BREVE PANORAMA DE LA NARRATIVA HISPANOAMERICANA
 

 
    1.-  Entre los acontecimientos que marcan los inicios del siglo XX destaca la Revolución mexicana. Fiel cronista de ella sería Mariano Azuela, autor de Los de abajo (1916), novela escrita parcialmente en el escenario de los hechos. Entre la narrativa y el ensayo encontramos la figura magistral de Alfonso Reyes.
 
   La época de las vanguardias dejará grandes narradores como Juan José Arreola, humorista y autor de un Confabulario (1952) lleno de chispa e ingenio.
 

Tres novelas de Mariano Azuela


El mundo es
ancho y ajeno
    2.-  La narrativa decimonónica proyectó una forma de realismo que, ya en el siglo XX conocemos como indigenismo. El indigenismo exaltó al indio desde un romanticismo ingenuo pasando por un socialismo consciente: elevó la novela americana a un nivel de madurez considerable. Desde José Eustasio Rivera, autor de La vorágine (1924), novela de la tierra, llegaríamos a Rómulo Gallegos y su Doña Bárbara (1929), para terminar con Jorge Icaza, autor de Huasipungo (1934). Culmina en Ciro Alegría, que en El mundo es ancho y ajeno (1941) presenta ya la ciudad como uno de los marcos de la acción.
 
   Transcendió esta corriente el premio Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias, universalmente conocido por su novela de dictador El Señor Presidente (1946). A ella añadiremos el nombre del peruano José María Arguedas.

El Señor Presidente

Adán Buenosayres (1948)
    3.-  Superada una primera fase de folclorismo en torno al gaucho, como ejemplifica Ricardo Güiraldes en Don Segundo Sombra (1926), la literatura argentina entra en la modernidad de la mano de Macedonio Fernández (1874-1952), autor de una obra compleja y dispersa, como se desprende de la lectura de Museo de la novela de la Eterna. Su humor y extravagancia dejará huella en una generación representada por Eduardo Mallea, Roberto Arlt (1900-42) o Leopoldo Marechal, cuyo Adán Buenosayres (1948) puede considerarse un precedente de Rayuela. Ernesto Sábato se dio a conocer ese mismo año con El túnel (1948), junto a escritores como Adolfo Bioy Casares o el ya veterano Jorge Luis Borges, que poetizó su duda de si no sería acaso la voz de Macedonio...
El Aleph


Edición española de Pedro Páramo
    4.-  La modernidad del siglo XX llegará con las lecturas de los clásicos universales de este momento: en versiones originales, pero, sobre todo, en buenas traducciones, los autores hispanoamericanos podrán leer la narrativa de James Joyce, Marcel Proust, Virginia Woolf, Kafka y, especialmente, William Faulkner, cuya novelística marcará las letras hispanoamericanas. Algunos narradores fueron considerados existencialistas por su nihilismo y su aceptación del fracaso y el desengaño.

 

 

La región más transparente
   El trauma de la Revolución Mexicana volverá renovado en la obra maestra de Juan Rulfo (1918-1986): Pedro Páramo (1955), que vino anunciada por la colección de cuentos El llano en llamas (1953). A la creencia india de una posible vida poco después de la muerte, superpone el novelista la revolución cristera, la existencia del terrateniente Pedro Páramo y la visión desolada de su hijo Juan Preciado, que encontrará en Comala la muerte y el infierno del pueblo entero.
 
   La profunda cicatriz de esta Revolución continuaría en narradores como Carlos Fuentes (1928), que desde La ciudad más transparente (1959) hasta La muerte de Artemio Cruz (1962) indaga sobre la identidad de México hasta nuestros días. Otros autores mexicanos seguirían una literatura paralela, como es el caso de Agustín Yáñez, Fernando del Paso o Arturo Azuela, que mantienen vivo el recuerdo de Juan Rulfo.

La muerte de Artemio Cruz

El reino de este mundo
   En Cuba destacó Alejo Carpentier desde El reino de este mundo (1949). La temática de la revolución como problema se mantendrá en obras posteriores: El siglo de las luces (1962) o La consagración de la primavera.
 
   Compatriotas suyos fueron el poeta y narrador José Lezama Lima, con una compleja novela autobiográfica, Paradiso (1966) o Guillermo Cabrera Infante, autor de una divertida novela de experimentación: Tres tristes tigres (1967).

Tres tristes tigres

 

La ciudad y los perros
   En Perú destaca la figura de Mario Vargas Llosa (1936), ganador del Premio Biblioteca Breve con La ciudad y los perros (1962), denuncia de la violencia en Hispanoamérica, concretada en una escuela militar limeña. Le siguieron La casa verde (1966) y su obra maestra, Conversación en la Catedral (1970). Tras una novelística más ligera y humorística, Pantaleón y las visitadoras (1973), continúa escribiendo teatro y novela hasta nuestros días.
Pantaleón y las visitadoras

 

Cien años de soledad
   La máxima figura de esta generación será el colombiano Gabriel García Márquez (1928). Sus breves novelas iniciales: La hojarasca (1955) o El coronel no tiene quien le escriba (1961) darán paso a su obra maestra Cien años de soledad (1967), auténtica Biblia americana que recrea, con toques de realismo mágico, la historia de América del Sur, ubicada en Macondo y protagonizada por la estirpe de los Buendía: Aureliano y José Arcadio. Su obra posterior -El otoño del patriarca, Crónica de una muerte anunciada o El amor en los tiempos del cólera (1985)- y sus brillantes colecciones de relatos -La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada o Los funerales de la Mamá grande completan los méritos que hicieron a su autor justo merecedor del Premio Nobel
La increíble y triste historia
de la cándida Eréndida y
de su abuela desalmada

 

Historia universal de la infamia
   La zona rioplatense -Argentina y Uruguay- quedará honrada por una serie de novelistas que puede considerarse, en mayor o menor medida, discípula de Jorge Luis Borges. Éste, tras sus primeros libros de relatos -Ficciones (1944) y El Aleph (1949)-, publicará El hacedor (1960) o El libro de arena (1975). Su temática permanece constante: el mundo como laberinto o combinación de signos indescifrables que relatan el destino de los seres, etc.
 
   Ernesto Sábato (1911) era conocido por El túnel (1948). Su obra maestra, Sobre héroes y tumbas (1961) proyecta sobre el marginado Martín la historia de Argentina y lo somete a la experiencia apocalíptica del viaje que se narra en su tercera parte: Informe sobre ciegos.

Sobre héroes y tumbas

 

Primera edición de
El Pozo
   También se dio a conocer tempranamente el uruguayo Juan Carlos Onetti con El pozo (1949) y Una tumba sin nombre. Probablemente sus obras maestras sean El astillero (1961) y Juntacadáveres (1964) en las que expresa, a través del proxeneta Larsen y la ciudad de Santa María, la incomunicación existencial y la imposibilidad de cambiar la nada en la que se instalan los personajes.
Juncadáveres

 

Ceremonias
   Entre los más populares autores argentinos de este grupo destaca Julio Cortázar (Bruselas 1914-1984), maestro del cuento contemporáneo, como se demuestra en Final del juego (1956), Las armas secretas (1959) o Todos los fuegos el fuego (1966). Entre sus novelas brilla por su maestría Rayuela (1963), que añade a la fantasía de sus relatos una visión de la literatura como terapia liberadora de un grupo de bohemios argentinos en París y una propuesta para la creación del hombre nuevo y del lector cómplice.
 
   Pueden cerrar esta brillante generación -llamada del "boom" por algunos críticos- nombres como los del chileno José Donoso o el paraguayo Augusto Roa Bastos.

Rayuela

 

Vals de Mefisto
    5.-  Los años 80 supondrán un retorno a una narrativa más tradicional en autores como Alfredo Bryce Echenique, Isabel Allende, Luis Sepúlveda o Antonio Skarmeta.
 
   El cuento seguirá siendo el género mejor cultivado por una generación de autores como el mexicano Sergio Pitol, autor de un relato que explora la psicología del personaje. En una línea parecida, matizada de humor e ironía, encontramos a Augusto Monterroso o Álvaro Mutis.

Los buscadores de oro

 

El beso de la mujer araña
   La novela continuará investigando los límites de la ficción en autores como el argentino Manuel Puig y su obra más célebre, El beso de la mujer araña (1976) o el más convencional Jaime Baily (Perú, 1965), ganador del Premio Herralde con La noche es virgen (1997).
La noche es virgen

 

Putas asesinas
(2001)
    6.-  Gran maestro de la novela latinoamericana, fue el chileno y mexicano Ernesto Bolaño (1953-2003), autor de brillantes cuentos y de grandes novelas como Los detectives salvajes o la póstuma 2666. Practica el realismo visceralista y es deudor de Thomas Pynchon, de Georges Perec o de Raymond Queneau, aunque el abanico de sus lecturas e influencias desborda los límites de estas páginas, que pueden cerrarse con sus palabras: "Uno nunca termina de leer, aunque los libros se acaben, de la misma manera que uno nunca termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto".
2666

 
   Una reflexión sobre México y Latinoamérica puede hallarse en Juan Villoro (México, 1956), que mereció el Premio Herralde con El testigo (2004) o su compatriota Daniel Sada, ganador del mismo galardón con Casi nunca (2008).
El testigo

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología