Prehistoria
 
   La música española nace del canto y del golpear o raspar de objetos. Añadir membranas a vasijas, silbar tubos o frotar cuerdas ofrecen otras posibilidades. Las pinturas rupestres lo confirman, especialmente en la zona mediterránea.
 
   La España romana abunda en testimonios literarios sobre instrumentos, bailarinas gaditanas o costumbres, pero apenas habla de su realización concreta.

Pinturas rupestres: ¿danzantes?

 

 

Beato de Silos
   Música Hispánica
 
   Hasta el siglo XI se atestigua en la Península una música escrita con neumas, de origen visigodo, mal llamada canto mozárabe, inseparable de la liturgia y mal descifrada hoy. Recibiría influencias judías y cristianas, e, incluso, norteafricanas.

 

 

Manuscrito musical de
Santo Domingo de Silos
   La reconocemos en el recitativo del Pater Noster hispánico de códices como el Antifonario de León y otros libros de Santo Domingo de Silos o San Millán de la Cogolla. A finales del siglo XV el Cardenal Cisneros encargó a Alonso Ortiz varios códices de esta música para la Capilla Mozárabe de Toledo.
Antifonario mozárabe (León)

 
   Quedará olvidada al implantar el rito romano en 1080, aunque perviva entre mozárabes e iglesias de Castilla.
 
   Peor conocida es la música profana para bodas o funerales.
 
   Mención especial merecen las composiciones hebreas y andalusíes, de tradición oral. Conservamos testimonios vivos para reconstruir esta variedad.

Laúdes árabes

 

Cantoral
   Canto Gregoriano
 
   También llamado romano carolingio: se impone desde el siglo XII por Cataluña, pues Castilla se muestra más celosa de sus antiguos ritos. El gregoriano -originado de las reformas de Gregorio I (540-604) entre los siglos VI y XIII- se canta a una sola voz durante la liturgia. Una modalidad es el tropo, breve texto interpuesto en cantos más largos.
 
   Conservamos obras de este tipo en el Codex Calixtinus, en el Livre Vermell de Montserrat o en el del Monasterio de las Huelgas, de Burgos, sean de origen peninsular o no.