SALVADOR
DALÍ
(1904-1989 )
 



 
  • Biografía:
     
         Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí Domenech nació el el 11 de mayo 1904 en Figueras, Gerona. Su padre, Salvador Dalí i Cusí era un prestigioso notario, casado con Felipa Doménech. Estos habían tenido otro hijo también llamado Salvador, que murió de meningitis. Este incidente marcó a sus padres e hizo que vieran en él un gemelo del hijo perdido. Así, además de ponerle el mismo nombre, le dieron excesivas atenciones y cuidados, lo que le otorgó a Dalí una difícil y caprichosa personalidad.
     
    Su afición a la pintura comenzó hacia 1914 cuando vió los cuadros impresionistas de un amigo de su padre Ramón Pichot, y realiza un autorretrato titulado "Niño enfermo". Desde ese momento no para de pintar e intereserse por movimientos artisticos de la época: impresionismo, puntillismo, cubismo... Juan Gris le apasionaba, pero además de la pintura, y asistir a clase, leía todo lo que podía, fundamentalmente filosofía: Spinoza, Descartes, Voltaire, Nietzsche, Kant. Así acumuló conocimientos y experiencias que le llevarían a formular su metodología filosófica. Ya por entonces su original aspecto creaba expectación.
     
    Con 18 años conoce a García Lorca y a Luis Buñuel con quienes tendría una gran amistad. En esa época pinta numerosos retatos, paisajes y bodegones y realiza exposiciones colectivas con indudable éxito. Su especial personalidad comienza a surgir y tiene sus primeros problemas en la Escuela de Bella Artes de San Fernando de donde es expulsado entre otros motivos por protestar el nombramiento de un profesor.
     
    En 1924 pasa las vacaciones con Federico García Lorca en Cadaqués y crece su amistad. Al año siguiente, despues de su reingreso en la Escuela de San Fernando, realiza su primera exposición individual en las Galerías Dalmau con 22 obras entre lienzos y dibujos. Pero su estancia en la escuela dura poco, y a pesar de tener unas notas excelentes es expedientado y expulsado definitivamente por su conducta, aspecto y comportamiento extravagante, después de haber declarado incompetente al tribunal.
     
    Comienza una nueva étapa con la segunda exposición en Galerías Dalmau en 1927 con veinte lienzos y siete dibujos. En ese mismo año conoce a Pablo Picasso, que más tarde le calificaría como "el último pintor renacentista que le queda al mundo". Pinta el Arlequín, y diseña los decorados para la obra de su amigo Federico García Lorca, "Mariana Pineda". Pero quizás el hito más importante de este pariodo de su vida fue la creación de su primera pintura surrealista "La miel es más dulce que la sangre" que García Lorca tituló "El bosque de los aparatos". Colabora con Luis Buñuel en dos películas "Un chien Andalou" y "La Edad de Oro". Más tarde se autodefiniría como "el surrealismo soy yo".
     
    Su vida privada también cambió después de conocer a Gala - Helena Deluviana Diakonoff -, su futura esposa y musa. Gala fué fundemental en la vida posterior del artista, aparece en más de cincuenta obras.
     
    Antes de la Guerra Civil Española expone en Londres con éxito. Además es expulsado por André Breton del movimiento surrealista por temas políticos, lo que provoca que vea el Estados Unidos de America un nuevo y prometedor mercado. Realiza su primer viaje a Nueva York y publica unas ilustraciones dedicadas esta ciudad con gran éxito.
     
    Mezcla personajes políticos sin importarle su ideología, no critica ni alaba, expone: Hitler, Lenin... En Agosto de 1936 matan a Lorca y le produce una profunda depresión, pinta e inventa la "Venus de Milo con cajones". Vuelve a USA y realiza diversos y numerosos trabajos con escandalos incluidos.
     
    En plena Guerra Civil conoce a Freud en Londres, al que lee y admira. Sigue recibiendo influencias por todo el mundo, viaja a Italia, estudia a Palladio y a los pintores renacentistas y barrocos.
     
    En 1939 vuelve a Estados Unidos y la expectación es creciente, tanto por sus creaciones como por sus excentricidades. Diseña los decorados y vestuario del Ballet de Montecarlo de gira por América. Ha decidido cambiar su estilo pictorico, deja el surrealismo y se vuelve "clásico". Al comenzar la Segunda Guerra Mundial regresa a España y poco tiempo después parte otra vez para Estados Unidos, donde vive hasta 1948. Pinta obras como "La resurrección de la carne" o "Autorretrato con tocino frito", realiza exposiciones - Museo de Arte Moderno de Nueva York - crea decorados de ballets - El café de Chinitas -, ilustra libros - Macbeth, Mémoires fantastiques, Don Quijote - y escribe su autobiografía: "La vida secreta de Salvador Dalí".
     
    En los años 50, ya en Portlligat, su clasicismo pasa ser religioso. Estudia y pinta los grandes temas de la cristiandad: "La Madona de Portlligat", el famoso "Cristo de San Juan de la Cruz", "Corpus Hypercubicus", "Santiago el Mayor" y "La Última cena". Además continúa realizando obras profanas como "Leda atómica", "El sueño de Cristobal Colón", "Cabeza rafaélica explotando", "Joven virgen autosodomizada por su propia castidad" o "Galatea en las esferas".
     
    En los sesenta sigue el mismo camino, un elaborado academicismo criticado por muchos como vacío y mercantilista. En 1964 recibió por parte del Gobierno Español la Gran Cruz de Isabel La Católica, ya que despues de su vida revolucionaria, excentrica y blasfema, se había convertido en un ferviente católico e incluso admirador de la figura de Franco. Era el gran artista, políticamente perfecto para oponer a Picasso, y el gobierno Español lo sabía.
     
    En 1979 se abre una exposición antólogica en el Centro Ponpidou de Paris y Dalí ingresa en La Academia de Bellas Artes Francesa.
     
    Su búsqueda personal de técnicas "hiperestereocópicas" le llevó a una confusión cretiva que concluyó en 1983 con "La cola de la golondrina", su última obra.
     
    Su salud empeora después del indendio del Castillo de Pubol -donde residía- y se traslada a Torre Galatea, donde moriría el 23 de Enero de 1989. Es enterrado en la cripta-mausoleo de su Teatro Museo de Figueras.
     
     
  • Obras de Dalí:
     
  • Bodegón de peces, 1923, 50 x 55 cm, óleo sobre lienzo, Salvador Dalí Museum, St. Petersburg (Florida)
         Conocedor de las técnicas y dotado de una excelente habilidad para el dibujo, Dalí reliza todo tipo de estudios y trabajos. El realismo académico es una asignatura agradecida para él. Este es un ejemplo de bodegón en el que refleja un dominio sorprendente de las luces y la composición.
  • Autorretrato cubista, 1923, 104 x 75 cm., Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
         Influido por todos los movimientos artísticos de la época, Dalí pinta este autorretrato de estilo cubista. Es evidente la influencia de Juan Gris, los periódicos, la pipa... Realmente Dalí ya mostraba su tendencia figurativa y le costaba reinterpretar la realidad. Su academicismo le llevo a poner un punto de referencia a modo de perspectiva cónica en la parte superior donde confluyen todas las lineas verticales, era su justificación formal del cubismo.
  • Desnudo en Paisaje, 1923, 51 x 50 cm., óleo en cartón, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
         Numerosas son las incursiones en estilos más o menos determinados. Este ejemplo psudoimpresionista nos sugiere la facilidad del pintor para experimentar con éxito en cualquier formula pictórica. Dominaba el dibujo con tal facilidad que los distintos estilos sólo eran una distinta forma de dar el color sobre bocetos. Debido a esta facilidad y una incansable dedicación, Dalí realizó una innumerable obra estimada en mas de 1000 pinturas.
  • Retrato de Luis Buñuel, 1924, 68,5 x 58,5 cm., óleo en cartón, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
         Dalí conocía a Buñuel hacía ya dos años y tenían amistad compartida con Federico García Lorca. Más tarde colaborarían en dos películas surrealistas. En este retrato, Dalí muestra sus valores artísticos más encomiables que le proporcionaban unas notas excelentes en la Escuela de Bellas Artes. Un retrato técnica y academicamente impecable con un paisaje con tendencias surrealistas adaptado magistralmente en el conjunto de la obra.
  • Muchacha en la Ventana, 1925, 105 x 74,5 cm., óleo sobre cartón piedra, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
         Uno de los cuadros más famosos de Dalí realizado cuando tenía 20 años. Los contactos con el surrealismo no han influido todavía de manera apreciable en su pintura. Realiza un trabajo de gran uniformidad cromática y sencillez en la composición. La originalidad de este lienzo radica en la utilización de un modelo femenino -su hermana- que está de espaldas y a la que no se ve el rostro. En él se adivina que esta observando la lejanía del paisaje, que es lo mismo que hace el espectador al ver el cuadro.
  • Arlequín, 1927, 196,5 x 150 cm., óleo sobre lienzo, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
         Un lienzo en el que intenta una incursión en el cubismo, un estilo que Dalí adorna con sus particulares características. El fondo es plano y real sobre el se arroja una sombra de los planos en los que refleja la figura de un arlequín. La luz divide diagonalmente en dos el cuadro con contrastes coloristas.
  • Bodegón al claro de luna, 1927, 199 x 150 cm., óleo sobre lienzo, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
         Otro cuadro pseudocubista de la misma época. No puede escapar de incluir elementos absolutamente reales aunque sean unicamente dibujados a línea. El bodegón situado en el centro es formalmente cubista en sí, el entorno es como un acomodo figurista que justifica la situación de la mesa, las casas, el mar y la luna.
  • Cuatro Mujeres de Pescadores de Cadaqués, 1928, 148 x 196 cm., óleo sobre lienzo, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
         Uno de los cuadros que se puede englobar dentro de los experimentos momentáneos que Dalí realizó antes de encontrar sus verdaderas lineas de creación. Recuerda a trabajos de Miró o Picasso, pero Dalí era un artista menos innovador y pronto encontraría su primer estilo definido, el surrealismo
  • El Gran Masturbador, 1929, 110 x 150 cm., óleo sobre lienzo, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
         Este cuadro, formalmente tiene las características de toda su pintura surrelista: una unidad equilibrada a pesar del gran número de elementos que posee, y el espacio inmenso que junta el cielo y la tierra en la lejanía.
    Dalí ya es surrealista y ello le permite reflejar en sus obras su vida y todas sus obsesiones. Una de ellas es el sexo. Profundo conocedor de los estudios de Freud, Dalí no esconde su personalidad ni sus problemas que da a conocer tanto en sus cuadros como en sus entrevistas. Esta personalidad abierta le diferencia de todos los otros artistas del movimiento surrealista.
    En este cuadro todo tiene su significado más o menos ambiguo. El elemento central es su autorretrato -que repetirá en muchos otros cuadros-, estilizado pero reconocible: la gran nariz, el color amarillento y cara alargada. Está claro que el protagonista de todas las alegorías es él, y pegado a su figura hay numerosos elementos con significados variados. El saltamontes, un animal que le producía pavor, lleno de hormigas que simbolizan la muerte. Un anzuelo como atadura a la familia, el león como deseo sexual, usa piedras como su pasado, una figura aislada como soledad...
    El tema de la masturbación aparece en la mujer de estilo modernista que surge de su retrato y cuyo rostro esta cerca de unos genitales masculinos escondidos en unos calzoncillos ceñidos. Pegada a la mujer hay un lirio, que simboliza la pureza, una enrevesada forma de definir a la masturbación como la relación sexual más pura. Como es constante desde que la conoció, Gala aparece representada, en este caso en la pareja que está abrazada debajo de la figura principal.
    Las pestañas largas de todos los autorretratos de este estilo que se hizo Dalí representan la esperanza de cumplir sus sueños.
  • Monumento Imperial a la Mujer Niña, 1929, 140 x 81 cm., óleo sobre lienzo, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
         Las imágenes del subconsciente son los temas que Dalí pretende plasmar en sus cuadros. Es lo que él denomina el método paranoico-crítico, que con el paso del tiempo lleva a su máxima expresión. Son cuadros que intentan liberar sus propios traumas, en especial los sexuales.
    Vuelve a utilizar sus elementos habituales que simbolizan el deseo sexual, tigres o leones. La composición formal del cuadro es la que sigue en casi todas sus obras surrealistas, esto es, un ambiente infinito con un horizonte difuso en el que se acomodan los numerosos elementos que forman la unidad de la obra.
  • El Hombre Invisible, 1930, 140 x 81 cm., óleo sobre lienzo, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
         Otro cuadro con el mismo estilo surrelista de esta época. En esta ocasión el horizonte lo situa en la parte superor y además es más difuso al ubicar el instante en un atardecer, lo que hace que el color del cielo no sea el azul de otros lienzos. El simbolismo radica en el deseo de no ser visto y ver todo. La figura del hombre invisible está compuesta por elementos en distintos planos que hacen necesario un esfuerzo del espectador para ver o bien el conjunto completo, o bien un elemento concreto.
  • La Persistencia de la Memoria, 1931, 24 x 33 cm., óleo sobre lienzo, Museum of Modern Art. New York
         Un pequeño pero famoso cuadro de la época más surrealista de Dalí. El paisaje tiene influencias de los trabajos que realizó del mar en su juventud, hasta se puede reconocer el Cabo de Creus en la parte superior derecha. Aparece una vez más su retrato rodeado de relojes doblados, derretidos. Intenta reflejar en ellos la irrelevancia del tiempo; el único reloj no deformado está cerrado y lleno de hormigas que simbolizan muerte.
  • Sueño Causado por el Vuelo de una Abeja en Torno a una Granada un Segundo antes de Despertar, 1931, 51 x 41 cm., óleo sobre lienzo, Foundación Thyssen-Bornemisza, Thyssen Museum, Madrid.
         Dalí ya ha comenzado a cambiar de estilo, se inclina por una tendencia clásica en sus pinturas, pero sigue siendo surrealista. Los elementos tradicionales de su anterior etapa, grandes espacios, felinos, elementos flotantes, los mezcla con un desnudo -Gala- compacto pero delicado, que contrasta con la fiereza de los tigres y agresividad del fusil. Un cuadro de pequeñas dimensiones y muchos elementos, resuelto con gran habilidad. La avispa que vuela en torno a una granada está en la parte inferior derecha del cuadro, casi sin importancia.
  • Galarina, 1944/45, 64,1 x 50,2 cm., óleo sobre lienzo, Fundación Gala-Salvador Dalí, Figueras
         Antes de convertirse por completo en un pintor de "estilo clásico" Dalí realiza este magnífico retrato de Gala, su musa. Es como un avance de su próxima etapa pictórica. Le llevó más de seis meses de laborioso trabajo concluir este retrato. El nombre de Galarina se lo puso Dalí como comparación y símil de La Fornarina de Raphael. La postura inclinada, el fondo oscuro, hábilmente contrastado con la figura, y las luces hacen de esta obra el inicio del espíritu místico de sus siguientes obras. Este ambiente está roto intencionadamente por el desnudo parcial de la modelo, reminiscencia erótica del pasado y de su admiración absoluta por Gala.
  • Leda Atómica, 1949, 60 x 44 cm., óleo sobre lienzo, Teatro-museo Dalí, Figueras.
         En 1949 acaba de regresar de Estados Unidos y su estilo ya es "clásico" con las características dalinianas de los grandes espacios, horizontes lejanos, elementos flotantes, luces agresivas... El estudio anatómico de la modelo -Gala- y del cisne contrasta con la irrealidad de la situación. Mantiene elementos simbólicos, recuerdos de su pasado surrelista.
  • El Cristo de San Juan de la Cruz, 1951, 205 x 116 cm., óleo sobre lienzo, Art gallery, Glasgow.
         Posiblemente el cuadro más famoso y difundido de Dalí. Curiosamente la posición del Cristo no es idea original del pintor, se basó en un cuadro conservado en el Monasterio de la Encarnación de Avíla realizado por San Juan de la Cruz.
    Pertenece a su época mística-clásica que comenzó en los años 40 y que ha sido criticada por numerosos entendidos acusándola de comercial. Realmente son pinturas con un domino absoluto del dibujo, muy trabajadas y con composiciones espléndidas. Picasso comentó en esta época de Dalí "...el último pintor renacentista que le queda al mundo..", una opinión que compartimos y valoramos.
    Además del Jesuscristo crucificado, incluye un paisaje de Port-Lligat tan dibujado y estudiado anteriormente, y un espacio casi infinito. El Cristo en sí esta incluido en una perspectiva basada en la Ley renacentista de la Divina Proporción. Esta situación, la eliminación de cualquier elemento dramático -sangre, heridas, dolor-, y la plasmación de la serenidad, hace que el Cristo proyecte su presencia sobre toda la tierra.
  • Galatea de las Esferas, 1952, 65,2 x 53,2 cm., óleo sobre lienzo, Fundación Gala Salvador Dalí , Figueras.
         En este cuadro Dalí intenta reflejar lo que anteriormente ya había escrito en su Manifiesto Místico: la vertiente espiritual -retrato místico de Gala- y la ciencia -las esferas- se combinan como orden general del Universo. Es una idea que le obsesiona y como tal pinta una y otra vez. Simplifica el fondo, básicamente es el mismo, pero solo hay cielo y mar eliminando cualquier otro elemento que complique la percepción del tema principal.
  • Crucifixión o Corpus Hipercubicus, 1954, 194.5 x 124 cm., óleo sobre lienzo, Metropolitan Museum, New York .
         Este cuadro es definido por Dalí como "un sensacional cuadro, un Cristo explosivo, nuclear e hipercúbico, un trabajo metafísico..." Sin duda es uno de los trabajos de su experimentación clásica trascendental más elaborados, el tratamiento de Gala expectante y sus ropas recuerda a Zurbarán o Murillo. La composición de la cruz, sus cubos, la posición del Cristo -desplazado para que la sombra se situe en el centro- y los demás elementos han suscitado discusiones sobre su intencionalidad. Lo único seguro es la fascinación de Dali por combinar la espiritualidad y la técnica expresada como geometría o matemáticas.
  • La Última Cena, 1955, 167 x 268 cm., óleo sobre lienzo, National Gallery of Art, Washington, D.C.
         La valía de dibujante de Dalí se hace patente en este cuadro realista con una técnica excepcional. Los elementos simbólicos-geométricos son evidentes, el escenario es un dodecaedro, esto es un elemento compuesto por doce pentagónos como el número de los apóstoles. La transparencia trancendental -divinidad- de Jesúcristo en contraposición de la sólida simetría de los apostoles, unida al tratamiento del tema, sin detalles y con una luz ardiente, hace de esta obra un ejemplo de composición mística. El Cristo con los brazos abiertos que corona el cuadro, posiblemente sea una referencia a la resurección.
  • Joven Virgen Autosodomizada por su Propia Castidad, 1955, óleo sobre lienzo, Playboy collection, Los Angeles.
         Dalí sorprende constantemente. Cuando parecía que su clasicismo místico llegaba a su cenit con La Crucifixión o La Última Cena, realiza esta incursión en su pasado lleno de obsesiones sexuales. Aparece otra vez el Dalí de espíritu surrealista de cuadros con simbolismos hasta en el título. Pero ya se había ganado a todo tipo de publico y crítica, siempre existía un cuadro que gustaba fuese cual fuese la personalidad del espectador.

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