LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI
 

El deleitoso con un
retrato de Timoneda


    1.-  Aunque nació y aprendió en el reinado del Emperador Carlos, el sevillano Lope de Rueda (¿1509?-1565) triunfó en tiempos de Felipe II. Fue actor -quizá intérprete del "gracioso"-, director o propietario de la empresa -entonces llamado "autor"- y autor de comedias -lo que se denominaba "poeta"-. En los años 50 representó para Felipe II, lo que prueba su formación erudita. Recopiló su obra Juan de Timoneda. Muchos autores, como Cervantes, Lope, o Agustín de Rojas lo recuerdan como padre del teatro español. Su dependencia respecto a la Commedia dell'arte italiana se ve hoy menos probable de lo que se pensaba.
 
   Sus pasos son pequeñas piezas dramáticas de carácter cómico y de origen probablemente medieval. Escritas en prosa, se intercalan, a veces, en sus comedias. El deleitoso (Valencia, 1567) recoge los siete más famosos, el último de los cuales es el célebre Paso de las aceitunas, llamado así por Moratín. Tres más se incluirán en el Registro de representantes (1570) y otros, en sus comedias.

Registro de representantes
   Estos pasos presentan personajes cómicos: el matón, el cornudo, el bobo... y conectan con un teatro popular, quizá perdido.
 
   De sus Comedias (1567) destaca la Eufemia en que esta dama recupera su honra maltratada, salvando la vida de su hermano y obteniendo un casamiento ventajoso. En la comedia Armelina, la dama de este nombre, con ayuda de Neptuno logra el matrimonio que desea. La presencia de este Dios extraña al espectador actual, pero desarrolló nuevas posibilidades teatrales.

Comedias de Timoneda
    2.-  Editor y amigo de Lope de Rueda fue el valenciano Joan Timoneda (¿1519?-1583), autor de tres comedias, adaptaciones de Plauto: Amphitrion, Los Menemnos y Cornelia (1559), y de numerosos autos. Se discute si son suyos los publicados en la Turiana (1564), que incluye entremeses y otras obras populares.

Obras de Jerónimo Bermúdez
   De estas fechas debe ser la Comedia de Sepúlveda que, tradicionalmente, se consideraba anterior.
 
    3.-  En 1577 se imprimen en Madrid las Primeras tragedias españolas por Antonio de Silva, sinónimo del lucense Jerónimo Bermúdez (1530-1606), dominico y opuesto a la política portuguesa de Felipe II. No eran las suyas las primeras tragedias españolas, pues en castellano las había escito Fernán Pérez de Oliva y en latín había publicado su Lucifer furens (1563) Pedro Pablo de Acevedo.
 
   Jerónimo Bermúdez publicaba ahora su Nise Lastimosa sobre la muerte de Inés de Castro y su Nise laureada con la venganza de Pedro de Portugal sobre quienes decidieron esa muerte. Aunque falta la huella de Séneca, introduce coros y buenos diálogos, frente a la pesadez de ciertos monólogos.

    4.-  De 1583 es la Primera parte de las tragedias y comedias del sevillano Juan de la Cueva (1543-1612). Se le asocia con un grupo sevillano, ya lejano a Lope de Rueda, pero próximo a Alonso de la Vega, Agustín Ortiz, Gutierre de Cetina -acaso el poeta- y dirigido por Juan de Mal Lara, prosista y autor dramático.
 
   Juan de la Cueva viajó a México, donde dejó huella como poeta, y vivió en Cuenca y Canarias.
   Se le considera el mejor dramaturgo de estos años por adoptar temas legendarios castellanos y romper con las reglas aristotélicas, según afirma en su Ejemplar poético, arte poética de hacia 1606 ó 1609 en tres epístolas. No distingue claramente la tragedia -como Los siete infantes de Lara- de la comedia -como La libertad de España por Bernardo del Carpio-, pero atraen sus diálogos ágiles y lo variado de su repertorio, que incluye temas grecolatinos.
 
   Su comedia más famosa es El infamador, que narra cómo la resistencia de Eliodora ante la prepotencia de Leucino, arropado por sirvientes y alcahuetas, causa la muerte de un criado de éste a manos de aquélla. La justicia, liberará a Eliodora, tras reconocer el crimen de Leucino, a quien entierran en vida junto a uno de sus criados. La presencia de dioses y personajes alegóricos, aunque aparatosa, no perjudica la acción dramática.
 
   Nada se sabe de una Segunda parte de las comedias y tragedias cuyos trámites acaso comenzó. Sus obras se representaron entre 1579 y 1581.

Retrato de
Juan de la Cueva

   Al nombre de nuestro autor deberíamos añadir una serie de trágicos españoles, que incluirían nombres como el del aragonés Lupercio Leonardo de Argensola (1559-1613), autor de Filis, Isabela y Alejandra, tres tragedias de corte senequista y cristiano, escritas entre 1580 y 1581.

Autógrafo de una obra
en prosa de
Lasso de la Vega
   El madrileño Gabriel Lobo Lasso de la Vega (1559-1625) publica en 1587 La honra de Dido restaurada y La tragedia de la destrucción de Constantinopla con más méritos literarios que dramáticos. No olvidemos que en estos años escribe Miguel de Cervantes su tragedia Numancia, como veremos.
 
    5.-  Como escuela poética valenciana conocemos a un grupo de autores de esa región que participan de la tragedia renacentista y evolucionan hacia una comedia de mayor éxito popular.
 
   Andrés Rey de Artieda (1544-1613) es recordado por Los amantes (1581), precedente de Los amantes de Teruel. En la dedicatoria de esta obra esboza una crítica de la tragedia de su tiempo y define la suya como aquélla en que "sólo hay un caballero y una dama", para anticipar la temática del teatro posterior. Además, escribió comedias como Los encantos de Merlín, etc.
   El Canónigo Francisco Agustín Tárrega (¿1544?-1602) fue conocido como creador de la Academia de los Nocturnos, famosa tertulia literaria. Cultivó el teatro histórico y la comedia de costumbres, como El Prado de Valencia, que representa los amores de Juan, celoso de un conde italiano, con su prima Laura, entre enredos y peripecias, con una extensión próxima a los 3.000 versos.
 
   Cristóbal de Virués (1550-1609) publica en sus Obras trágicas y líricas (1609) La gran Semíramis (1579), acerca de esta reina, asesinada por Zameis, su propio hijo, que venga así la muerte de su padre. Sigue con La cruel Casandra, Atila furioso y La infelice Marcela. También cultivó la comedia.
 
   Al margen ya del grupo valenciano, la Tragedia de San Hermenegildo (h.1590) señala la retirada de este género erudito y riguroso a los Colegios y Universidades, alejados del público de la calle.
   Aunque considerada la tragedia española renacentista como un fracaso, por sus escenas sangrientas, sus monólogos excesivos y su efectismo exagerado, se admite su importancia al añadir rigor formal al teatro para su evolución posterior.
 
    6.-  Continuación del teatro religioso de la primera mitad del siglo es el Códice de autos viejos, copiado en el último tercio del XVI. Contiene 96 obras anónimas, pese a los intentos de identificar autores. Sólo el Auto de Caín y Abel presenta el nombre del Maestro Jaime Ferruz. De una de las piezas se aclara que se representaría en Madrid, pero se cree que el Códice reflejaba la actividad de diferentes ciudades españolas.
 
   Títulos como Auto del destierro de Agar, de la destrucción de Jerusalén, del Sacramento de Adán, de la degollación de San Juan Bautista, etc. dan idea de su contenido.
 
   Pese a la gran cantidad de obras, quizá ninguna competiría con las de Sánchez de Badajoz, aunque siguen de cerca a este modelo.

Folio del
Códice de autos viejos
   De 1588 es un Auto de la confusión de san José, escrito por el toledano Juan de Quirós para Madrid. Fue prohibido por la Inquisición por su posible heterodoxia. Presenta personajes alegóricos: la Verdad y la Imaginación o folclóricos: una gitana.
 
   El llamado Manuscrito de 1590 transmite 11 autos similares a los del Códice de autos viejos.
 
   Estos datos reflejan una práctica teatral aún vigente un siglo después.

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología