LOS INICIOS DEL TEATRO NEOCLÁSICO (1750-1780)
 

 

Nicolás Fernández de Moratín

 
    1.-  Discípulo de Montiano y Luyando fue el madrileño Nicolás Fernández de Moratín (1737-1780) -Flumisbo Thermodonciaco, entre los Árcades de Roma- que, animado por su maestro, escribe una comedia según las -aceptadas como aristotélicas- unidades de tiempo, lugar y acción. Su tertulia en la Fonda de San Sebastián difundirá las ideas neoclásicas.
 
   De ellas nace La petimetra en 1762. Representa cómo el prudente don Félix conquista a la discreta doña María y permite que el falso don Damián cargue con la petimetra doña Jerónima, vacía de valores y de dote, después de haber competido ambos galanes por cada una de las damas.
 
   Leandro, hijo del autor, minusvaloró esta obra, inspirada en las comedias de Moreto o Calderón y falta de "fuerza cómica".
 
   Este mismo año publica Nicolás su primer Desengaño al teatro español: critica la comedia barroca por sus defectos morales y su escasa verosimilitud.

Diario manuscrito de
Nicolás Fernández de Moratín
   En 1763 aparece Lucrecia, tragedia nunca representada. Trata la violación de esta matrona por Tarquino, hijo del rey etrusco del mismo nombre. Esta tragedia en cinco actos se ajusta a los criterios de verosimilitud y a las unidades aristotélicas. Su autor supo identificarse con el mundo clásico.
 
   De este año es el segundo Desengaño al teatro español, contra los autos sacramentales. No disimula su intransigencia ante este género.
 
   Se desata la polémica: Moratín y Clavijo y Fajardo arremeten contra la comedia barroca con una actitud más agresiva que la de aristotélicos como Nipho o Romea y Tapia. Desde 1764 Nicolás publica en su periódico El poeta Sátiras literarias.

El poeta (1764)


Edición póstuma de Obras
de Nicolás F. Moratín
   Representa La Hormesinda (1770), hermana de don Pelayo que salva su honor de las mentiras del moro Munuza. En ella pudo reflejar la situación española. Aseguró el éxito de la obra la actriz María Ignacia Ibáñez. Guzmán el Bueno (1777), tragedia en tres actos, cierra su producción dramática.
 
    2.-  Aquel año de 1763 vieron la luz otras dos tragedias: Jahel, de tema bíblico, por el bibliotecario real Juan José López de Sedano (1729-1796), autor de una polémica antología poética: Parnaso español (1768-78).
 
   La segunda fue Necepsis, historia egipcia de Cándido María Trigueros (1736-1798), representada en 1787. Su autor, asiduo en la tertulia de Pablo de Olavide, trató temas griegos, nacionales o asiáticos: Los Bacanales (1767), Guzmán el Bueno, El cerco de Tarifa, Egilona y Viting, todas de 1768; Los Theseides (1775), La Electra (1781) e Ifigenia en Áulide (1788)...
   El mismo año de 1763 escribe la comedia El tacaño y en 1784, Los menestrales.
   Los ataques al teatro barroco triunfan con la prohibición de autos sacramentales y comedias de tema religioso en 1765, por considerarlos indecorosos.
 
   El Conde de Aranda (1719-1798) y el peruano Pablo Olavide (1725-1803), inician una campaña de estímulo del teatro neoclásico, como corresponde al despotismo ilustrado. Aranda llevó el teatro a los Reales Sitios desde 1767, y Olavide tradujo para la escena obras francesas, como la tragedia Hipermenestra o El desertor, junto a obras de Racine o Voltaire, a quien trató personalmente. Crearon escuelas de formación de actores.
 
   A esto se unen otras circunstancias, como la progresiva eliminación de entremeses entre los actos de la comedia desde 1770.

Ramón de la Cruz

Primer tomo de teatro
de Ramón de la Cruz
    3.-  Entre los autores que se sintieron aludidos por la crítica de los neoclásicos más exaltados se encontraría el madrileño Ramón de la Cruz (1731-1794) -Larisio Dianeo entre los Árcades-, autor de unos trescientos cincuenta sainetes estrenados desde 1757.
 
   El género derivaba del entremés barroco, ligeramente modificado: acentuaba el costumbrismo y la intención moral.
 
   Los sainetes de Ramón de la Cruz tratan temas diversos, con predominio de escenas castizas de tipos madrileños y lugares del Madrid en que se ambientan, como El Rastro por la mañana (1771), La pradera de San Isidro (1766
 
   En Manolo (1769) parodia la tragedia neoclásica y ridiculiza a autores como Moratín e Iriarte. En otras obras presenta sus sainetes como teatro para entretener, sin mayores aspiraciones.
   Ramón de la Cruz conocía bien el teatro francés y el italiano.

Manuscrito autógrafo de
Ramón de la Cruz
Adaptó obras de Racine, Molière, Marivaux o Metastasio y elaboró dos tragedias: Bayaceto (1769) y Religión, patria y honor triunfan del más ciego amor, cuyo título indica las profundas diferencias con el teatro neoclásico y su fracaso en la escena. La penuria económica de don Ramón pudo influir en su cultivo del sainete, género que, en principio, no debió atraerle.
 
   Entre 1786 y 1791 publica sus obras en diez volúmenes. Muere tres años después.
 
   Semejantes a los suyos son los sainetes del gaditano Juan Ignacio González del Castillo (1763-1800).

Manuscrito autógrafo de
Ramón de la Cruz

    4.-  El neoclasicismo había ganado terreno con amigos de Moratín, como José Cadalso Vázquez (1741-1782), autor de tres tragedias:
 
   Sancho García (1771), trata un tema heroico nacional: la grandeza moral de este infante ante su madre, condesa de Castilla, que, seducida por Almanzor, acepta eliminar a su propio hijo para ceder al moro el reino.

Primera mano del ms. de
Solaya o los circasianos
   Menos suerte tuvo Solaya y los circasianos (h.1770), no representada e inédita hasta 1982.
 
   Se ambienta al sur de Rusia y presenta el conflicto creado cuando los parientes de Solaya rechazan a Selin, ya que el padre de éste exige doncellas circasianas para su harén. Los amantes mueren a manos del padre y hermanos de Solaya.
 
   Una tercera tragedia de Cadalso, La Numantina, sigue perdida, aunque el título permita imaginar su contenido.

Segunda mano del ms. de
Solaya o los circasianos

Jovellanos visto por Goya
    5.-  Ya había asociado su nombre al teatro neoclásico el asturiano Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) con su Pelayo (1769), titulado posteriormente La muerte de Munuza (1782-90).
 
   Su obra más importante será la comedia lacrimosa El delincuente honrado (1774), en cinco actos y en prosa. Su protagonista, Torcuato, mata en duelo a un noble y, enamorado, se casa con su viuda. Cuando el juez Justo detiene a su amigo Anselmo, Torcuato lo salva entregándose. Mientras Anselmo logra el perdón real, Justo hallará en Torcuato al hijo olvidado en su juventud.
 
   El drama tuvo éxito y fue traducido a diversas lenguas.
    6.-  Un desconcertante autor de la tragedia dieciochesca fue el extremeño Vicente García de la Huerta (1734-1787). Archivero del duque de Alba y Real Bibliotecario, perteneció a numerosas academias. Su vida debió alterarse hacia 1766, y, desde entonces, participó en provocaciones, polémicas y ataques que ocasionan destierros y burlas como La Huerteida de Leandro F. Moratín.

Obras poéticas (1787),
donde aparece Raquel
   Su primer drama, Lisi desdeñosa (h.1765), estaría destinado a una representación particular.
 
   Desterrado en Orán de 1766 a 1777, representa Raquel en 1772 y, en 1778, en Madrid. Retomaba un tema histórico tradicional, tratado ya por Lope de Vega. Huerta mantuvo las tres jornadas del teatro barroco en versos endecasílabos, propios de la tragedia neoclásica. Su rigor formal y una probable alusión despectiva al ministro Esquilache la sitúan en una posición equidistante de la tradición y el neoclasicismo. Su autor despreció este movimiento, pese a escribir el Agamenón vengado (1778), adaptación de Sófocles y refundir en La fe triunfante del amor y cetro o Xaira (1784) el Zaïre de Voltaire.

Vicente García de la Huerta
   En Raquel presenta al rey Alfonso VIII enamorado de ella y sometido a sus confidentes judíos. Los nobles castellanos logran que el rey abandone a su concubina. Cuando éste la recupera, los nobles la hacen morir a manos del judío Rubén.

Numancia destruida (1775)
de López de Ayala
    7.-  Quien no dejaría duda sobre su vinculación al neoclasicismo fue el gaditano Ignacio López de Ayala (1747/50-1789), amigo de Nicolás F. Moratín y catedrático de poética.
 
   En la Fonda de San Sebastián leería su Numancia destruida (1775), tragedia en cinco actos y en endecasílabos sobre este episodio histórico.
 
   Recoge el momento en que los numantinos rechazan que las tropas romanas entreguen a Cayo Mancino Hostilio, con quien firmaron una paz que Roma ahora no reconoce. Al fracasar los amores de Yugurta con la numantina Olvia, los numantinos mueren luchando por su libertad.
 
   A López de Ayala debemos otra tragedia: Habides (s.a.).

 

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología