LA POESÍA DEL SIGLO XVII
 



 
    0.-  Para encontrar un síntoma de cambio en la poesía del siglo XVII, parece imprescindible hojear el índice de la primera antología de este siglo: Flores de poetas ilustres (1605), editada por el antequerano Pedro de Espinosa.
 
   Aunque posterior a una Poética Silva manuscrita, las Flores presentaba, con "varia brevedad", los mejores poetas de su época. La abundancia de autores andaluces, como Juan de Arguijo, Luis de Góngora o el propio Pedro Espinosa, no ignora la presencia de los grandes poetas de ese siglo: Lope de Vega, Quevedo o Lupercio Leonardo de Argensola.
 
   Del siglo anterior mantiene el magisterio de Fernando de Herrera y la frecuente imitación de Horacio.
 
   Entre sus temas, destaca la fábula mitológica, la historia antigua y el poema burlesco.
 
   Probablemente derive de esta antología el llamado Cancionero antequerano (h.1627): cuatro tomos manuscritos, que consolidan la existencia de una escuela poética en torno a esta población andaluza.

Flores de poetas ilustres

Retrato de Bartolomé
Leonardo de Argensola
I.-Poetas nacidos antes de 1580
 
    1.-  La ciudad de Zaragoza confirmó su puesto de honor en la poesía del siglo XVII cuando la antología Flores de poetas ilustres (1605) de Pedro de Espinosa incluyó el nombre de Argensola.
 
   Lupercio Leonardo de Argensola (1559-1613) y su hermano Bartolomé Leonardo de Argensola (1561-1634) obedecen a lo que podemos llamar clasicismo aragonés. Los dos hermanos presentan puntos en común: la poesía moral y satírica, la influencia de Horacio y de Persio, Juvenal y Marcial, el escaso interés por la poesía popular, etc.
 
   Pese a la poda que Lupercio realizó de sus poesías, su hijo Gabriel Leonardo editó las obras de los dos hermanos en 1634.
 
   Discípulos suyos se consideran Martín Miguel Navarro y Esteban Manuel de Villegas (1589-1669), recordado por sus Eroticas o amatorias.

Rimas de
los hermanos Argensola
    2.-  La siguiente promoción de poetas incluye dos tan brillantes como opuestos: Luis de Góngora y Argote (1561-1627) y Félix Lope de Vega Carpio (1562-1635), amigo de los Argensola, de Juan de Arguijo y de gran número de poetas de su época, entre los que destaca el madrileño y portugués Diego de Silva y Mendoza, Conde de Salinas (1564-1630) por sus sonetos cargados de gravedad y dolor .
 

Primera edición impresa de
algunas obras de Juan de Arguijo
    3.-  Un grupo de poetas de este siglo se centra en Sevilla y es heredera de Fernando de Herrera.
 
   Su maestro es Juan de Arguijo (1567-1623), que dilapidó la fortuna paterna en lujos y fiestas. Este sevillano escribe una poesía académica y formal, seguidora del arte frente a la espontaneidad. Se recuerdan sus sonetos, mitológicos o dedicados a escenas históricas, que sorprenden por su modernidad.

Manuscrito de las
obras de Juan de Arguijo

   Discípulo suyo y sevillano también, debe considerarse a Rodrigo Caro (1573-1647), autor de una Canción a las ruinas de Itálica, donde se observa el interés por lo histórico y arqueológico. Andrés Fernández de Andrada (1575-1648) enriquece este grupo de poetas sevillanos con su Epístola moral a Fabio, donde las notas cultas quedan atenuadas por hondas reflexiones morales y la búsqueda de una paz lejos de la corte. Contrasta con la gravedad de los autores Juan de Salinas (1559-1643), que destacó por la gracia de sus romances y otros poemas de arte menor.
 
 
II.-Poetas nacidos después de 1580
 
    4.-  Aunque ligeramente fuera de las fechas propuestas, encontramos primeramente al antequerano Pedro de Espinosa (1578-1650), seguidor de Fernando de Herrera. Se le ha recordado por su imprescindible antología, Flores de poetas ilustres, de 1605, donde incluyó obras propias, como la famosa y original Fábula del Genil. Se trata de un mito en la línea de Ovidio acerca del río de Granada. Destaca su obra religiosa y sus dos Soledades, contemporáneas a las de Góngora, aunque bien diferentes de las del cordobés.
 
   Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) ocuparía el siguiente lugar en este estudio.

Rimas de Juan de Jáuregui
   El sevillano Juan de Jáuregui (1583-1641) siguió a Herrera y no a Góngora. Edita sus Rimas -varias y sacras- en 1618, con versiones de Horacio, Marcial o Ausonio. En 1624, publica su Orfeo. Lope, molesto, contestó con el Orfeo en lengua castellana de Juan Pérez de Montalbán. La vocación pictórica de Jáuregui hizo que se le atribuyese un retrato de Miguel de Cervantes.
 
   Francisco de Rioja (1583-1659), también sevillano, trató a poetas como Herrera, Francisco Pacheco, Arguijo o Rodrigo Caro. Combinó la carrera eclesiástica con la cortesana, bajo la protección del Conde Duque de Olivares. Escribe sonetos amorosos, poemas horacianos, silvas, etc. con gran sensibilidad ante la naturaleza. Se recuerdan especialmente sus poemas a las flores.

Orfeo de Juan de Jáuregui


Poesías manuscritas de
Francisco de Rioja
   El malogrado Luis Carrillo y Sotomayor (1585-1610) nació en Baena (Córdoba). Poeta y soldado, escribe sonetos amorosos, églogas y canciones. Su Fábula de Acis y Galatea pudo estimular, aunque no influir, en el Polifemo de Góngora. Apreciado por Quevedo, tradujo De brevitate vitae de Séneca. Sus obras se editaron póstumamente, en 1611, con errores corregidos en ediciones posteriores.
 
   De entre los muchos autores de fábulas mitológicas podemos recordar al jerezano Juan Espínola y Torres (1596-dp.1651), autor de unas Transformaciones y robos de Júpiter y celos de Juno (Lisboa, 1619) en seis cantos.
 
   Entre los poetas del círculo de Lope de Vega figura el murciano Jacinto Polo de Medina (1603-1676), autor de las Academias del jardín (1630). De ese mismo año es El buen humor de las Musas, que le ganó fama de poeta satírico y burlesco, por encima de sus composiciones morales y casi próximas a Góngora.

Transformaciones
y robos de Júpiter


Obras del conde de
Villamediana, 1629
    5.-  El madrileño Juan de Tassis, conde de Villamediana (1583-1622), no dudó en considerarse discípulo de Góngora. Su vida estuvo asociada con el escándalo cortesano. Fue asesinado en la calle Mayor de Madrid, por motivos mal aclarados, lo cual dio lugar a leyendas sobre su muerte.
 
   En Italia apreció la poesía de Giambattista Marino. Por encima de su poesía moral destaca la mitologica: Ícaro refleja el orgullo de haber amado, a pesar del fracaso. Su obra más famosa fue la Fábula de Faetón, poema gongorino de hacia 1617. Sus poesías se publican póstumas en Zaragoza, 1629.
 
   En la misma ciudad nació el aragonés Juan de Moncayo (h.1614-1656), que publicó en sus Rimas (Zaragoza, 1652) poemas mitológicos de raíz gongorina y poemas de gran variedad temática.

Manuscrito de las
obras de Villamediana

   Sobrino de Barahona de Soto fue el también granadino Pedro Soto de Rojas (1584-1658), amigo de Góngora, que combinó las ambiciones cortesanas con la carrera eclesiástica.

Portada del Paraíso
de Soto de Rojas
   Su primer libro de poesía ofrece obras en la línea petrarquista y fragmentos mitológicos brillantes, pero donde destaca sorprendentemente es en el Paraíso cerrado para muchos. Jardines abiertos para pocos, poema dividido en siete mansiones, que representan secciones de los jardines de su carmen granadino y concluye en un verdadero paraíso, alabando al Señor.
 
   En el grupo de poetas afines a Gongora encontramos a Gabriel Bocángel y Unzueta (1603-1658), nacido en Madrid, cuyos apuros familiares y económicos no le impidieron publicar en 1637 su libro de poemas La lira de las Musas.
 
   Francisco de Trillo y Figueroa (1618-1680) será el broche final de los seguidores de Góngora. Su poesía permanece aun hoy en parte manuscrita.

Portada de La lira de las Musas

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología