ESPAÑA,
RUPTURA CON
LA FIGURACIÓN
 

 
  • Introducción:
     
         La Guera Civil Española y la incomunicación subsiguiente, producen un breve estancamiento en el progreso de los medios expresivos. En Madrid, Benjamín Palencia funda la Escuela de Vallecas, donde se integran los nuevos pintores que revolucionarán el criterio realista estético español mantenido desde Altamira.
     
          El Paso decisivo se dio en Barcelona, cuando por iniciativa de Tharrats, se funda el grupo Dau Set en 1945. La fecha de 1948 puede darse como el inicio de la no figuración. Antoni Tàpies es uno de los que más resalta.
     
         Antoni Tàpies es el que más ha influido en el devenir de la plástica española de la segunda mitad del siglo XX.
    Se interesa por la expresividad genuina de la materia a la que concede un papel preponderante en su obra y la comunicación de la misma. En su obra priman los ricos empastes de materiales diversos como polvo de mármol, óleos, colas... y texturas diversas de tejidos, cuerdas y cartón que producen inquietantes contrastes con superficies pulidas. Su obra evoca una mágica transcendencia.
     
         En su producción puede acudir al arte pobre, que consiste en sobrevalorar materiales míseros efímeros no considerados dignos de ser incorporados al ámbito artístico. El resultado de esta incorporación de los más variados objetos puede hacer de las composiciones de Tàpies esculturas en vez de pinturas.

        En Madrid, en 1948 se funda el grupo catalán El Paso, integrado por Canogar, Feito, Millares y Saura. El objetivo general es lograr el arte no imitativo.
     
         La pintura de Canogar es de gran dinamismo gestual, araña con sus propias manos, exprime la pasta pictórica y hace que vibre sobre los fondos planos. En su pintura el gesto proviene del corazón.
     
         Feito como buen abstracto elude lo formal para recrearse en aspectos matéricos extremadamente sutiles, casi como lacas. Incorpora trazos enormes que otorgan un noble gesto a sus composiciones.
     
         La obra de Antonio Saura puede entenderse a medio camino entre la abstracción y la figuración distorsionada. En su obra domina el contraste de sus enloquecidos trazos oscuros sobre los fondos claros.
     
         En Millares domina la exacerbación de lo textural. Agresivo, desgarrador, intenso amante de la materia y su valor expresivo. Arpilleras, escayolas, cuerdas, sacos, son elementos válidos para la expresión. Sus composiciones alcanzan gran relieve escultórico, como símbolo de su violencia emocional.
     
         Nuevos artistas se van incorporando al movimiento como Lucio Muñoz, Alejandro Mieres, Ceferino Moreno y Lucio Muñoz. España se incorporó tarde a la abstracción, pero lo hace con una fuerza titánica, rabiosa. El objetivo era el del estallido de las formas y la preponderancia del gesto manual. El gozo por la materia permite experimentar con múltiples procedimientos, técnicas y materiales, hasta entonces considerados "no pictóricos".
     

    Escrito por:
    Beatriz Aragonés Escobar.
    Licenciada en Historia del Arte


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