PARDO BAZÁN, "CLARÍN", PALACIO VALDÉS, OTROS AUTORES
 




Marcelino Menéndez Pelayo

    A.-  Discípulo de Milá i Fontanals fue el polígrafo santanderino Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912), catedrático de literatura española en la Universidad de Madrid y director de la Biblioteca Nacional desde 1898. Estudió la cultura española con criterio católico y conservador, enfrentándose a varios pensadores españoles.
 
   Se dio a conocer con Horacio en España (1877). En 1880 ingresa en la R.A.E. Su historia de los heterodoxos españoles (1881-82) trató el protestantismo español.
 
   Escribe la Historia de las ideas estéticas en España (1883-1891) al ganar la cátedra de Literatura Española de la Universidad Central (1878). Tras una introducción a la estética clásica, estudia autores hispanos -como Séneca-, hispanogodos, hispanoárabes, medievales -especialmente Ramon Llull-, neoplatónicos del Renacimiento y preceptistas del XVII. Una segunda sección trata la estética del XVII. El último tercio de la obra, aproximadamente, se dedica al XIX. Incluye en apéndices textos curiosos.
 
   Su Bibliografía hispanolatina clásica (1902) es fuente de repertorios actuales, y sus Orígenes de la novela (1905-1910), con importantes reediciones, son, aún hoy, básicos.
 
   Francisco Rodríguez Marín (1855-1943) centró sus estudios sobre temas cervantinos.

   La historiografía decimonónica cuenta con las figuras del jurista Eduardo Hinojosa (1852-1919), el arabista Francisco Codera Zaidín (1836-1917), Paz y Melia (1842-1927) o Rubió i Lluch (1856-1936), medievalista catalán.
 

Emile Zola por Manet (h.1886)
   Mención especial merece el aragonés Joaquín Costa (1844-1911) por sus estudios literarios -Poesía popular española- o sociales -Oligarquía y caciquismo y Crisis política de España- con su célebre frase: "Doble llave al sepulcro del Cid".
 
    B.-  La década de los 80 supone la implantación en España del naturalismo, movimiento de origen francés que ve la sociedad como un organismo. Sus enfermedades se detectan mediante la observación y obedecen a la herencia genética, al determinismo ambiental y a la educación. El escándalo que produjo se relaciona con las descripciones de ambientes sórdidos: prostitución, alcoholismo, delincuencia y bajos fondos.
 
   A principios de los años 80 se leerán en castellano tres novelas del parisino Emilio Zola (1840-1902) y otras obras afines al naturalismo: La desheredada (1881) de Galdós, Un viaje de novios (1881) y La cuestión palpitante (1881) de Emilia Pardo Bazán, escritos Del Naturalismo (1882) por "Clarín" y conferencias en el Ateneo de Madrid.
   Desde 1886 se distingue un naturalismo espiritualista, inspirada en novelistas rusos -como Dostoievski o Tolstoi- y próxima al catolicismo. Otro naturalismo radical, de carácter científico, sigue a Zola.
 
   El Espiritualismo, marcado por Resurrección (1899) de Tolstoi (1828-1910) coincide con una recuperación de los deprimidos valores hispánicos, llamada Regeneracionismo.

 
NATURALISMO ESPIRITUAL:
 1.-  EMILIA PARDO BAZÁN (1851-1921)

 
   Nació en La Coruña, de familia aristocrática. Viajó por Europa.
 
   Su ideología oscila entre una defensa del naturalismo, por unir ciencia y arte, y un catolicismo próximo al carlismo que la hizo defensora del arte por el arte. Sus últimas novelas incluyen elementos simbolistas.
 
   Un viaje de novios (1881) desarrolla un matrimonio impuesto a la novia por su padre. Refleja el naturalismo y presenta ecos de Schopenhauer.
 
   La defensa del Naturalismo se dio en sus artículos de La cuestión palpitante (1882-83). Aunque prefirió los valores psicológicos en literatura, defendió la estética de este movimiento. Contribuyó a la causa feminista y soportó incompresiones y enemistades por proponer la plenitud amorosa y erótica como modo de realización personal.

Emilia Pardo Bazán
   Se considera La Tribuna (1883) la primera novela española del proletariado: Tribuna es el apodo de Amparo, bella defensora de los trabajadores. Durante la revolución de 1868, trabaja en la fábrica de tabacos de La Coruña. La seduce Baltasar, capitán sin ideología, que, dejándola embarazada, acepta la mano de Josefa, rica y mediocre dama de su clase social. Amparo es madre el día que se proclama la República.

Los Pazos de Ulloa (1886)
   En Los Pazos de Ulloa (1886) narra la llegada del capellán Julián a casa de don Pedro Moscoso, brutal terrateniente arruinado y dominado por su criado -Primitivo-, de cuya hija -Sabel- tiene un niño -Perucho- desatendido. Julián convence a don Pedro para casarse con Nucha, de quien se cansa por darle sucesión femenina. Recupera su salvajismo inicial. Unas elecciones mal amañadas por Primitivo causan el asesinato de éste, cuando acechaba una escena íntima de Nucha y Julián. Ella muere de tristeza y Julián abandona los Pazos.
 
   Esta obra maestra presentaba el descenso a los infiernos de Julián: el resto era una imagen de Galicia.
   Continúa en Madre Naturaleza (1887): Gabriel Pardo, comandante del ejército, llega a los Pazos para casarse con su sobrina Manuela, hija de Nucha. La ve enamorada de su hermanastro Perucho, que desconoce el parentesco de ambos. Al descubrirlo, Gabriel conmueve a la familia: Perucho marcha a Madrid, destrozado; Manuela ingresa en un convento; don Pedro se siente derrotado y Gabriel fracasa. Choca, incluso, con Julián, cura de Ulloa. La moral convencional vence a la moral natural.
 
   Sobre la liberación femenina trata Insolación (1889), idilio de la aristócrata gallega Francisca de Asís Taboada y el simpático andaluz Diego Pacheco, al margen de la moral social, hostil a la mujer. Observador y víctima será Gabriel Pardo, herido por su fracaso sentimental. Los amantes se despiden y prometen mantener su amor.

Madre Naturaleza

La condesa con Alfonso XIII
   La vinculación del gallego a su tierra se refleja en Morriña (1889) con el suicidio de la frustrada Esclavitud.
 
   El espiritualismo ruso se nota en Una cristiana y La prueba (1890), otra vez sobre el matrimonio impuesto. La pena de muerte preside La piedra angular (1891) y lo autobiográfico reaparece con Doña Milagros (1894) y Memorias de un solterón (1896). Novelas menores son El saludo de las brujas y El tesoro de Gastón (1897).
   En su prefacio a Cuentos de amor, de Marineda, antiguos... (1898) Emilia se declara autora de más de cuatrocientos cuentos, publicados en diversas revistas desde 1865. Subraya el impacto inmediato de este género en la forma de imaginarlo, su efecto en el lector y su proliferación a finales de siglo.
 
   Se centran en Galicia y en torno a motivos religiosos (Navidad, Reyes, Carnaval...) o patrióticos. Una minoría refleja asuntos amorosos, psicológicos, dramáticos o fantásticos, como Afra, sobre la muerte, consecuencia de una velada rivalidad amorosa entre dos mujeres.
   Novelas menores serán El niño de Guzmán (1899) o Misterio (1903).
 
   Un cambio de técnica llega con La Quimera (1905), novela compleja, tejida sobre claves biográficas y culturales, próxima al simbolismo: el pintor Silvio Lago llega de Buenos Aires a Galicia, para estudiar en Madrid, donde trata a la vizcondesa Clara Ayamonte. Ésta profesa en un convento de Ávila. En París, Espina Porcel, morfinómana, encarna la autodestrucción. Silvio busca el idealismo y rechaza la copia mimética: busca una Quimera imposible. Exhausto, muere en Galicia como hombre para vivir como artista. La novela rebosa digresiones culturales sobre Wagner, Nietzsche, Flaubert, los prerrafaelitas...
 
   Perfecciona la novela intelectual en La Sirena Negra (1908): Gaspar de Montenegro reflexiona sobre la muerte al fallecer la niña Rita. Pretende hacerse "padre" de su sobrino Rafael y evita el matrimonio con Camila. Al abusar de Miss Annie, provoca un duelo con Desiderio Solís, en el que muere, accidentalmente, Rafael. Visiones nietzscheanas completan las reflexiones de Gaspar.

Carta de la Pardo Bazán a Unamuno
   Dulce dueño (1911) cierra su novelística.
 2.-  LEOPOLDO ALAS: "CLARÍN" (1852-1901)

 
   "Me nacieron en Zamora". Leopoldo Alas se instaló a los siete años en Oviedo.

Leopoldo Alas
   En 1868 redactaba su propio periódico, Juan Ruiz (1868-69), del que conservamos cincuenta números de 16 páginas, con poemas, artículos de crítica y breves relatos que perfilan un autor brillante. Su primer cuento será Estilicón (1876).
 
   Marcha en 1871 a Madrid, donde se doctora en Leyes (1878), bajo la dirección de Giner de los Ríos. Cursa Filosofía y Letras.
 
   Solos de Clarín (1881) es una miscelánea de artículos: un Cronicón, según su autor. Entre sátiras y críticas cáusticas, leemos atinados juicios sobre sus contemporáneos y algún relato breve, como El Diablo en Semana Santa, esbozo de la tentación de una juez y un magistral, que cierra el volumen.

Juan Ruiz, 45
   La vida de Alas se reparte entre la familia, el periodismo, la creación literaria y, desde 1883, la cátedra de Derecho en Oviedo. Pese a su exaltación liberal, fue amigo de Menéndez Pelayo y de correligionarios como Galdós o Valera.
 
   A comienzos de los años 80 escribe cuentos que publica posteriormente.

Cubierta de la primera edición de La Regenta
   La Regenta (1884) es la obra maestra de "Clarín" y, acaso, de todo el siglo XIX. Sigue el naturalismo, pero, ante todo, canta la tragedia del Romanticismo pisoteado.
 
   Según su autor, se inspira en las leyes de la realidad, de la que la novela será mimésis. Su acción será sencilla y sus personajes, carentes de valor simbólico, se expresarán en estilo indirecto libre.
 
   Relata la seducción de Ana Ozores, joven esposa del anciano y distraído ex-regente Víctor Quintanar. Esta huérfana, educada por un padre descuidado, siente un vacío afectivo y sexual, alterado por la presencia del Magistral Fermín del Pas. Éste vive con una madre avara y dominante. Ana reconoce su debilidad por Álvaro Mesía, donjuán provinciano rodeado de personajes mediocres que alivian su hastío en el Casino o en torno a la frívola tertulia de la Marquesa de Vegallana, donde asiste la coqueta Obdulia.

Manuscrito de La Regenta

Autógrafo de La Regenta

Autógrafo de La Regenta
   La segunda parte refleja los celos del Magistral y de Álvaro. Una representación de Don Juan Tenorio el día de Difuntos enfrenta a Fermín con Ana, que enferma de los nervios.
 
   Tras una breve ausencia, Mesía se reconcilia con el ateo Pompeyo Guimarán. A la vez traba amistad con Quintanar para aproximarse a su esposa. Ana reanuda su devoción, sometiéndose al Magistral, mientras su marido la distrae. La Regenta se humilla en la procesión de Viernes Santo, azotándose ante el pueblo que la envidia y la desprecia. En el campo, Álvaro la convence para iniciar relaciones en casa de ésta. Petra, criada de Ana, atrae al Magistral para que su madre conozca la infidelidad de Ana. Víctor muere en duelo con Mesía. Cuando, años después, Ana busque consuelo en la Iglesia, el Magistral sólo le ofrecerá desprecio.
 
   "Clarín" admiraba a Gustave Flaubert, y lo imitó sin reservas; pero, mientras Mme. Bovary condena la frivolidad de su protagonista, Ana Ozores está pintada con ternura y comprensión: es la víctima inadaptada de una sociedad estúpida y mediocre.

La Regenta con prólogo de Galdós (1900)
   La primera mitad de La Regenta se desarrolla en tres días; la segunda en tres años.
 
   Hacia 1885 sufre "Clarín" una crisis física y nerviosa. Desoye los consejos de disminuir su ritmo de trabajo y se emplea en escribir textos dispersos: Juanito Reseco, Su único hijo, Speraindeo, Una medianía, Corriente, Palomares...

Pipá
   Pipá (1886) es el primero en ver la luz: recoge relatos anteriores a 1884 y recibe su título del principal: Pipá (1879), golfillo muerto en una taberna incendiada, después de disfrutar de una fiesta de disfraces, entre la imagen de Dios y el alcohol, ante la indiferencia general. Incluye Las dos cajas, donde Ventura Rodríguez entierra, junto a su hijo, su violín roto. Ofrece también la novela corta Avecilla, del mediocre funcionario Casto Avecilla, que invita al teatro a su mujer y a su hija Pepa. El matrimonio se avergüenza de invitar a su hija a semejante función. Aquiles Zurita, personaje grotesco y ridículo, es un infeliz estudiante de metafísica krausista, que se consuela, ya viejo, con una cátedra y con las comidas y bebidas de su patrona.
 
   Folletos literarios (1886-91) consta de 8 series de crítica literaria.
   Su único hijo (1890), última gran novela, plasma la mediocridad de Bonifacio Reyes, escribano de Diego Valcárcel, casado con su insufrible hija Emma. La llegada de una compañía de ópera le permite coquetear con la tiple Serafina Gorgheggi y evadirse de su penuria económica. Emma recibe lecciones del barítono valenciano Manguetti. Se irrita al saberse embarazada, mientras goza el pusilánime Bonis. Al bautizar a su hijo, la Gorgheggi le sugiere que el niño es hijo de Manguetti...
 
   "Clarín" preparaba una continuación de esta novela: Una medianía con Antonio Reyes, hijo de Emma y Bonis, en Madrid, hastiado de la política, la filosofía y la vida en general... Otro proyecto sin concluir sería Cuesta abajo.

Su único hijo

Doña Berta, etc.
   Doña Berta, Cuervo, Superchería (1892) son tres novelas cortas, la primera de las cuales trata el viaje a Madrid de la vieja aldeana doña Berta, en busca de un retrato de su hijo fallecido, realizado por un amigo. La duda sobre la autenticidad del cuadro la absorbe y un tranvía remata su vida.
 
   El Señor y lo demás son cuentos (1892) incluye ¡Adiós, "Cordera"!, que expresa el dolor de Pinín y Rosa, al separarse de su querida vaca "Cordera", compañera de juegos, para llevarla al matadero. Otro relato es Benedictino, cruel variante de Caín -Joaquín- y Abel. Las dos hijas de éste quedan solteras, pese a las ilusiones del padre. Al morir éste, Caín seduce a la más hermosa. El Señor da título al volumen y trata la pasión de un sacerdote y una devota, con matices más sencillos que La Regenta.

Manuscrito de
¡Adiós "Cordera"!
   Palique(1893) es una colección de artículos satíricos breves, humorísticos e incisivos.

Cuentos morales
   Cuentos morales (1896) presenta El dúo de la tos, historia de dos enfermos que se comunican tosiendo, hasta el fin de sus vidas. Incluye La conversión de "Chiripa", humilde indigente que sólo en la Iglesia encuentra quien atienda sus miserias; La "Reina Margarita" (1895) introduce marginados del mundo teatral. El "Quin" (1895), perro aristocrático degradado hasta ser ignorado por su último amo, aumenta el volumen.
 
   El gallo de Sócrates (1901) presenta El rey Baltasar, historia de Baltasar Miajas, funcionario despedido por aceptar dinero para comprar un regalo a su hijo. El entierro de la sardina describe, en la semiborrachera de un día de Carnaval, al pedagogo Celso Arteaga encendiendo en Cecilia Pla una chispa que no cultivará después, por timidez o distracción. Dos sabios retoma el motivo, frecuente en "Clarín", de la envidia entre doctos pedantes.
 
   Doctor Sutilis (1916) será obra póstuma.
   A las frecuentes neuralgias de "Clarín", se suma un agravamiento de la tuberculosis intestinal que acabó con su vida a los 49 años.
 
   Su obra literaria es un canto al dolor del marginado, del que sufre y del oprimido por la indiferencia y brutalidad humanas, impregnado de ética y de pedagogía próximo al krausismo.
 
 
 3.-  ARMANDO PALACIO VALDÉS (1853-1938)

 
  Nació en Asturias y estudió en el Instituto de Oviedo, donde fue amigo de "Clarín". En 1870 estudia Leyes en Madrid y publica sus primeras letras. Se le llamó convencional y pequeño-burgués, con poca justicia y propiedad, por su catolicismo reformista, definido desde finales del siglo XIX.
   Comienza publicando Los oradores del Ateneo (1878), Los novelistas españoles (1878), el Nuevo viaje al Parnaso. Los novelistas contemporáneos (1879).
 
   El señorito Octavio (1881), su primera novela, lo alinea entre los naturalistas españoles.
 
   En colaboración con Clarín escribe La literatura de 1881 (1882).
 
   Marta y María (1883) es su segunda novela, seguida por El idilio de un enfermo (1884)

Palacio Valdés por Rafael Moreno
   Su novela José (1885) lo aproxima al costumbrismo: trata del amor entre este marinero y Elisa, hija de la codiciosa maestra del pueblo que impide el matrimonio entre ambos. La lancha de José aparece destruida, pero el aristócrata arruinado Fernando de Meiras deposita a Elisa en una casa del pueblo para que decida su futuro. La pareja se reúne cuando José sobrevive a una tempestad.
 
   Le siguen Riverita (1886) y Maximina (1887), que expresaban una amarga experiencia vital de su autor.
 
   El cuarto poder (1888) critica la mediocridad política y La hermana San Sulpicio (1889), éxito arrollador, narra la seducción de Gloria que será monja, llamándose San Sulpicio.

La espuma (1890)
   La Espuma (1890) presenta la decadente aristocracia madrileña: sus amoríos, fiestas y lujos estériles: Clementina, hija ilegítima del duque Antonio de Salabert, esposa de Tomás Osorio, abandona a su amante Pepe Castro, encaprichada del ingenuo Raimundo Alcázar. Su padre compra al Estado las minas de Riosa. Los jóvenes viven entre fiestas y matrimonios de conveniencia, cambios de amantes y frustraciones. Tras un buen negocio, Salabert invita a los nobles a sus minas: se inmutan levemente al conocer las miserias del obrero. Al morir la madrastra de Clementina, ella deja a Raimundo para prosperar con un amante más influyente.
 
   La fe (1892) y El maestrante (1893) cierran la etapa naturalista de La espuma.
 
   Una crisis espiritual marca El origen del pensamiento (1893), Los majos de Cadíz (1896) y La alegría del capitán Ribot (1899)
   La aldea perdida (1903) presenta recuerdos infantiles de 1860 a 1870 en la Arcadia que fue la Asturias de su niñez.
 
   Tristán o el pesimismo (1906) presenta dos matrimonios aristocráticos madrileños: el de Elena y Germán y el de Clara y Tristán. Elena será infiel: su marido la abandona. Tristán es negativo al estilo de Schopenhauer, pese a su éxito social, y mortifica a su esposa. Celoso del Marqués del Lago, lo mata en duelo. Los remordimientos empeoran su humor; Clara lo abandona y reconcilia a Elena con Germán, que no duda en perdonarla y ser feliz con ella.
 
   Entre sus siguientes novelas, Papeles del doctor Angélico (1911), Seducción (1914), La guerra injusta (1917), La novela de un novelista (1921), aparecen sus cuentos, publicados desde Aguas fuertes (1884).

La aldea perdida

 
 4.-  LUIS COLOMA (1851-1915) Y OTROS PROSISTAS

 

Luis Coloma
    4.1.-  Luis Coloma nació en Jerez de la Frontera. Estudió Derecho en Sevilla y conoció su aristocracia. Un accidente con un arma de fuego cambió su trayectoria y lo animó a ingresar entre los jesuitas.
 
   Tras sus primeras narraciones en El Mensajero del Corazón de Jesús, hacia 1884, apareció Pequeñeces (1890-91), en esta misma revista.
 
   En sus cuatro libros presenta a la aristocracia madrileña en torno a Currita, condesa de Albornoz, esposa del torpe Fernando, marqués de Villamelón y madre de dos hijos, desatendidos por sus padres. Su frivolidad la hace amante de varios nobles durante la monarquía de Amadeo de Saboya y responsable de la muerte de Juanito Velarde.

 
   Con la República -segundo libro- vemos a la colonia española en París, en torno al simple y afeminado tío Frasquito, anhelando la Restauración borbónica. Currita ama a Jacobo Téllez, marqués de Sabadell, marido de su prima y aventurero, que huye de Constantinopla y de la Masonería, en busca de dinero.
 
   En Madrid, -libro tercero- el general Pavía cede el poder a Serrano. El marqués de Butrón forma una Junta central de señoras de la corte para integrar distintas tendencias políticas. No logra evitar el roce entre las mujeres.
 
   La condesa de Albornoz -libro cuarto- visita a su hijo en el Colegio de Loyola en Guipúzcoa, donde un sacerdote le reprocha su impiedad.
   La marquesa de Villasis inicia una tertulia que eclipsa la de Currita; Alfonso, rey de España, recibe a la aristocracia. La Masonería persigue a Jacobo, que deja celosa a Currita. Ésta intercepta un mensaje: es una trampa en la que muere Sabadell. A Currita la rechaza su propia hija, Lilí. La marquesa busca la paz con la Iglesia, pero es despreciada. Su hijo, Paquito Luján, pelea con Alfonso Téllez por alusiones a los escándalos de su madre. Se reconcilian, pero mueren ahogados. A Currita sólo la respetará la desdichada marquesa de Sabadell.
 
   El escándalo de Pequeñeces, maravilla del esperpento y del folletín, orientó a nuestro autor hacia una literatura pedagógica, donde destaca Boy (1895-6), incompleta, y Jeromín (1902), biografía de Juan de Austria. Escribe cuentos infantiles, como Porrita, compónte o Pelusa, de carácter moral.

Pelusa por Luis Coloma

Jacinto Octavio Picón
    4.2.-  El madrileño Jacinto Octavio Picón (1852-1923) fue pintor y periodista. En sus novelas -iniciadas con Lázaro (1882)- trató el tema amoroso, desde La hijastra del amor (1884) o La honrada (1890).
 
   Su obra cumbre, Dulce y sabrosa (1891), la protagoniza don Juan de Todellas, que seduce y abandona a la actriz Cristeta. Ésta, deshonrada, deja la casa y estanco de sus tíos y finge ser casada y madre de un niño. Don Juan, fracasando en sus nuevos enredos, se rinde incondicionalmente a Cristeta, que lo premia como amante sin castigarlo como marido.
 
   Destaca por sus cuentos. Su ideología y temática lo aproxima a Juan Valera.

Lázaro de
Jacinto Octavio Picón
    4.3.-  José Ortega Munilla (1856-1922) nació en Cuba y comenzó su carrera literaria desde la novela sentimental posromántica. Agrupó sus novelas de 1879 a 1884 con el nombre de Relaciones contemporáneas. Desde los años 80 escribió novela realista. Se adhiere al naturalismo, con El fondo del tonel (1881-84).
 
   Cleopatra Pérez (1884), querida del duque de Ripamilán, tiene un hijo suyo: Valentín, abandonado y adoptado por un el matrimonio Rubín. Al morir el duque, lega a su hijo una fortuna, por lo que Valentín vuelve con su madre. Las circunstancias oscurecen esta paternidad y Cleopatra reniega por segunda vez de su hijo, que muere de tristeza.
 
 
 5.-  NATURALISMO RADICAL

 
    5.1.-  El naturalismo radical, fiel a Zola, tiene su mentor en Eduardo López Bago (1853-1931), nacido en Aranjuez. Se inicia en las letras con Los amores. Obra entretenida (1876) y destaca con tetralogías como La Prostituta (1884), La pálida (1884) La Buscona (1885) y La Querida (1885). Sigue con Los asesinos (h.1886), El cura y La monja (h.1885-86), El preso (1888)... hasta Carne importada (1891), que refleja su experiencia de emigrante en Argentina.

Eduardo López Bago
   El separatista (La Habana, 1895) presenta al neurasténico Lico Godínez, hijo de un revolucionario cubano. Rompe con su padre y con Soledad Valiente, a la que amó. Reconquistarla supone nuevo enfrentamiento con su padre, independentista, y un duelo con Pepe Martín, del que ambos salen heridos. Las circunstancias descreditan la Revolución: Lico se reconcilia con su padre y ambos ven en Martínez Campos y en el amor a España la moderación y sensatez que necesita Cuba.
 
   Los acontecimientos posteriores anularían la continuación que planeaba López Bago: falló en su prefiguración de la historia, pero reflejó un punto de vista original.

El Separatista (1895)

Alejandro Sawa
    5.2.-  Aunque nacido ya en la década de los sesenta, el malagueño Alejandro Sawa (1862-1909) fue amigo de López Vago. Como naturalista escribió La mujer de todo el mundo (1885), sobre la frivolidad que llevó a la condesa del Zarzal a arruinar las vidas de los suyos y a pagarlo con la propia. Escribió Criadero de curas o Micromegas (1888). Iluminaciones en la sombra son las memorias póstumas de quien murió ciego y loco.
    5.3.-  Sorprende el vallisoletano Rafael Vega Armentero (1852-1893). Escribe La ralea de la aristocracia (1886), Doble adulterio (1887) y La Venus granadina (1888).
 
   ¿Loco o delincuente? (1890) plantea el asesinato de su esposa, Cecilia Ritter. En una primera parte refleja su situación:
 
   Adriana, profesora de piano y esposa del narrador, Carlos, tiene de amante a Enrique Vitorini, y siembra en sus tres hijos el odio al padre. Lo internar en un manicomio, del que sale libre por su lucidez. Comprueba que su mujer pretende hundirlo. En un arrebato, en la calle, Carlos dispara sobre Adriana y se entrega. Pese a que algunos consideran justificada su acción, se le condena a cadena perpetua.
 
   Remigio escribió su novela en la Cárcel Modelo de Madrid y falleció en el Penal de Ceuta.

¿Loco o delincuente? (1890)
    5.4.-  De la abrumadora lista de autores de esta época, podemos rescatar a Ricardo Macías Picavea (1847-1899), autor de La Tierra de Campos (1897-99), Jose Mª. Mateu Aybar (1847-1929), José Zahonero (1853-1931), Alfonso Pérez Gómez Nieva (1859-1931), Manuel Martínez Barrionuevo (1857-1917), Eugenio Antonio Flores, Juan Armada y Losada (1862-1932) y, especialmente, al periodista Juan Bautista Amorós, conocido como Silverio Lanza (1856-1912), autor de cuentos y maestro de escritores.
 
   Los autores nacidos después de 1860 se incluyen en las páginas de siglo XX. Allí figuran Vicente Blasco Ibáñez o Ángel Ganivet, entre Unamuno o Valle-Inclán, nacidos por los mismos años.

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología