LA PROSA NARRATIVA DE FICCIÓN EN TIEMPOS DE FELIPE III
 


Guzmán de Alfarache
(Amberes, 1681)

    0.-  En el reinado de Felipe III (1598-1621) culmina la ficción en prosa de los siglos de oro.
 
   Muchas obras tendrán como protagonista a un caminante -pícaro, peregrino o caballero andante-, viajero que presenta personajes en mesones, prisiones o casas de campo. Defiende, a menudo, la línea religiosa impuesta en el Concilio de Trento.
 
    1.-  El siglo XVI se cerró con una de las obras maestras de nuestra literatura: la Primera parte de Guzmán de Alfarache (1599), escrita por Mateo Alemán, nacido en Sevilla, en 1547. Este descendiente de conversos inspeccionó trabajos en las minas de Almadén, donde vio las miserias de los castigados.
 
   Vivió en Madrid, y allí publica su novela, que, siguiendo la Vida de Lazarillo de Tormes, marca el género de la novela picaresca y la narrativa del siglo XVII.

   La novela picaresca presenta un protagonista, cuyos padres son de clase social baja. Por necesidad y hambre sirve a varios amos y convive con delincuentes. Termina fracasado en prisión, galeras, etc.

Edición de 1599 de
Guzmán de Alfarache
   La primera parte de Guzmán de Alfarache se divide en tres libros, el primero de los cuales cuenta cómo este joven sevillano abandona a su madre, viuda, que convive con un hombre, para conocer mundo como pícaro, atributo que se adjudica desde el comienzo. Con un arriero recorre diversos mesones o ventas y sufre estafas y atropellos, semejantes a los que él intenta. El primer libro concluye con la historia morisca de Ozmín y Daraja, relatada por un clérigo. En el segundo libro llega Guzmán a Madrid, donde sirve como cocinero hasta ser despedido. Con dinero robado, huye a Toledo y pretende a una cortesana que le engaña. Pasa a Italia como soldado. En el tercer libro huye de Génova a Roma. Vive como mendigo hasta entrar al servicio de un cardenal, que, cansado de sus hurtos, lo despide. Se emplea con el embajador de Francia, con quien escucha la historia de Dorido y Clorinia, novela cortesana, con la que se cierra esta primera parte.
 
   Las reflexiones morales superan en extensión a los fragmentos narrativos. Tratan la condición humana: la honra, la riqueza, la apariencia, con tono bíblico y estoico.
   En 1602 el valenciano Juan Martí publica, bajo el nombre de Mateo Luxán de Sayavedra una Segunda parte del Guzmán de Alfarache, que Alemán debió despreciar.

dición pirata de
Guzmán de Alfarache
   Nuestro autor dará a la imprenta una Vida de San Antonio de Padua (1604) y, a finales de ese año, la segunda parte de su obra picaresca, que ya desarrolla el subtítulo insinuado en los preliminares de la primera parte: Atalaya de la vida humana.
 
   En la segunda parte Guzmán sirve al embajador francés y toda Roma celebra sus gracias y picardías. Éstas terminan por hacerle huir, en compañía de un sujeto llamado Sayavedra, que le roba su equipaje. Debe aceptarlo como criado y recorre con él Siena, Florencia, Milán y Génova, donde vive de estafas y del juego hasta dar en la cárcel. Finalmente, embarca de vuelta a España.

Edición milanesa (1603) de Guzmán de Alfarache

   En una tormenta enloquece su criado Sayavedra que se arroja al mar. El capitán del barco distrae a los pasajeros con una novela leída. En Zaragoza sufre Guzmán las burlas de una dama y vuelve a Madrid, donde contrae matrimonio con la hija de un comerciante que le arruina. Queda viudo. Marcha a Alcalá de Henares a estudiar teología, pero se vuelve a casar con una joven, que le mantiene de lo que gana acostándose con otros hombres. En Sevilla visitan a la madre de nuestro protagonista, cuya mujer le abandona por otro. Sus trampas llevan a Guzmán a remar en galeras, donde medita su arrepentimiento y descubre el intento de sublevación del galeote Soto, ganando la simpatía de sus amos. La obra concluye prometiendo tercera parte.
 
   Su autor embarca en 1608 para América, tras varios intentos. Allí aparece su Ortografía castellana (México, 1609). En 1615 vivía en Chalco y nada más se supo de él.
 
    2.-  La primera imitación del Guzmán, continuadora de la novela picaresca, se escribió en 1604 y permaneció inédita hasta 1974: es El guitón Honofre, de Gregorio González.

Probable retrato de
Gregorio González


Folio manuscrito de
El guitón Honofre
   Honofre, huérfano y harto de soportar a una vieja ama, va a servir a un sacristán, cuyos estudiantes se vengan de él en un episodio de coprofagía, paralelo a otro del Guzmán de Alfarache. A solas con su amo, actúa de tercero en una aventura amorosa de la que saca provecho, aunque abandona al sacristán.
 
   Sirve a Diego, estudiante de quien huye por no soportar sus devociones y penitencias. Tras una serie de hurtos con sus compañeros, vuelve con su amo, que le perdona. Vende en Valladolid los pollos que quita a unos teatinos de Salamanca. Roba y estafa, hasta dar con sus huesos en la cárcel, de donde escapa falsificando documentos y sobornando funcionarios. Concluye su vida como religioso, insinuando poca sinceridad en su conversión.
 
   El guitón Honofre rebajará la parte moral que caracterizaba al género.

Folio manuscrito de
El guitón Honofre
    3.-  El Libro de entretenimiento de la Pícara Justina aparece en 1605. Su autor parece ser el toledano Francisco López de Úbeda, médico descendiente de conversos y conocedor de las tierras leonesas.
 
   La obra comprende cuatro libros y una introducción jocosa. El primero, la pícara montañesa, parodia los orígenes nobles de la protagonista, para narrar que Justina fue hija de mesoneros y lo que aprendió hasta la muerte de sus padres.

Portada de
La Pícara Justina
   En el libro segundo, en tres partes, Justina es la pícara romera. Rechaza pretendientes, viaja y describe León, burla médicos y ayuda a infelices como ella. En el libro tercero, la pícara pleitista defiende la hacienda contra sus hermanos, heredando de una morisca. En el libro cuarto, la pícara novia elige marido y permanece virgen tras las bodas. Concluye la obra prometiendo segunda parte y dando plan para ésta.
 
   La moral del libro viene subrayada por suplementos a cada capítulo, llamados aprovechamientos. Que su autor tuvo una amplia cultura humanística se ve por los versos del principio de cada capítulo, algunos de los cuales están redactados en latín macarrónico, con juegos de palabras ingeniosos.

Grabado de
La Pícara Justina

Manuscrito de El Buscón
    4.-  Entre 1604 y 1605 se escriben obras que cambiarían el aspecto de la literatura.
   La Vida del aragonés Jerónimo de Pasamonte, proyectada hacia Nápoles, y plagada de episodios grotescos, se redacta hacia 1603, aunque queda inédita hasta 1922. Inaugura las autobiografías de soldados, truculentas y efectistas, y Cervantes la ridiculiza en su obra maestra, citándola junto a Lazarillo de Tormes.
 
   También de estas fechas será la primitiva redacción de El Buscón de Quevedo, cumbre de la narrativa picaresca, que no se imprime hasta 1626.
 
   La edición en 1604 de El peregrino en su patria de Lope de Vega no sólo era un caso más de novela bizantina o de aventuras, sino un buen ejemplo del carácter misceláneo de la novelística posterior, al mezclar novela, poesía y teatro.

El peregrino en su patria
   Nunca será ocioso recordar que en 1605 se publica El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
 
   Tampoco la tradición celestinesca estaba olvidada, como recuerda el madrileño Alonso Gerónimo de Salas Barbadillo (1581-1635), autor de La hija de Celestina (1612), que, distanciada ya de Fernando de Rojas, satiriza las costumbres de la capital. Su última novela, Don Diego de noche (1624) conecta con el mundo de la picaresca.
 
   Antes de su edición de 1613, había difundido Cervantes Rinconete y Cortadillo, dudosa como narración picaresca, pero influyente en obras posteriores. Por fin, aparece en 1615 El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha.

Edición milanesa de 1616 de La hija de Celestina
    5.-  El rondeño Vicente Espinel (1550-1624) fue guitarrista, poeta y autor de las tres Relaciones de la vida del Escudero Marcos de Obregón, (Madrid, 1618).
 
   Narra in medias res los servicios que este escudero presta a un médico, cuya mujer le es infiel con un joven guitarrista. Lo abandona y cuenta su vida a un ermitaño. Refiere sus años de estudiante en Salamanca, entre bromas y picardías. Visita Andalucía y Cantabria y se instala finalmente en Valladolid al servicio del Conde de Lemos.

Primera edición de Marcos de Obregón
   De camino a Italia es cautivado por piratas musulmanes, aunque su amo lo libera. Conoce Italia y vuelve a Madrid. Tras varias peripecias servirá al médico con que comenzó su relato. Reencuentra a este antiguo amo, que en América perdió su mujer, a la que encuentra ahora sorprendentemente. Al acabar la lluvia que entretenía a Marcos en compañía del ermitaño, termina la obra.
 
   Su acción se sitúa en la década de 1580, por alusiones a acontecimientos. Mantiene un claro tono moralizante e incluye narraciones intercaladas, pese a lo cual, y a sus referencias a pícaros, no es una novela picaresca, acaso por lo amable de sus relatos o lo autobiográfico de detalles, como la gota del protagonista y autor, o la afición por la guitarra, de la que se dijo, infundadamente, que perfeccionó Espinel, añadiéndole una quinta cuerda.
    6.-  En 1619, en París, aparece La desordenada codicia de los bienes ajenos, firmada por Carlos García, aragonés, nacido hacia 1580 y residente en Francia después de 1630.
   Narra cómo el autor, encarcelado, escucha el relato de Andrés, liberado de un severo castigo, y su elogio del latrocinio: ajusticiados sus padres para bien del hijo, éste vive del robo y entra en una casa privada oculto en un baúl.
 
   Condenado a galeras, estafa al capitán y al mayordomo, prometiéndoles, por artes de encantamiento, ciertas mujeres. Le engaña una prostituta y cuenta el robo que le tiene ahora en prisión. Enumera las normas que rigen las cofradías de pícaros y delincuentes.
 
   En esta misma ciudad aparece en 1620 una Segunda Parte de la vida de Lazarillo de Tormes, de Juan de Luna.
 
   Algunas de estas obras, alejadas ya del Guzmán de Alfarache, también se alejan del género de la picaresca.

Primera edición de Guía y avisos de forasteros
    7.-  Pero la narrativa de esta época se enriquece con obras y autores muy diversos, de los que recordamos a Antonio Liñán y Verdugo -oscuro nombre bajo el que pudo ocultarse Fray Alonso Remón-, autor de una Guía y avisos de forasteros (Madrid, 1620), que mezcla novelas con moralidades sobre los males de la Corte.

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología