 Antología de Carlos Bousoño | La corriente religiosa y existencial en que situamos a Blas de Otero, se tiñe de un tono metafísico en la obra de poetas como el valenciano Vicente Gaos (1919-1980), autor de Arcángel de mi noche (1944) o el asturiano Carlos Bousoño (1923). José María Valverde (1926) se asocia a una poesía arraigada en el cristianismo. Su libro Hombre de dios (1945) muestra inquietudes religiosas y entronca con la lírica de San Juan de la Cruz, cuyo centenario -ya se ha dicho- afectó a toda la poesía posterior a 1942.   8.- El guipuzcoano Rafael Múgica firmó sus mejores obras como Gabriel Celaya (1911-1991). Aunque comienza su poesía antes de la guerra, libros como Las cosas como son (1949) y Las cartas boca arriba (1951) lo asociaron a una poesía social, de expresión directa y prosaica, que culminaría en Cantos iberos (1955), quizá su obra más expresiva. Reunió una antología en 1975: Itinerario poético. |  Itinerario poético por Gabriel Celaya | 9.- Una renovación poética se estaba anunciando a fines de los años 40.  Antología de Carlos Edmundo de Ory | Como recuerdo de los movimientos de vanguardia de principios de siglo, aparece el postismo. Su manfiesto aparece en diarios, como ABC, en 1945. Respaldado por Eduardo Chicharro y el gaditano Carlos Edmundo de Ory (1923), el nombre se forma sobre la preposición latina post -'después'- e indica que es el último movimiento de la vanguardia española. En líneas generales, coinciden con ésta en sus caracteres: poesía como juego, arte por el arte, creaciones lingüísticas, morfosintácticas, etc. Pese a no ser una poesía comprometida, chocó con la censura franquista.   En una segunda etapa, incluyó nombres, como Ángel Crespo (1926-1997), nacido en Ciudad Real.   Una revisión del surrealismo se lleva a cabo en la muy original poesía del aragonés Miguel Labordeta (1921-1969). La fantasía es la nota predominante de su obra, calificada de heterodoxa por su hermano, poeta y cantautor José Antonio Labordeta. Sumido 25 (1948) se considera una de ls cumbres de Miguel. La visión surrealista se asocia con la preocupación social y comprometida. | Esta línea neosurrealista fue cultivada por el gallego Camilo José Cela (1916), en su libro, de título gongorino, Pisando la dudosa luz del día (1945).   Pero el autor más importante de esta corriente fue el barcelonés Juan Eduardo Cirlot (1916-1973). Interesado por las vanguardias y el surrealismo, Cirlot fue más allá, al buscar en el subconsciente los signos y claves de la personalidad. Para ello tomó elementos del simbolismo, que, enseguida, quedaron integrados en una vasta cultura más amplia de lo habitual en su época. Después de Elegía sumeria (1949) llegará a escribir casi cincuenta obras, desde 1943, algunas de ellas publicadas póstumamente. |  Primer volumen de Poesías completas de Miguel Labordeta |  Reedición de la Revista Cántico | La revista cordobesa Cántico (1947-49 y 1954-57), dirigida por el grupo de poetas del mismo nombre, mostró una voluntad de conectar con el pasado inmediato: grupo del 27, y con el más remoto, especialmente, con Góngora y con la poesía de Córdoba.   Pablo García Baena (1923) nació en esa ciudad y se le ha valorado como un precursor por las generaciones poéticas más jóvenes. A su especial sensibilidad, añade un toque de sensualidad gongorino e incluye la temática religiosa de los ritos y las procesiones. En 1946 publica Rumor oculto. Su fama ha ido en aumento hasta hacerle merecedor del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1984.   Compañeros suyos de grupo y movimiento fueron Ricardo Molina (1917-1969), que buscó una línea trascendente en libros como Corimbo (1949), o Juan Bernier. | 10.- La Antología consultada de la joven poesía española (1952), editada por Francisco Ribes, marca el final de una escuela poética. Aunque continúe la poesía social, los nuevos autores cambian.  Cubierta de Las personas del verbo | Los años 50 y 60 presentan una generación que prefiere la poesía como conocimiento, frente a la poesía como comunicación, que había orientado los años anteriores.   Entre los escritores de esta corriente, se distingue una escuela poética de Barcelona, representada por Jaime Gil de Biedma (1929-1990), que recopiló la casi totalidad de su poesía en el volumen Las personas del verbo (1975). Destacan en él sus análisis de situaciones cotidianas y sus deudas con poetas como Luis Cernuda. La crítica social o personal se acompaña de un entrañable sentido del humor y un conocimiento de la tradición poética española y anglosajona. Con él escribieron José Agustín Goytisolo (1928-1999), poeta de la sencillez y la cordialidad y Carlos Barral (1928-1989), que también analizaron las situaciones individuales sin descuidar la forma poética. El segundo destacó como editor de prestigio. Fuera de Barcelona encontramos al ovetense Ángel González (1925), autor de una poesía de base social, recopilada en Palabra sobre palabra (última ed. de 1986), influida por Antonio Machado. José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926), enriquece su lírica con una reflexión sobre el paso del tiempo Francisco Brines (Valencia, 1932) brilla por su capacidad de extraer conclusiones desde la anécdota. A partir de motivos aparentemente frívolos desemboca en meditaciones sobre la muerte. En su línea destaca Carlos Sahagún (Alicante, 1938) |  Carlos Barral |  Introducción a Ángel González |  Material memoria (1979) | El zamorano Claudio Rodríguez (1934-) exalta el mundo rural y la armonía de la comunidad con tono eufórico desde su poemario inicial Don de la ebriedad (1954), compuesto de endecasílabos y heptasílabos de inspiración machadiana. Félix Grande, extremeño nacido en 1937, ha sabido unir la pasión y la sencillez, añadiendo un toque experimental en libros como Blanco spirituals (1967). Nacido en Orense, José Ángel Valente (1929-2000) representa, probablemente, el punto de inflexión entre esta poesía social y la siguiente promoción: la de los novísimos.D.Miguel Pérez Rosado. Doctor en Filología |