PROSA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA
 


 

Noches lúgubres

 
   El año 1700 marcó un profundo cambio en la cultura española, subrayado por una guerra y por una nueva dinastía real, hasta el punto de que la historia de España puede dividirse en dos etapas, partidas por esta fecha.
 
   El siglo XVIII desemboca en una guerra antifrancesa, pero también civil, ya que dividió a España en dos bandos que se enfrentarán constantemente hasta la Guerra de 1936 y hasta nuestros días.
 
Desde 1700, las diferencias en la vida cultural española se harán sentir paulatinamente:
 
   La más profunda fue la ruptura con la tradición latina y el acercamiento irregular al mundo griego. El estudio de la cultura clásica choca con la recomendación, típicamente ilustrada, de aprender lenguas vivas, como el inglés y el francés, y no prolongar el interés por una Antigüedad que se considera agonizante.

Melchor Gaspar de Jovellanos
   Esto implica postergar las Autoridades clásicas para instaurar, en su lugar, el imperio de la Razón y de la Experimentación, cuyos excesos criticarán los artistas y bohemios del siglo XIX. El abandono de la religión católica dará paso a movimientos nihilistas y existenciales.
 
   La literatura refleja los cambios sociales: pierde su espíritu aristocrático para asumir formas populares. Se critica la monarquía, que ya no será un orden impuesto por Dios.
 
   Nuevos lectores se incorporan al mundo del libro: mujeres y obreros serán receptores de este producto, que intenta mejorar la educación de la población española.

Historia de los templos de España
   Una oposición artística entre la burguesía -adulta y económicamente acomodada- y la bohemia -joven, inquieta e innovadora- será constante de los siglos XIX y XX y definirá la producción literaria.

 

La Regenta
(Barcelona, 1884)
   Entre las conquistas más importantes de esta época figura la consideración de la literatura como materia autónoma, dentro del corpus de estudios tradicionales. Las Universidades no están siempre a la altura de las circunstancias, pero colaboran en la historia. Los autores del siglo XVIII se esforzarán por encontrar y clasificar obras literarias castellanas para integrarlas en planes de estudios posteriores.
 
   Consecuencia de estas alteraciones será la confusión de géneros literarios. Establecer los límites de la novela, inicialmente entre la épica y la sátira, fue, desde sus orígenes, un problema. Apenas resuelto, nuevas variaciones complican su esencia, hasta llegar a nuestros días, en que se entrecruzan el ensayo, el cuento, la poesía y la prosa en un mestizaje intelectual, propio de finales del siglo XX.
   Acaso como consecuencia de la democratización cultural, aparecen, desde comienzos del siglo XVIII, revistas literarias de muy diversa orientación, que presentan, con frecuencia, proyectos concretados en libros posteriores.
 
   Si existen señas de identidad de lo español, las encontraremos en el siglo XIX, inaugurado con una guerra civil y minado de desequilibrios políticos. Abundan las polémicas en torno a la literatura española, entre tradición y modernidad, lo nacional y lo europeo. La importancia de la política desarrolla una retórica, generalmente más efectista que racional. La libertad de imprenta queda suprimida o no, en función de los gobiernos que se sucedan.
 
   Las lenguas españolas reclaman su lugar en la cultura hispánica en diferente medida: el catalán logra un segundo lugar, después del castellano.

Galdós al final de sus días
   Las instituciones favorecen el desarrollo de las letras: Academias, Ateneos, Bibliotecas, tertulias, premios literarios, el reducido precio de los libros, la reducción del analfabetismo -de un 95% a un 70% a lo largo del siglo-, la edición de diarios con suplementos literarios, los folletines...

 
   La prensa periódica mantiene su prestigio con revistas como El Europeo y El Vapor, junto El Artista, El Siglo, No me olvides o el Semanario Pintoresco Español.
 
   El desarrollo del empirismo cambió los planteamientos literarios. Es la época del Realismo y del Naturalismo, frenados por un renacimiento del Espiritualismo y por el Regeneracionismo de final de siglo.
 
   El siglo XIX inicia la Edad de Plata, que concluye bien entrado el siglo XX. Convenciones cronológicas -y un penoso respeto a la rutina crítica- obligan a cortar el desarrollo de este proceso. Se cierran estas páginas con autores nacidos antes de 1860 -con una única excepción-, excluyendo obras de quienes, dándose a conocer antes de 1900, perfeccionan su labor bien entrada la siguiente centuria.
EL SIGLO XVIII
EL SIGLO XIX

 

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología