FIN DE SIGLO: LA POESÍA MODERNISTA
 



 

Poesías de F. Villaespesa

    1.-  El fin del siglo XIX podría caracterizarse por la pérdida de grandes poetas, como Bécquer, Zorrilla o Campoamor, de no ser por la aparición de una nueva generación, cuyos tres principales representantes serían Manuel Reina, Ricardo Gil o Salvador Rueda.
   En sus poemas se obsevará un interés por temas como el lujo, la sensualidad, el erotismo, etc.
 
   Ricardo Gil (1858-1908) publica en 1898 un segundo libro de poesía, La caja de música, de fondo becqueriano y gusto por los temas orientales. Aparecen los paraísos artificiales, en obras como Morfina: la adicción a esta droga sirve para consideraciones morales poco convincentes.
 
   Manuel Reina Montilla (1856-1905), nació en Córdoba. En La vida inquieta (1894), muestra influencias de Baudelaire o E.A.Poe. Escribe sobre temas culturales o posrománticos, como la bacanal o el baile de máscaras.

Salvador Rueda
   Salvador Rueda, malagueño, (1857-1933) es, probablemente, el más brillante poeta de este grupo. De 1883 es su libro En tropel. Cantos españoles y su poema "Catalepsia", sobre temas relacionados con el espiritismo.
 
   Son precursores del Modernismo, cuyo esplendor los condenó al olvido.
   El almeriense Francisco Villaespesa (1877-1936), autor de La copa del rey de Thule (1898) o Tristitiae rerum (1906), nos permite comprender la mala reputación -vicio y depravación sexual, moral o social- que para la burguesía de la época tuvo el Modernismo.

Rubén Darío
    2.-  Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (1867-1916) fue el primer poeta de su tiempo en España. Nació en Nicaragua y vivió en Chile y Argentina, viajando a España o a París esporádicamente. Desde 1898 se instala en España, residencia que sólo abandonará poco antes de su muerte, para volver a Nicaragua.
 
   En 1888 aparece Azul..., libro que recoge prosas (cuentos) y versos del poeta, y que hace referencia en el título al poeta francés Mallarmé. Sus páginas anuncian la consagración del Parnasianismo -movimiento francés que rindió culto a las formas- en España.

Azul... en segunda edición
dedicada a Juan Valera

Prosas profanas
   Prosas profanas (1896) es su segunda obra maestra y justifica la opinión de que Rubén sacó a la poesía española de la crisis producida por la desaparición de Bécquer.
 
   El tono de este libro era nuevo para la literatura española. Mostraba la asimilación del Parnasianismo francés, en poemas como la Sonatina; el trato directo con Verlaine, en su Responso; el interés por la civilización griega, en el Coloquio de los centauros, aunque filtrada por los jardines rococós de Versailles; la atracción por el esoterismo, en Las ánforas de Epicuro, sección añadida a la segunda edición; el medievalismo, que alcanza, incluso, al título del libro, el gusto por lo exótico, el erotismo de Ite, missa est, etc.

Cantos de vida y esperanza
   A ello se unían las estrofas y versos menos frecuentes: el alejandrino -de 14 sílabas-, con el que se juega a reproducir las rimas del soneto, que, incluso, se recoge en versos de arte menor, etc. Este libro consagraba a Rubén Darío.

Rubén Darío
   Cantos de vida y esperanza (1905) es la obra cumbre del nicaragüense. A los poemas en que el erotismo se mezcla con la muerte -Lo fatal- se añade una preocupación por el futuro de lo hispano, frente a la amenaza de Estados Unidos. Quedan composiciones parnasianas, como la Marcha triunfal, pero existe conciencia del futuro político.
 
   Rubén cambió la poesía española con nuevos temas, palabras y posibilidades culturales.
    3.-  La poesía de Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936) pasa, a veces, desapercibida por lo extenso del resto de su obra. Nació en Galicia, en Villanueva de Arosa, y fue una persona compleja, absorta en la estética y contradictoria en política.

Valle-Inclán, visto
por Ignacio Zuloaga
   En 1930 decide agrupar bajo el título Claves líricas la práctica totalidad de sus poesías. Comienzan con Aromas de leyenda (1907), que refleja, con preocupación estética y artificiosa, el paisaje gallego, rematando con versos en esa lengua los finales de sus poemas.
 
   El pasajero (1920) transmite el decadentismo de su época y las confusas y caóticas ideas que Valle-Inclán recogió de la teosofía. Se abre con una serie de "rosas", que arrebatan con su verso hinchado y sorprendente, aunque un tanto inconsistentes.

Cubierta de Ricardo Baroja
para una obra
de Valle-Inclán
   La obra maestra en la poesía de Valle-Inclán es La pipa de kif (1919), donde los elementos modernistas se deforman hasta lo grotesco. Es el único ejemplo poético que dejó su autor del esperpento, género casi exclusivamente teatral. La pipa de kif es, para muchos, el callejón sin salida al que llega la estética parnasiana del decadentismo modernista. Su último poema, Clave XVII. La tienda del herbolario, es un canto a las drogas, paraísos artificiales de esta generación.

Miguel de Unamuno
    4.-  "Tío modernista" llamaron algunos de sus enemigos a Miguel de Unamuno y Jugo (1864-1936), nacido en Bilbao. Pese a la crítica que el propio autor hizo del Modernismo, le consideraron modernista en el sentido religioso: algo así como hereje o, al menos, reformista. Él cultivó esta imagen. Su evolución política fue de la izquierda o el anarquismo hacia un individualismo difícil de clasificar. Su personalidad fue una oposición constante a todo lo que existía. En política combatió el nacionalismo vasco de Sabino Arana, la Dictadura de Primo de Rivera y el golpe de estado de Franco, tras un breve momento de indecisión.
   Su poesía participa de características similares: interés por el contenido frente a la forma, predominio de la idea, búsqueda de lo vital y lo ideológico, mezcla del pensamiento y el sentimiento, etc. Esto se traduce en una ruptura de los moldes convencionales, en una poesía desnuda, en un lenguaje directo y en una necesidad de expresarse por encima de todas las normas lingüísticas y literarias. Sus temas: la familia, la patria, la muerte, la vida eterna y, en definitiva, la existencia humana.
   Su primer libro, Poesías, se publica en 1907. Mucho antes, Unamuno había recbido el espaldarazo de Juan Valera. En esta primera obra plantea ya su poesía como necesidad de expresión y muestra que este es el género en que destacó con más brillo, en poemas como Credo poético.
 
   En 1911 aparece el Rosario de sonetos líricos, que supuso para él una dedicación absoluta a la literatura. Entre sus obras más sorprendentes leemos El Cristo de Velázquez (1920). Sus confesiones -así consideró él toda su lírica- continúan en Andanzas y visiones españolas, De Fuerteventura a París y Romancero del destierro, entre 1922 y 1927.
 
   A partir de 1928 y hasta su muerte, se dedicó al Cancionero/Diario poético, póstumo y complicado de interpretar, aunque es su obra maestra en poesía.

Portada del primer
libro de Poesías
de Unamuno
   Leyó a los ingleses Coleridge, Wordsworth y William Blake, junto a Byron o Keats; a los italianos Leopardi, Dante -siempre-, y a su admirado Kierkegaard. Estudió a Bécquer. Unamuno se proyecta directamente sobre Antonio Machado e, indirectamente, sobre generaciones de poesía de posguerra hasta nuestros días.

Helios (1903-1904)
    5.-  En la Península, los poetas elaboraron revistas literarias, entre las que destaca Helios (1903-1904). Estaba fundada por el poeta Gregorio Martínez Sierra (1881-1947) y por María Martínez Sierra, su esposa y autora de algunos trabajos firmados por el marido, Pedro González-Blanco, Ramón Pérez de Ayala (1880-1962), que inició su carrrera poética con La paz del sendero en 1904), y, por el alma de la revista, Juan Ramón Jiménez.
 
   Sus páginas trataban de política -con artículos de Ortega y Gasset-, de filosofía -de Nietzsche (1844-1900), filósofo de moda de esta generación, a Plotino (205-270)- de teosofía, de literatura europea o americana, pero, sobre todo, de poesía y literatura.

Renacimiento (1907)
   Entre sus colaboradores aparecen los nombres de Alejandro Sawa, Manuel y Antonio Machado, Miguel de Unamuno e, incluso, Rubén Darío. Algunos de ellos los trataremos a continuación.

Portada de Ninfeas
   El espíritu de la revista volvió en 1907, con Renacimiento, publicación que duró un año aproximado.
 
       6.-  El andaluz universal Juan Ramón Jiménez Mantecón (1881-1958) nació en Moguer. Fue crucial en su vida y obra el año 1900, en que recibe el reconocimiento en Madrid de Rubén Darío y de Francisco Villaespesa, pero la muerte de su padre lo sumió en un estado de crisis del que apenas se repondría a lo largo de su vida.    Sus primeras obras, Ninfeas (1900), Arias tristes (1903) o, incluso, Poemas májicos y dolientes (1911) siguen la corriente simbolista de paisajes y soledades. El simbolismo, de origen francés, buscó el conocimiento del alma humana, a través de sus equivalencias.
   Una segunda etapa -acaso anunciada desde 1911- comienza con su Diario de un poeta reciencasado de (1916), escrito al contraer matrimonio en Estados Unidos con la americana Zenobia Camprubí. De este libro parte su poesía intelectual, su imagen del mar como símbolo y su reflexión sobre los nombres. Eternidades (1916-17) presenta la lucha por la precisión semántica, en su célebre poema ¡Intelijencia, dame / el nombre exacto de las cosas! y el análisis de su poesía en Vino, primero, pura. Escribe una poesía desnuda, esencialista, quizá simbolista o impresionista. Entre 1914 y 1917 redacta su prosa poética Platero y yo.
Edición del Diario
de un poeta reciencasado

Edición de 1953 de Platero y yo
   Los años 30 son los de la República y la Guerra Civil, que obliga al poeta y a Zenobia a instalarse en Estados Unidos, con frecuentes viajes a Hispanoamérica, hasta su instalación en Puerto Rico, donde terminaron sus vidas. Ya antes de este traslado, Juan Ramón había iniciado una línea poética en que lo intelectual evolucionaba hacia lo teológico. El poeta logra un universo -su poesía- del que él será Dios o creador de Dios. Desde La estación total -escrito desde 1923 a 1936- a Dios deseado y deseante (1949) asiste a su divinización, en una línea próxima a Unamuno. Ríos que se van, en los años 50, recoge la realidad de la muerte, ya ensañada en 1956 en su esposa, Zenobia, muerte que no suavizó la concesión del Premio Nobel ese mismo año. Dos más viviría Juan Ramón Jiménez.

Antonio Machado
    7.-  Los hermanos Manuel y Antonio Machado vivieron estrechamente unidos. Reconocemos hoy la superioridad literaria del segundo sobre el primero.
 
   Antonio Machado Ruiz (1875-1939) nació en Sevilla. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza, donde trabajó su padre, y vivió en Madrid, Segovia, Baeza y, especialmente, en Soria. Su defensa de la República y su militancia en el Partido Socialista le obligaron a retirarse a Valencia en la Guerra Civil. De allí marchó a Francia, donde murió en 1939. Se le ha utilizado, a veces con exceso, como un simbolo de la libertad política española.

Edición ampliada
de Soledades
(Leer "Yo voy soñando caminos")
   En 1902 publica Antonio Machado sus Soledades, que en 1907 se reeditan como Soledades. Galerías. Otros poemas. Es, acaso, el mejor ejemplo de simbolismo en la poesía española. Refleja al poeta caminando por un campo o un parque, entregado a sus ensoñaciones, mezclando el paisaje con sus pensamientos, a la hora del crepúsculo. Aparecen motivos como la fuente, símbolo de vida, con la que dialoga.

Edición de Campos de Castilla
   Campos de Castilla (1912) se abre con un autorretrato, en que el poeta se considera al margen de la poesía de su época, y muestra, después, la profunda influencia que Unamuno había ejercido desde 1903 -en las páginas de Helios- para que Antonio escribiese una poesía más sentida y directa. Estos poemas reflejan sus ideas sobre Castilla, como tierra agreste y brutal. Soria es el objeto de estas observaciones. Su dureza quedó posteriormente suavizada cuando la realidad se impuso sobre las observaciones de Unamuno y por la muerte de su joven esposa soriana Leonor.
 
   Un intento de imitar el Romancero tradicional es el relato incluido en este libro La tierra de Alvargonzález, que, previamente, había escrito en prosa.
   Nuevas Canciones (1924) es un libro complejo y muy variado, que muestra el afán de este poeta por renovarse constantemente. Retoma temas anteriores, como Soria o la copla popular, pero se observa un tono casi experimental en máximas filosóficas, pensamientos, etc., apuntados en breves poemas de cuatro versos. Es la influencia de Henry Bergson y, en otra medida, del portugués Fernando Pessoa, en el Cancionero apócrifo, sobre varios poetas que pudieron haber existido.
 
   Se recuerda como estrofa machadiana una combinación de versos de siete y once sílabas -la silva tradicional-, usada con libertad absoluta, que permite al poeta una expresión cómoda y directa.

Cubierta de Juan Gris para Alma
   La poesía de Manuel Machado Ruiz (1874-1947) es objeto frecuente de recuperaciones y de olvidos. Haber militado en el bando franquista le perjudicó, a diferencia de su hermano. Su primera obra importante es Alma (1900), que se refunde en 1907 como Alma. Museo. Los Cantares y se abre con su autorretrato Adelfos. Son brillantes sus descripciones de cuadros, en libros como Apolo (Teatro pictórico) (1911).
 

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología