 J.L. David, Las Sabinas interponiéndose entre romanos y sabinos, 1799, óleo sobre tela, 3´55 x 5´22 m, Museo del Louvre, París.
ESPAÑOL
Momento en que surge la obra:
Entre julio de 1794 (mes en que cae Robespierre del que David era partidario) y octubre de 1795, David fue acusado. Tuvo que ejercer su defensa ante la Convención, fue encarcelado y luego liberado, después nuevamente encarcelado y, por último amnistiado. En este tiempo en que David estuvo en peligro cambió mucho el rumbo de la Revolución. A principios de 1796 David empezó a trabajar en una obra monumental que recuperaba la pintura de historia, a la vez que pretendía una puesta en orden de la Revolución.
Historia antigua extrapolada a la actualidad francesa dadiviana:
La sabina Hersila se interpone entre la lucha del romano Rómulo y del sabino, reclamando la paz. Los romanos habían raptado a las mujeres sabinas. Años después los sabinos van a Roma para vengar el hecho y recuperar sus mujeres. Para su sorpresa se encuentran con que sus mujeres han sido madres, y ellas, por su puesto, no quieren renunciar a sus hijos. Lo que primero había sido crimen, ahora había cambiado completamente.
Esta historia podría traducirse por el deseo de David de reconciliación de los franceses superando los desastres que había traído consigo la Revolución. La pintura fue entendida como lo que era: un nuevo emblema de pacificación.
Su modo de concebir la obra:
En primer término se desarrolla la escena principal, formada por figuras que parecen inmóviles, como congeladas para la eternidad. Estas figuras expresan la tensión contenida de la lucha. En cambio, en el segundo plano asistimos a figuras en tensión y pleno dinamismo, que se pone de manifiesto en los ojos extraviados de los caballos y exageraciones de sabinas.
La estética:
 Rafael, La Transfiguración, detalle.
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Se dice que en esta obra David representó lo "antiguo todo en crudo". Es decir, que si en otras obras dadivianas prima el sentimiento del Romanticismo, en esta se prefiere hacer gala de un clasicismo exhaustivo. Es evidente la clara influencia de pintores clásicos como Rafael y Poussin, cuyo arte habría calado en la retina de David después de su estancia en Roma.
David sustituye lo emotivo por un estilo más sensual y clásico en la línea del más puro estilo griego que Winckelmann tanto reivindicaba. En el mundo griego se valoraba ante todo el desnudo masculino, que es protagonista en esta composición. La obra no fue comprendida, los cuerpos masculinos fueron tachados de andróginos. Si en los Horacios los cuerpos permitían adivinar las venas y la tensión muscular, en las Sabinas nos parecen esculturas clásicas deambulando por un friso. Así lo demuestran las palabras del propio David: "Ya he demostrado demasiado conocimiento de anatomía en los Horacios".
Hacia una nueva edad:
Se sabe que David expuso esta obra en su casa y que cobraba al público por ir a verla. Como no fue bien comprendida sobre todo por el Directorio, David editó un catálogo. Esta propuesta anticipa los principios de nuestras exposiciones modernas.
Escrito por:
Beatriz Aragonés Escobar. Licenciada en Historia del Arte
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