TEATRO DE LOS SIGLOS DE ORO
 


Incunable con las obras
latinas de Terencio

 
   Son varios los problemas que plantea el teatro español de los Siglos de oro. En primer lugar, una parte de la actividad dramatica queda ignorada para nosotros, no sólo por la pérdida de textos, sino porque, acaso no se escribiesen de forma convencional. Ciertas manifestaciones quedarían relegadas al ámbito de lo cotidiano y familiar, sin pretensiones de permanecer más allá de lo circunstancial.
 
   En segundo lugar, ignoramos qué obras serían representables y cuáles no. Sorprende leer que una égloga de Garcilaso de la Vega tuviese cabida dentro de lo dramático y cómo resultaría sobre un escenario.
 
   Sumamos a estas circunstancias las propias de la literatura del Siglo de Oro: escasísimas y no siempre fiables ediciones antiguas y modernas.

Docena parte de las Comedias de Lope de Vega
 

Manuscrito autógrafo de
El mágico prodigioso de Calderón
 

Edición de la Propalladia
de Torres Naharro
   A autores de primera fila, como Lope de Vega y Calderón, se atribuyen obras de ingenios menos conocidos, que, probablemente, aceptaron la usurpación por motivos económicos. Además, conservamos una inmensa nómina de autores de muy diferente calidad, mal catalogados y peor conocidos: casi tan frecuente como escribir versos fue el componer un pequeño sainete o pieza corta para el teatro, a la que no se dio ninguna trascendencia.
 
   La sociología y escenarios, desde los tablados desmontables a los corrales permanentes, se conoce mejor cuando ascendemos a las representaciones palaciegas de fines del siglo XVII, de las que conservamos textos, recibos de gastos y relaciones de escritores.
 
   Las impresiones de comedias en la época no siempre son fiables: los autores no participan sistemáticamente en las ediciones y los pocos escrúpulos editoriales son motivo de quejas.

 
   Se intenta devolver a cada autor su personalidad e importancia, y no juzgarle en función de su parecido con Lope de Vega o Calderón, deudores de sus predecesores y no a la inversa.
   Se procura mantener el orden cronológico y se tiene conciencia de haber suprimido nombres y títulos, inevitable injusticia. Los géneros a veces desprestigiados, como la tragedia, merecen un enfoque más actual y quizá se adaptan mejor a nuestros gustos que a los del siglo XIX. El lector tiene la palabra.


SIGLO XVI: RENACIMIENTO
CERVANTES
SIGLO XVII: BARROCO

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología