 La Regenta (Barcelona, 1884) |
Entre las conquistas más importantes de esta época figura la consideración de la literatura como materia autónoma, dentro del corpus de estudios tradicionales. Las Universidades no están siempre a la altura de las circunstancias, pero colaboran en la historia. Los autores del siglo XVIII se esforzarán por encontrar y clasificar obras literarias castellanas para integrarlas en planes de estudios posteriores.
Consecuencia de estas alteraciones será la confusión de géneros literarios. Establecer los límites de la novela, inicialmente entre la épica y la sátira, fue, desde sus orígenes, un problema. Apenas resuelto, nuevas variaciones complican su esencia, hasta llegar a nuestros días, en que se entrecruzan el ensayo, el cuento, la poesía y la prosa en un mestizaje intelectual, propio de finales del siglo XX.
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Acaso como consecuencia de la democratización cultural, aparecen, desde comienzos del siglo XVIII, revistas literarias de muy diversa orientación, que presentan, con frecuencia, proyectos concretados en libros posteriores.
Si existen señas de identidad de lo español, las encontraremos en el siglo XIX, inaugurado con una guerra civil y minado de desequilibrios políticos. Abundan las polémicas en torno a la literatura española, entre tradición y modernidad, lo nacional y lo europeo. La importancia de la política desarrolla una retórica, generalmente más efectista que racional. La libertad de imprenta queda suprimida o no, en función de los gobiernos que se sucedan.
Las lenguas españolas reclaman su lugar en la cultura hispánica en diferente medida: el catalán logra un segundo lugar, después del castellano. |
 Galdós al final de sus días |
Las instituciones favorecen el desarrollo de las letras: Academias, Ateneos, Bibliotecas, tertulias, premios literarios, el reducido precio de los libros, la reducción del analfabetismo -de un 95% a un 70% a lo largo del siglo-, la edición de diarios con suplementos literarios, los folletines...
La prensa periódica mantiene su prestigio con revistas como El Europeo y El Vapor, junto El Artista, El Siglo, No me olvides o el Semanario Pintoresco Español.
El desarrollo del empirismo cambió los planteamientos literarios. Es la época del Realismo y del Naturalismo, frenados por un renacimiento del Espiritualismo y por el Regeneracionismo de final de siglo.
El siglo XIX inicia la Edad de Plata, que concluye bien entrado el siglo XX. Convenciones cronológicas -y un penoso respeto a la rutina crítica- obligan a cortar el desarrollo de este proceso. Se cierran estas páginas con autores nacidos antes de 1860 -con una única excepción-, excluyendo obras de quienes, dándose a conocer antes de 1900, perfeccionan su labor bien entrada la siguiente centuria.
| EL SIGLO XVIII |
| EL SIGLO XIX |
D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología
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