LAS VANGUARDIAS Y EL GRUPO DE 1927
 

 

Revista Grecia dirigida
por Isaac del Vando Villar

 
 
    1.-  Las vanguardias españolas son un reflejo de las europeas. De éstas, entusiasmó el Futurismo, de origen italiano, creado por F.T.Marinetti. Cantaba el progreso y exaltaba las máquinas. El manifiesto futurista quedó traducido al español en 1909 por Ramón Gómez de la Serna en la revista Prometeo.
 
   La presencia en España del chileno Vicente Huidobro (1893-1948) dio a conocer la poesía de Reverdy, Apollinaire o Mallarmé y estimuló a figuras, como el madrileño Guillermo de Torre (1900-1971), que recogió sus poemas en el libro Hélices (1923), y fue uno de los más agudos críticos literarios, o al sevillano Rafael Cansinos Asséns (1883-1964), que, en 1918 publicó el manifiesto Ultra. (Un año después aparecería en la revista Grecia).
 
   Esto dio lugar al movimiento ultraista, que supuso una apertura hacia nuevas tendencias, aunque no concretó sus objetivos.

 

Caligrama de Hélices (1923)
   Liberó la poesía de la lógica y de las ataduras formales, a través del caligrama, poema cuyos versos se disponen dibujando imágenes.
 
   Incluyó nombres como Jorge Luis Borges y atrajo a la gran mayoría de los poetas de esta época, aunque éstos rara vez ofrecieron una obra consistente, dentro de la vanguardia.
 
Su órgano de expresión fue, entre otras, la revista Ultra, de principios de los años 20.

Huidobro por Picasso
y Juan Gris

 
 

Juan Larrea en 1980
    2.-  Vicente Huidobro escribe en 1916:
 
¿Por qué cantáis la rosa? ¡Oh, poetas!
Hacedla florecer en el poema...
 
   Esto se consideró el manifiesto del movimiento creacionista, que junto al ultraísmo, representan los dos movimientos de vanguardia originales de la literatura española. De este propósito de recrear la realidad en la poesía participaron importantes poetas españoles, como el vasco Juan Larrea (1895-1980), admirador de Huidobro, que reúne su obra poética bajo el nombre de Versión Celeste.
 
   El libro incluye poemas en francés, como había hecho Huidobro en su Altazor, y fue publicado en edición bilingüe española e italiana en 1969. Al año siguiente se editó más corregida y depurada, y hoy es, con mucho, una de las experiencias más dignas de la vanguardia española.

Edición italiana bilingüe de Versión Celeste (1969)
    3.-  Amigo de Larrea fue el santanderino Gerardo Diego (1896-1987), que se inició en el creacionismo con Imagen (1922) o Manual de espumas (1924) y combinó a lo largo de su vida una difícil producción vanguardista con una más prolífica producción tradicional, como Soria (1923) o Cementerio Civil, ya en 1972.
 
   En 1932 publica su famosa antología Poesía española, que incluiría a los mejores poetas de su tiempo, precedidos de una breve presentación. Convencionalmente, se le incluye en el grupo poético de 1927.

Poesía española,
antología de G.Diego (1932)

Edición moderna de la
Antología rota (1947)
    4.-  Otros, aunque conocedores de la vanguardia, prefirieron diferentes formas de expresión. Es el caso de Felipe Camino García, conocido como León Felipe (1884-1968). Comienza con una línea tradicional, con libros como Versos y oraciones de caminante (1920 y 1929), de donde destaca su Autorretrato, para terminar en una poesía grandilocuente y profética, influida por autores como Nietzsche o Walt Whitman, en la que el verso libre permite una lírica ética y moral, representativa del exilio que el poeta sufrió hasta su muerte en México. Ganarás la luz (1943) y Oh, ese viejo y solo Violín (1968) son ejemplos de obras que se reflejarían en su Antología rota de 1947.
 
    5.-  Observaremos que la vanguardia española dio escasos frutos poéticos. Sin embargo, sus experiencias y ensayos -el poema en prosa, la greguería (humor + metáfora) o el haiku- abrieron camino a las siguientes generaciones, en concreto, al Grupo poético de 1927.
    6.-  Pedro Salinas (1891-1951) nació en Madrid y fue el mayor de los poetas de este grupo. En sus primeras obras Presagios (1924), Seguro azar (1929) y Fábula y Signo (1931) muestra una influencia ultraísta, mezcla de futurismo y dadaísmo, en poemas como 35 bujías a una bombilla o Underwood Girls a las teclas de una máquina de escribir.
 
   En las obras centrales de su producción, La voz a ti debida (1933) y Razón de amor (1936), leemos su vocación de interioridad psicologica, concretada en el tema amoroso de resonancias garcilasianas en el título y becquerianas en el tratamiento.
 
   El contemplado (1946), Todo más claro (1949) y Confianza (1955), escritos en su exilio en Estados Unidos, suman, a sus logros anteriores, el esencialismo definitivo de su poesía, leído en Juan Ramón Jiménez, en Platón o en su dolorosa experiencia de la guerra civil.

Primera edición de La voz a ti debida
    7.-  Gran amigo de Salinas fue el vallisoletano Jorge Guillén (1893-1984), que comienza su labor poética con Cántico (1928), donde expresa la perfección del mundo, en verso clásico y ajeno a la vanguardia. Con el mismo título, se aumentó en las reediciones de 1936, 1945 y 1950. A Guillén se le acusó de ser un poeta deshumanizado por alejarse de la problemática del hombre y por su abstracción y antirromanticismo. Sus poemas abundan en sustantivos abstractos y verbos con matiz intemporal. Su versión de El cementerio marino de Paul Valery contribuyó a esta imagen.
 
   A partir de los años 50, comienza la composición del libro Clamor (1957-1963), donde protesta ante la realidad social que le tocó vivir tras la guerra. No es una negación de Cántico, sino una antítesis en el más positivo de los sentidos.
 
   La síntesis llegaría con Homenaje (1967), culminación de su vida y obra. Posteriormente, añadiría Y otros poemas (1973) y Final (1982). Estos cinco libros se conocen como Aire Nuestro, siguiendo, aquí también, el ejemplo de Juan Ramón Jiménez, que denominó Obra a la totalidad de sus poesías.
 
    8.-  El sevillano Vicente Aleixandre (1898-1984) inicia su producción con Ámbito (1928).

Primera edición de
Espadas como labios
   Lo original de sus dos siguientes libros Espadas como labios (1932) y La destrucción o el amor (1935) es la presencia del surrealismo, que irrumpe en España en los años 30, cuando el ultraísmo va declinando. El surrealismo busca expresar las imágenes y sus relaciones, tal y como aparecen en el mundo de los sueños.
 
   Estas obras apuntan a una fuerza cósmica, que une opuestos entre sí: la destrucción, el amor y todos los símbolos que pueblan la etapa surrealista.
 
Utiliza el versículo, verso libre largo, y una retórica desbordada.
 
   La tendencia surrealista continúa con Pasión de la tierra (1935, aunque escrito a finales de los años 20).

Primera edición de
Pasión de la tierra

   Tras el duro paréntesis de la guerra, vuelve con Sombra del paraíso (1944) y con una tendencia que lo aproxima a la poesía social de los años 40, en obras como Nacimiento último (1953), o Historia del corazón (1954), para llegar, a través de otros títulos, a obras más reflexivas en sus Diálogos del conocimiento (1972). En 1977 recibió el Premio Nobel.

Portada del
Romancero gitano (1927)
    9.-  Es muy probable que los dos poetas españoles más emblemáticos del siglo XX sean Antonio Machado y Federico García Lorca (1898-1936). Nacido en Granada, fue fusilado en los primeros días de la Guerra Civil, lo que mitificó su nombre y no siempre benefició su poesía, de indiscutible calidad.
 
   Su Libro de poemas, de 1921, es una superación de sus primeras poesías, de corte modernista, al que seguirán las grandes obras de su primera etapa: Poema del cante jondo (1921), Canciones (hacia 1924) y las diferentes ediciones del Romancero gitano, concluidas en 1928. Esta primera época, a la que volveremos, viene marcada por el neopopularismo y el redescubrimiento erudito de cancioneros y romanceros.
 
   La segunda y última etapa de Lorca ofrece libros como Poeta en Nueva York, escrito entre 1929 y 1930, resultado de un viaje del poeta a esa ciudad. Su obra se cierra con Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, torero muerto en 1934, Seis poemas galegos, Sonetos, Sonetos del amor oscuro y Diván del Tamarit.

Dibujo del autor,
probablemente para
Poeta en Nueva York
   De estas últimas obras, la mayoría son póstumas y presenta grandes problemas textuales. No sabemos con certeza cómo las hubiera publicado su autor al darles su forma definitiva.
 
   Nunca le atrajo la edición final y consideró el texto impreso como una momificación del poema, que vivía mejor en forma oral. Incluso obras de la primera época, como las Suites, resultan difíciles de sistematizar.
 
   A esto se añade la posibilidad de que encontremos nuevos poemas, como sucedió con los Sonetos del amor oscuro, publicados en ABC en 1984.
 
   La temática de la poesía lorquiana se centra en el tema de la frustración, causada por los elementos más frecuentes de sus versos: la muerte, el tiempo, el amor -en cualquiera de sus modalidades- la esterilidad, o, incluso, las fuerzas telúricas que condicionan su arte.

Portada de una edición del
Romancero gitano, realizada
durante la guerra civil (1937)
   Lorca se enfrenta a todo esto con una actitud de primitivismo, a menudo, ingenuo. De ahí que se haya hablado de surrealismo en la segunda etapa de su poesía. Se pone en duda esta influencia, acaso sugerida por la compleja visión del mundo que ofrece el poeta.
 
   Lo que queda por encima de los intereses políticos partidistas es la defensa de la libertad que supone toda su obra. No olvidemos que ésta se completa con su producción dramática, a menudo, en verso, y con sus dibujos, partituras musicales y otras manifestaciones artísticas.
 
    10.- El gaditano Rafael Alberti (1902-1998) participa, en muchos aspectos, de la poesía de Lorca.

Primera edición de
Marinero en tierra
   Comienza su lírica neopopularista, de arte menor, con Marinero en tierra (1925), Premio Nacional de Lieratura, al que siguen La Amante (1926) y El alba del alhelí (1927). Recuerdan la nostalgia por el mar de la infancia y presentan rasgos infantiles y folclóricos
 
   Con Cal y Canto (1929) se aúna la vanguardia y el neogongorismo -el tercer centenario de la muerte de Góngora fue un revulsivo para nuestra poesía-, con nuevas formas métricas, como el Soneto. Fruto de una crisis personal es Sobre los ángeles (1929), que incorpora elementos del surrealismo. Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos es una incursión en la poesía de vanguardia, que recuerda, curiosamente, al ya lejano ultraísmo.
 
   Una tercera etapa de Alberti se rastrea hacia 1930, en Con los zapatos puestos tengo que morir. Es una poesía social y humanizada. Parte de su militancia en el Partido Comunista, que le pidió claridad en la expresión, de modo que su poesía fuese accesible a una mayoría de lectores. Culmina con la publicación de El poeta en la calle (1935).

Cubierta del autor para
una antología (1980)
de sus poemas anteriores a 1939
   La guerra civil rompió esta producción, que, desde el exilio ofrece una obra extensa y heterócilta, de la que permanece constante la nostalgia por España: Entre el clavel y la espada (1941), Pleamar (1944), Retornos de lo vivo lejano (1952), Baladas y canciones del Paraná (1954), hasta casi su muerte. El mar, desde Argentina, aparece como unión y separación a la vez, de lo que fue "su pueblo y su casa".
 
    11.-  El sevillano Luis Cernuda (1902-1963) fue discípulo de Pedro Salinas y el más joven del grupo del 27. Para muchos es el romántico del que la poesía española careció durante el siglo XIX.

Retrato del autor
   Su primer libro Perfil del aire (1927) obtuvo escaso éxito, cosa que no ocurriría con Égloga, Elegía, Oda (1928), de ecos clásicos o Un río, un amor (1929), de tono surrealista.
 
   Los placeres prohibidos (1931) logra expresar su rebelión social, su imagen de poeta maldito y su condición homosexual, para sublimar su situación. Continúa esta línea de la mano de Bécquer, en Donde habite el olvido (1934), o de otras manos, en Invocaciones (1936).
 
   Este año aparece La Realidad y el Deseo, título representativo de su obra y que irá incorporando los libros del poeta hasta su muerte.

Primera edición de
La Realidad y el Deseo
   Ocnos (1942-1963) es la primera muestra importante de poemario en prosa, que se continuará con Variaciones sobre un tema mexicano en 1952.
   Las Nubes (1943) refleja el dolor del exilio, tras la guerra civil. En Londres, Cernuda mejora su conocimiento de los poetas románticos ingleses, como Wordsworth o T.S.Elliot, que unirá al del alemán Hölderlin, a quien tradujo. Ahora logra un lenguaje directo y sencillo y refleja el monólogo de personajes, como en el poema Lázaro.
 
   Como quien espera el Alba (1947), Vivir sin estar viviendo (1944-49) y Con las horas contadas (1950-56) marcan el paso del exilio en Estados Unidos a su nueva patria en México, donde vivirá hasta el fin de sus días. Desolación de la Quimera (1956) es su último libro y, quizá, el mejor.
 
   En la poesía de Cernuda sorprende la proyección de su vida en su obra, con una coherencia tal que permite hablar de una autobiografía poética. Sus temas son, en cierto modo, una prolongación de los románticos: el tiempo, la muerte, la juventud perdida y, sobre todos, el deseo, la humanidad, Dios, etc.

Edición póstuma de
La Realidad y el Deseo

Primer número
de Litoral
    12.-  Otros poetas del grupo de 1927 son el madrileño Dámaso Alonso (1898-1990), poeta y profesor, a quien veremos en la siguiente página, ya que antes de 1939 sólo había publicado Poemas puros. Poemillas de la ciudad (1921), de corte modernista, aunque con temas religiosos y existenciales.
 
   Los malagueños Emilio Prados (1899-1962) y Manuel Altolaguirre (1905-1959) fundaron en 1926 la revista Litoral. El primero es autor de libros como Cuerpo perseguido, escrito antes de la guerra, pero no publicado hasta 1946. Destaca su actividad bélica revolucionaria. Después desarrolló una lírica personal muy lograda. El segundo recogió su poesía escrita hasta entonces en Las islas invitadas (1936). Fue amigo de Pedro Salinas y, especialmente de Luis Cernuda, que preparó una edición de sus Poesías completas en 1960.
    13.-  Miguel Hernández (1910-1942) es uno de los autores que mejor reflejan el giro literario hacia el compromiso social de principios de los años 30, tras recibir la influencia de Pablo Neruda, alma de la revista Caballo verde para la poesía. Junto a Federico García Lorca fue uno de los poetas que más sufrieron en el bando republicano, hasta su muerte en prisión, por una tuberculosis, descuidada por las autoridades que lo encarcelaron.
 
   Perito en lunas (1933) es su primer poemario. Contradice la imagen de pastor poco letrado que él mismo cultivó, al revelarnos influencias cultas -el conocimiento de Mallarmé o Rilke- y buenas relaciones con los poetas de su época, especialmente con su amigo Ramón Sijé, compañero del alma, muerto en 1935. Es este un libro hermético y difícil con octavas y otras estrofas de tono vanguardista y noegongorino.

Perito en lunas (1933)
   Una línea religiosa, algo confusa, se ve en El silbo vulnerado, hacia 1935, y mostrará un poeta nuevo con El rayo que no cesa (1936), que vuelve a la poesía clásica española. De esta obra destaca su Elegía a Ramón Sijé. Con Viento del pueblo (1937) llega el reflejo de la guerra, que se agudiza en los siguientes libros póstumos: Cancionero y romancero de ausencias (1938) y El hombre acecha (hacia 1939), que permaneció casi cuarenta años perdido.
 
   La obra de Miguel Hernández muestra una evolución desde un hermetismo de principiante, hacia una poesía esencialista, que trata los temas primarios: el amor, la muerte, la existencia como lucha, la pobreza y la libertad. Gran parte de su lírica está influida por Pablo Neruda, que le mostró algunos de estos registros. El hecho es que sus escritos presentan aspectos confusos que hacen de este poeta una figura contradictoria y de ciertos altibajos.
 

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología