Nació en el seno de una familia modesta. Tras haber marchado al ejército, compagina su faceta de saxofonista con su trabajo en las aduanas; de ahí el que se le conozca como Rousseau "el aduanero". Como soldado, tuvo acceso a relatos de los soldados franceses expatriados de México, surge entonces su primer mito personal: hizo creer, o se creyó él mismo que conocía la selva y que había estado en América. En 1893 se jubila y se vuelca por completo en la pintura. Desde 1884 existía en París el Salón de los artistas Independientes que posibilitaba tendencias nuevas. Era evidente que su pintura no podía haber alcanzado los filtros de la Academia. Rousseau no se ganó la vida como pintor pero, él nunca se sintió "pintor dominguero", sino que se sentía pintor por encima de todo. Trabajó al margen de las corrientes cultas vigentes, se mantiene dentro de una pintura limitada, es autodidacta, sin formación. Su pintura se diferencia de la culta en la técnica más tosca y en los contenidos. Le gustaba servirse de fotografías y libros ilustrados pasados de moda para configurar sus pinturas. Aspiraba a una carrera de éxitos dentro de los cauces más tradicionales. La inocencia es lo que justifica la pintura naïf y por lo que se le valora. Es una pintura de "carencias" y "torpezas"; pero no por ello inferior a otras. Características de la pintura naïf pueden ser las siguientes:
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