LOS COMIENZOS DEL SIGLO XVIII
 

Obras de Gabriel Álvarez de Toledo editadas por Torres, 1744

    1.-  Aunque existen diferentes enfoques y opiniones diversas, la poesía del primer tercio del siglo XVIII, continúa las tendencias de finales del anterior. La huella de Góngora es palpable en numerosos autores que imitan aún su estilo y su técnica.
 
   Esta corriente se llama generalmente posbarroca y se observa todavía a mediados del siglo XVIII.
 
   Entre los poetas más nombrados debe recordarse, en primer lugar, al sevillano Gabriel Álvarez de Toledo (1662-1714), por sus sonetos en la línea de Quevedo.
 
Sus poesías fueron editadas en 1744 por alguien que merece figurar en este epígrafe, Diego Torres Villarroel (1694-1770).

Eugenio Gerardo Lobo
En segundo lugar, al toledano Eugenio Gerardo Lobo (1679-1750), autor de una poesía festiva y desenfadada, en verso de arte menor. Publicó por primera vez sus obras en 1713.
 
    2.-  Pronto leeremos una poesía nueva. Participa de la anterior, pero muestra un gusto por lo minucioso y lo delicado.
 
   Se impregna ésta de un erotismo tenue y un hedonismo manifiesto: es la poesía rococó.
   Con ella estamos ante un tipo de poesía ilustrada de una época que algunos autores consideran neoclásica, nombre que nosotros reservamos aquí para otra corriente.

   Citaremos a Alonso Verdugo Castilla, Conde de Torrepalma, (Jaén, 1706-1767), fundador de la Real Academia Española y de la Academia de la Historia. Destacó en la poesía de tema mitológico y clásico.
 
   Amigo suyo fue el sacerdote granadino José Antonio Porcel (1715-1794), miembro de las mismas academias, que cultivó igualmente la fábula mitológica, aún heredera de la tradición gongorina y garcilasiana.
 
   Con todo, es necesario recordar que gran parte de esta poesía rococó es obra de poetas ilustrados, que cultivarán géneros más progresistas que la anacreóntica.

Manuscrito del Adonis (h.1741)
de José Antonio Porcel


La Poética de Luzán, 1737
    3.-  La Poética (1737) del aragonés Ignacio de Luzán (1702-1754), debe citarse como uno de los textos que más influyó sobre la poesía ilustrada de su época.
 
   Aunque escrita en prosa, establece una serie de principios para encauzar la literatura posterior en verso: sencillez en la forma, frente a las exuberancias posbarrocas; elevación estilística sin excesos ornamentales; utilidad de los temas tratados, etc. Luzán seguirá los principios horacianos del Arte poética y propondrá una primera reforma de la poesía española, inspirada, aunque no anclada, en las modas francesas que dominan este siglo.
 
   Su práctica poética no está, sin embargo, a la altura de su teórica. Escribió poemas épicos y alegóricos que, pese a mostrar un nuevo enfoque del tema, no ofrecieron modelos de verdadero interés a las generaciones posteriores.

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología