TEATRO ESPAÑOL CONTEMPORÁNEO SIGLO XX
 


Luces de Bohemia

 
   El siglo XX se inaugura en un clima de tensión entre un teatro comercial, retórico, simplón y mediocre, destinado a una burguesía acomodada a los usos más trillados del siglo anterior, y un teatro experimental, inquieto, vanguardista y difícil de representar.
 
   Los intentos por esta renovación son varios y no siempre clara la frontera entre un teatro y otro. Autores como Benavente participan de las dos tendencias: frente a obras conservadoras impulsa un teatro modernista, defiende el Teatro del Arte y ampara un Teatro para los Niños.
 
   Necesidades obvias fomentan la creación de teatros privados o semiprivados, como El Mirlo Blanco, ligado a los Baroja; El cántaro roto, a Valle-Inclán o El caracol, a Azorín. Estas iniciativas culminarían con el apoyo oficial al teatro clásico durante la Segunda República, con la fundación de La Barraca, dirigida por García Lorca, o con las iniciativas de Gallego Burín.

Edición de Mariana Pineda
en La Farsa (1928)
   También las publicaciones impresas jugaron un papel importante, con revistas literarias como La Farsa, La novela semanal o El teatro moderno, y culminarían en publicaciones como La Pluma, dirigida por Cipriano Rivas Cherif o Manuel Azaña.
 
   La Guerra Civil (1936-39) hará que muchos de nuestros dramaturgos interrumpan su trabajo.
 
   Frente a los autores que siguen el exilio, quienes permanecen en la Península realizan un teatro de evasión, carente de interés y proyectado sobre la comedia burguesa de dudoso humor.

Historia de una escalera

Edición deLa sangre y la ceniza
 

Cartel francés de El arquitecto
y el Emperador de Asiria

de Fernando Arrabal

   La renovación vendrá del drama social que, a menudo, choca con la censura. Las prohibiciones son causa de que otros dramaturgos abandonen el país circunstancialmente, como Alfonso Sastre, o casi definitivamente, como Fernando Arrabal, cuya actividad se distancia del teatro español. Los últimos años del franquismo dan lugar a un teatro independiente, reacio a la representación. Como en épocas anteriores, las revistas -Primer acto, Pipirijaina- y editoriales especializadas -Espiral, Antonio Machado- se encargan de difundirlo, ya que los escenarios no querrán ni podrán hacerlo.
 
   Cuando la crisis del teatro se plantea como un hecho alarmante en nuestros días, una generación vuelve al teatro más tradicional -teatro de autor-, mientras otros dramaturgos se encierran en salas minoritarias donde representan para un público restringido que, a menudo, no excede del ámbito familiar.
 
EL TEATRO HASTA 1936
EL TEATRO DESDE 1936

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología