927), Balada de Mallorca y Suite de homenajes (1938-9) a Dukas, Pedrell, Arbós y Debussy.

Autógrafo de
El amor brujo

 

Homenaje a Debussy
   No está claro el motivo de su residencia en Argentina tras la Guerra Civil. Elabora Atlántida, ambicioso proyecto acabado por su discípulo Ernesto Halffter.
 
   Falla es el músico español de mayor proyección universal.
 
   Conrado del Campo (Madrid, 1878-1953) destacó por su amabilidad y por su virtuosismo en el violín. Seguidor de R.Strauss y casticista, produjo una ingente obra de la que destacamos La divina Comedia (1909) y Fantasía castellana (1939). Se le critica su uniformidad decimonónica.

Homenaje a Debussy

 

Joaquín Turina
   Joaquín Turina (Sevilla, 1882-1949) triunfó, como Falla, en París. La procesión del rocío (1912), poema sinfónico sevillanista, fue seguida de Danzas fantásticas (1919) y Sinfonía sevillana (1920). Para cuarteto de laúdes compuso La oración del torero (1925). Le siguen una Sonata (1932) para guitarra y una Rapsodia sinfónica (1934). Tras la guerra civil, gozó de una posición privilegiada y acomodaticia.
La procesión del Rocío

 
   Julio Gómez (Madrid, 1886-1973) ganó la amistad de sus contemporáneos por su ideología progresista. A su Suite en La (1917) para orquesta siguen Cromos españoles (1929), Maese Pérez el Organista (1941) y Cuarteto plateresco (1948). Destacó como musicólogo.
 
   Jesús Guridi (Vitoria, 1886-1961), nacionalista, se inicia en la ópera y zarzuela: tras Mirentxu (1910) compone Amaya (1920). Experimenta lo sinfónico con Una aventura de don Quijote (1916) o En un barco fenicio (1927) y triunfa con Diez melodías vascas (1940). También escribió música de cámara.

Jesús Guridi

 

Xavier Montsalvatge, Eduardo Toldrá y Óscar Esplá
   Óscar Esplá (Alicante, 1886-1976) cierra una etapa española. Conoce el éxito con El sueño de Eros (1912), La nochebuena del diablo (1923) o Don Quijote velando las armas (1924), poemas sinfónicos. Escribió música de cámara y pianística. A su inspiración popular, Esplá añade un aire levantino, con una escala diatónica original.

 
   Otros autores de este momento son Joaquín Nin, Jaime Pahissa, Andrés Isasi, Beltrán Pagola o Eduardo López-Chávarri.
 
   Destaca el pianista catalán Federico Mompou (1893-1987), desde Impresiones íntimas (1914) a Música callada (1959-67). Para guitarra escribió una Suite Compostelana (1962). Impresiona su sensibilidad y lirismo.
 
   Un estímulo para la música religiosa fue la encíclica Motu Proprio (1903). Sus resultados en España distan de ser brillantes.

Federico Mompou

 

Comentarios a su
Concierto para violín y orquesta
   Tampoco prospera la zarzuela, pese al entusiasmo de Amadeo Vives (1871-1932), Pablo Sorozábal (1897-1988) y Federico Moreno Torroba (1891-1982), autor de música sinfónica y guitarrística.
 
   Una nueva generación llega en 1927, influida por Falla y Stravinski y estímulada por Adolfo Salazar: el madrileño "Grupo de los Ocho". Lo integran Juan José Mantecón, Fernando Remacha (1898-197) -a quien el exilio interior no le impidió escribir Concierto para guitarra y orquesta (1955) o Jesucristo en la Cruz (1964)-, Rodolfo Halffter (1900-1987) -que, también exiliado compone Tripartita (1959)- y su hermano Ernesto (1905-) -cuya producción abarca de la Sinfonietta (1925) al Concierto para guitarra y orquesta (1969)-.

 
   Completan el grupo Julián Bautista, Gustavo Pittaluga, Rosa García Ascot y Salvador Bacarisse (1898-1963), que escandalizó con Heraldos (1923) para piano. En Francia languidece, pese a su Concertino (1957) para guitarra y orquesta.
 
   En Cataluña, un grupo paralelo lo forman Roberto Gerhard (1896-1970), exiliado en Inglaterra, Eduardo Toldrá, Joaquín Salvat, Grau, Manuel Blancafort....

Roberto Gerhard

 

"Festival Rodrigo"
Japón, 1973
   Se dice que la Guerra Civil (1936-39) no alteró demasiado el ya delicado panorama musical, pero los años 40 suponen un aislamiento cultural.
 
   La gran obra de estos años está firmada por Joaquín Rodrigo (Sagunto, 1901-1999), conocido ya por su Zarabanda lejana y villancico (1930). Presenta el Concierto de Aranjuez (1938-39), escrito en París, para guitarra y orquesta. Su éxito lo lleva a una cierta repetición en Fantasía para un gentilhombre (1954) o Concierto divertimento (1981). Destaca su obra pianística y religiosa.

Joaquín Rodrigo con Andrés Segovia

 

Rodolfo y Cristóbal Halffter
   Músicos de este momento son Jesús García Leoz, José Muñoz Molleda, Rafael Rodríguez Albert, Matilde Salvador o Vicente Asencio (1903-1979).
 
   Xavier Montsalvage (Gerona, 1912-) destaca en los 40, con la Sinfonía mediterránea. Su música conecta con ritmos habaneros.
 
   Gerardo Gombau (1906-1971) experimenta nuevas técnicas. Se le asemeja Joaquín Homs. Al Círculo Manuel de Falla barcelonés pertenecen Juan Comellas, Ángel Cerdá, Juan-Eduardo Cirlot y el malagueño Antonio Ruiz Pipó (1933-).
 
   El cambio llega con la Generación de 1951, seguidora de Stravinski y Bela Bartok, dodecafonista y atonal.

 
   De su nombre es responsable Cristóbal Halffter, autor de Microformas (1960). Abarca al grupo catalán Música Abierta -formado por Mestres-Quadreny, Josep Cercós o Juan Hidalgo- y al Grupo Nueva Música (1958), de Ramón Arce, Cristóbal Halffter, Antón García Abril, Luis de Pablo, Manuel Moreno Buendía, etc.
 
   Juan Hidalgo (Las Palmas, 1927) cultivó la música electrónica con Ukanga (1957) o Rose Selavy (1976).
 
   Cristóbal Halffter (Madrid, 1930) y Luis de Pablo (Madrid, 1930) se consideran músicos complementarios. El primero evoluciona de su Scherzo (1951) y Concertino (1956) para cuerda al expresionismo de sus Brechtlieder (1967). Trata formas populares en Tiento (1981).

Obra de Cristóbal Halffter

 

Luis de Pablo
   El segundo parte de Gárgolas (1953) para seguir a Bela Bartok hasta Módulos (1963-67). Elephants Ivres I-IV (1972-73) combinan tradición y modernidad. Tinieblas del agua (1978) ensayan con música electrónica.
Luis de Pablo,
Trío para cuerda (1978)

 

Obras de Bernaola
   A este grupo se asimila Carmelo Bernaola (1929-2002), autor de Superficies números I y II (1961-62), Permutado (1963) para violín y guitarra o Superposiciones variables (1976) para clarinete y magnetófonos y dos sinfonías (1974 y 1980). También Ramón Barce (Madrid, 1928) experimenta en Sonata para piano (1956) o Estudio de sonoridades (1962).

 

Leonardo Balada
   Al grupo catalán pertenece Josep María Mestres Quedreny (Manresa, 1929), con Invenciones móviles (1961) o Peça per a Serra Mecànica (1963); Josep Cercós y Xavier Benguerel -autor de un Concierto para guitarra y orquesta (1971)-.
 
   Junto a ellos destaca Joan Guinjoan (Tarragona, 1931), Leonardo Balada (Barcelona, 1933), autor de obras para numerosos instrumentos y de la ópera Cristóbal Colón (1992); Antón García Abril (1933), Claudio Prieto (1934), Salvador Pueyo (1935), etc.

Obra para guitarra
de Claudio Prieto

 
   Una nueva generación viene con Miguel Ángel Coria (Madrid, 1937) y el crítico y compositor Tomás Marco (Madrid, 1942), desde Trivium (1963) a Naturaleza muerta con guitarra (1976) para terminar en el Concierto Austral (1981) para oboe y orquesta. El panorama se completa con el clarinetista Jesús Villa Rojo (Guadalajara, 1940), desde Tres piezas para ritmos desvirtuados (1966) hasta Antilogía (1980) para orquesta; o con Carlos Cruz de Castro (Madrid, 1941) -Menaje (1970) para utensilios de mesa y cocina- o Carles Guinovart (Barcelona, 1941).
 
   Posteriores son Francisco Guerrero (Linares, 1951), José Ramón Encinar (Madrid, 1954), José Luis Turina (1951), José Iges (1951), Enrique Macías o el catalán Carles Santos, autor de interesantes óperas.
 
   La música actual no se halla protegida por esfuerzos estatales. Mayor atención recibe de diferentes emisoras de radio dirigidas a un público especializado. Sigue ausente en instituciones como la Universidad.

Carlos Cruz de Castro
con Rodolfo Halffter