EL TRIUNFO DEL TEATRO NEOCLÁSICO (1780-1800): LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN
 

 

Tomás de Iriarte

 
   En los años siguientes a 1780 el teatro neoclásico pudo triunfar sobre la comedia popular.

 
    1.-  Tomás de Iriarte (1750-1791) había nacido en el archipiélago canario y era sobrino del literato Juan de Iriarte.
 
    En 1770 publicaba Hacer que hacemos, sátira del hombre importante y ocupado, a la que seguiría La librería (1780). El conde de Aranda le anima a traducir a los dramaturgos franceses y, en 1787, aparece, en el tomo cuarto de sus obras, El señorito mimado, representado en 1788:
 
   Don Mariano, maleducado por su madre Dominga, pierde la mano de doña Flora, que se casará con don Fausto, al descubrir que Mariano es un vividor a quien explota doña Mónica, astuta tramposa. Don Cristóbal salva a su sobrino Mariano de la ruina a cambio de un correctivo ejemplar.

Obras de Iriarte, donde aparece El
señorito mimado
   Iriarte repetirá el modelo de esta comedia en La señorita malcriada, publicada en 1788 y representada en 1791. Doña Pepita pretende casarse con el falso Marqués de Fontecalda, que arruinó a la familia, como demuestra don Carlos. Doña Clara enmienda a Pepita internándola en un colegio. Don Eugenio renuncia a casarse con ella, por su pésima educación.
 
   Un año antes de morir escribió Iriarte El don de gentes o la habanera, publicada en 1805. Presenta un modelo femenino, que triunfa por su inteligencia y buenas costumbres.
 
   La comedia de Iriarte será fuente de inspiración para Leandro Fernández de Moratín.

Manuscrito de
El señorito mimado
    2.-  Se consideran dramaturgos populares los autores de un teatro efectista, heredero del barroco y de gran éxito en la segunda mitad de este siglo:
 
   Antonio Valladares de Sotomayor fue autor de Defensa de La Coruña por la heroica María Pita (1784), contemporánea de La más heroica piedad más noblemente pagada, el elector de Saxonia de Luis Moncín.
 
   Destaca sobre todos el catalán Luciano Francisco Comella (1751-1812). Pese a ser maltratado por Leandro F. Moratín, a causa de su comedia militar El sitio de Calés (1790), fue un afortunado dramaturgo y mejoró los dramas musicales. Mostró su formación ilustrada en obras como Federico II, rey de Prusia (1788) o Catalina II, emperatriz de Austria, etc.

Manuscrito de
La señorita malcriada
   A su paisano José Concha se debe El más heroico español, lustre de la antigüedad (1791) y al burgalés Gaspar Zavala y Zamora (1762-1812), comedias sentimentales como La Eumenia (1805), criticada por Mor de Fuentes (1762-1848) en su prólogo a La mujer varonil (1800).

Jovellanos visto por Goya
   El 17 de Marzo de 1788 una Real Cédula recuerda la prohibición de autos sacramentales y comedias de santos. Se hace extensiva a las comedias de magia y de absurdos... Aunque poco respetada, la Cédula era un golpe importante para este teatro popular.
   Al año siguiente se reedita la Poética de Luzán, ampliada por él o por otros autores.
 
    3.-  En 1790 redacta Gaspar Melchor de Jovellanos para la Academia de la Historia su Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas, y sobre su origen en España, corregido en 1796.
 
   Al final de su primera parte incluye una breve historia del teatro español y considera en su segunda parte las Academias dramáticas como diversión pública. Propone reformas en los textos, decorados, actores, música, acomodo del público, etc., financiados por los beneficios del propio teatro y dirigidos por el gobierno.

 
LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN

 
    4.-  Con todos estos precedentes surge la figura de Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) -Inarco Celenio entre los Árcades de Roma-, madrileño como su padre Nicolás. Unas viruelas sufridas a los cuatro años le hicieron tímido y reservado. Desde niño se aficionó al teatro y su amigo Juan Antonio Melón lo recuerda como un hábil imitador de personajes como Jovellanos, García de la Huerta o el propio rey Carlos III. Desde 1787 fue secretario del Conde de Cabarrús y dos años después toma órdenes menores para obtener un beneficio eclesiástico.
 
    4.a.-  El 22/5/1790 estrena El viejo y la niña, acaso inspirado en su propia experiencia. La comedia, en verso y tres actos, representa el disgusto de don Juan al ver a su Isabel engañada por su malvado tutor y casada con el viejo don Roque. Isabel elegirá terminar sus días en clausura, como la joven esposa de El celoso extremeño.

Leandro F. Moratín
retratado por Goya

Primera edición de
La comedia nueva (1792)
    4.b.-  El 7/2/1792 se estrena La comedia nueva o el café, en dos actos en prosa e impresa ese mismo año.
   Esta sátira ridiculiza la comedia heróica y alude indirectamente al dramaturgo Comella y a sus familiares y amigos.
 
   Don Eleuterio estrena la comedia heróica El gran cerco de Viena, que imaginamos por lecturas de diferentes personajes. Convencido de su futuro éxito, su autor imprime la obra y planea casar a su hija Mariquita con don Hermógenes.
 
   La ansiedad y un fallo en el reloj de este pedante les hacen llegar a tarde al fracaso estrepitoso de la comedia. Don Hermógenes los abandona, pero la familia se salva gracias a la filantropía de don Pedro, que ofrece un empleo a don Eleuterio sin burlarse de él, como su amigo don Antonio.

Escena de
La comedia nueva
   Desde el prólogo avisaba Moratín de su fin moral y de que "ofrece una pintura fiel del estado de nuestro teatro". Advierte del valor documental que tendría con el tiempo y refleja la situación de la escena en su época. La han aplaudido hasta hoy los estudiosos del teatro español.

Doña Inés y Doña Clara
en la representación de La mojigata (1981)
   Moratín viaja a Francia y, ante el Terror de la Revolución, marcha a Inglaterra, donde traduce Hamlet, publicado en 1798. De 1793 a 1796 visita Italia, donde destruiría una comedia llamada El tutor. Vuelve a España tres años después para dirigir una Junta de censura del Gobierno (1799) para la reforma del teatro, que fracasó en 1802 ante las protestas del Municipio y de los actores. Finalmente, se impuso un teatro más tradicional.
 
    4.c.-  Desde 1787 guardaba Leandro una zarzuela titulada El barón. Por las manipulaciones a que la someten diversas manos, su autor la estrena en 1803, en forma de comedia en dos actos: Isabel, enamorada de Leonardo, transige con su madre, que la obliga a atender a un falso barón, con quien pretende casarla. Don Pedro, tío de Isabel, y Leonardo descubren la impostura del barón, que huye dejando libres a los jóvenes amantes.
    4.d.-  Al año siguiente estrena Moratín La mojigata (19/5/1804), escrita desde 1791: la discreta doña Inés debe casarse con el figurón don Claudio. Doña Clara, hipócrita mojigata, finge una vocación religiosa, deshecha a los primeros requiebros de Claudio, que busca su dote. Dicha dote pasará a Inés, que la reparte con los novios.
 
   Leandro debió tomar elementos de la comedia de su padre, La petimetra, que él mismo había comentado desfavorablemente. La mojigata le traería problemas con la Inquisición.
 
    4.e.-  Su obra maestra fue, sin duda El sí de las niñas (24/1/1806), acaso refundición de su comedia perdida El tutor. Representa la renuncia del viejo don Diego a su matrimonio con la niña doña Francisca, al verla enamorada de su sobrino don Carlos.

Manuscrito autógrafo de
La mojigata
   Ataca la educación hipócrita de las damas en los conventos y los matrimonios desiguales entre ancianos y jovencitas. Subraya valores como la disciplina, la sinceridad, etc.

Primera edición de
El sí de las niñas
   La obra se imprimió en 1805 y fue la última de su autor, que en 1808 huye de Madrid, para volver en 1811 a ocuparse de la Biblioteca Real con José Bonaparte.
 
   Un año después acompañaría a Valencia al gobierno francés. Reside en Peñíscola, de donde viaja a Barcelona. Allí estrena en 1814 una de sus dos comedias traducidas de Molière: El médico a palos. La segunda fue La escuela de los maridos.
 
   Hasta 1820 vivió entre Francia e Italia. El Trienio Liberal le anima a regresar a Barcelona, de donde vuelve a Francia, con Manuel Silvela, por una epidemia de peste.
 
   Murió en París con sesenta y ocho años. En 1830 la Academia de la Historia publica entre sus obras los Orígenes del teatro español.

Escena de
El sí de las niñas
   Leandro Fernández de Moratín compuso una colección de comedias que respetaban las unidades de acción, lugar y tiempo y ofrecían modelos de verosimilitud y moral para la reforma social ilustrada.
    5.-  Nicasio Álvarez Cienfuegos (1764-1809) nació en Madrid y escribió cuatro tragedias: Idomeneo (1792), La condesa de Castilla (1798), La Zoraida (1798) y Pítaco (1800).
 
   La primera se ambienta en época clásica, mientras que las dos siguientes recrean leyendas españolas: la condesa traidora -ya tratada por Cadalso- y los amores de Zoraida, estorbados por Boabdil, rey de Granada. Ésta acaso sea su obra más interesante.
 
   Pítaco no se representó: trata del perdón que ofrece este rey griego a quienes intentaron matarlo, valiéndose de los sentimientos de su hija Safo, para arrebatarle el poder. Resuelto el conflicto, Pítaco renuncia al trono.
 
   Su comedia Las hermanas generosas se considera una obra menor.

Obras de Cienfuegos que incluyen Pítaco e Idomeneo
    6.-  A comienzos del siglo XIX se dan los primeros brotes de teatro prerromántico en autores como el madrileño Manuel José Quintana (1772-1857), autor de El duque de Viseo, estrenado en 1801. Trata del crimen de Enrique, que, creyendo haber asesinado a su hermano, el duque Eduardo, y la hija de éste, se enamora de ella sin reconocerla. El conde de Orén libera a la muchacha y provoca el suicidio de Enrique.

Quintana por
M. Fernández Carpio
   En 1805 estrena El Pelayo, de tema patriótico.
 
    7.-  La malagueña Rosa María Gálvez (1768-1806), amiga de Moratín, publica sus Obras poéticas (1804), donde incluye El egoista o tragedias como Florinda, ambientada en tiempos de don Pelayo. Blanca de Rossi es precedente del drama romántico.
 
    8.-  La realidad es que el teatro neoclásico no desterró la comedia popular. El siglo siguiente parece confirmarlo. Con todo, los dramaturgos españoles recibieron de los ilustrados una lección que no olvidarían. La comedia española aumentó su rigor formal y corrigió excesos que desaparecieron de los escenarios.

 

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología