LITERATURA GRANADINA
 


 
   Desde 1269 hasta 1492 pervive en la Península el reino nazarí de Granada, último testimonio del Islam hispánico, ocupando las provincias actuales de Málaga, Granada y Almería. Su existencia fue inestable por la constante amenaza de los reinos cristianos. Algunos estudiosos han interpretado esta cultura como una prolongación hueca de lo anterior. Sin embargo, Granada contempló la vuelta de algunos emigrados del norte de África y sus reyes protegieron las artes, como los mejores gobernantes antiguos de al-Andalus.
 
   Abû Hayyân (1257-1344), gramático, representa, sin embargo, el pesimismo de su época, que culmina con su emigración a Egipto. También Ibn Mâlik (1208-1274) de Jaén, marcha a Oriente. Es autor de uryûzas y de una Alkafiya y Alfiya sobre gramática.
 
   Ibn al-Zubayr de Jaén (1230-1308) continuó en su Silat al-sila, la obra biográfica de Ibn al-Abbâr.
 
   Ibn al-Hakîm de Ronda (1261-1308), valido del rey, cultivó diversos géneros literarios y protegió a otros escritores. Fue asesinado en una conjura y su Historia de España no ha llegado a nuestros días. Invitó a su corte al poeta Ibn Jamîs de Tlemecén (1252-1308) y le sucedió como secretario Ibn al-Yayyâb de Granada (1274-1349), autor de casidas neoclásicas a emires nazaríes, que pudo leer sus poemas en los muros del Generalife. De su tiempo fue Ibn Luyûn de Almería (1282-1349), que redactó unos Proverbios rimados y un tratado de agricultura. La Historia de Almería, hoy perdida, fue el legado de Abû l-Barakât de Velefique (1264-1372), maestro de Ibn al-Jatib.
 

Códice escurialense del
Diwan de Ibn Jâtima

 
   Ibn Jâtima al-Ansari de Almería (1323-1369), fue médico e historiador. Lo recordamos por su Dîwân de poesía, adornado con juegos de palabras, tawriyas o dobles sentidos, etc. Como médico describe la peste de 1348.
 
   Del malagueño Ibn al-Murâbi` (m.1349) conservamos una divertida maqâma de la fiesta, en que un hombre, reprendido por su mujer, compra un carnero que le proporciona los mayores destrozos que podía imaginar.
 
   Pero la figura más importante de este momento es la de Lisân al-Dîn Muhammad Ibn al-Jatîb, de Loja (1313-1375). Discípulo de Ibn al-Yayyab, fue hijo de un kâtib y finalmente kâtib él mismo de Yûsuf I y Muhammad V. Alternó su labor de poeta con la de médico y fue maestro de Ibn Zamrak. Caído en desgracia con Muhammad V, huye a Marruecos, donde, tras ser juzgado, lo estrangularon.
 
   Escribe una historia de Granada, sólo conocida por resúmenes, la Ihâta fi ajbâr Garnâta y sus poesías adornaron el salón de Comares de la Alhambra. Recopila, además, poesía ajena y moaxajas hispanoárabes, en el Yays al-tawsîh; epístolas literarias y cancillerescas en prosa rimada, en el Rayhânat al-kuttâb, y -por supuesto- maqâmas. Murió por las herejías descritas en el Rawdat al-ta`rîf bi l-hubb al-sarîf.


Poema de Ibn Zamrak en la Alhambra

 
   Ibn Zamrak de Granada (1333-1393) fue discípulo de Ibn al-Jatib y participó en el tribunal que lo condenó. Caído en desgracia, fue, a su vez, asesinado por Muhammad VII. Es autor de una poesía exquisita, de casidas y moaxaja clásica. Ha pasado a la historia literaria por ser el poeta que más adornó las paredes de la Alhambra: la fuente de los leones, la Sala de las dos hermanas, etc.
 
   También granadino fue Mohammad al Lajmí, autor del adab El reino de las abejas, sobre ciencias y artes, acabado hacia 1390.
   Abû l-Hasan al-Nubâhî de Málaga (1313-1390), continuó la Historia de los jueces de Córdoba de al-Jušani en su Kitâb al-marqaba al-`ulyâ y dejó una maqâma De la palmera. Ibn Yuzaî de Granada (1321-1356), por su parte, recibió el encargo de redactar los viajes de Ibn Batuta.
 
   Nacido en Túnez de familia andaluza, participó intensamente en la vida política peninsular el historiador Ibn Jaldûn (1332-1406), autor de unos al-Muqaddimah o Prolegómenos a una historia universal. Fue embajador con Pedro el Cruel (1363) y con Tamerlán en 1401, cinco años antes de su muerte, en Egipto. Sus al-Muqaddimah tratan de los asentamientos y condiciones de los pueblos, de geografía, de antropología, y terminan con una clasificación de las ciencias. Esta obra es, en rigor, la primera parte de su Libro de los ejemplos.
 
   El granadino Ibn `Âsim (1359-1426), jurista malequí fue autor del adab Hadâ`iq al-azhâr, donde incluye refranes hispanoárabes. Otro adab fue obra de Muhammad ibn Abî l-`Ulâ ibn Simmâk, el Kitâb al-Zaharât y el al-Hulal al-Mawsiyya, centón de falsas noticias históricas.

Tratado sobre los caballos,
quizá autógrafo, dedicado
al rey nazarí Muhammad

 
   Un tercer autor de adab es Yahya Ibn Hudayl, maestro de Al-Jatib, autor de Gala de caballeros. Blasón de paladines. Sigue los Tratados sobre caballos que se inician a mediados del XIII con Ibn Arqam de Guadix.
 
   Entre 1407 y 1417 reina el emir Yûsuf III, posible recopilador de la poesía de Ibn Zamrak y autor él mismo de un diwân. Panegirista suyo fue Abû al-Husayn Ibn Furkûn (1379-1417), que dejó sus poemas en los muros de la Alhambra. También el príncipe Ibn al-Ahmar recoge la poesía de su época -fin del siglo XIV- comienzos del XV.
 
   `Umar de Málaga es autor de una maqâma sobre la peste de esa ciudad en 1440.
 
   Es bastante escasa la literatura que ha quedado de la segunda mitad del siglo XV. Consideramos a Ibn al-Qaysi al-Basti el último poeta andalusí. Reflejó el desastre final del reino.
 
   Esta literatura muestra, en general la decadencia islámica y apenas destaca una Historia anónima de Granada de 1477 a 1499.
 

Manuscrito aljamiado de
jutbas o alabanzas
a Mahoma,
hallado en
Ágreda (Soria), 1795.
   Terminado el dominio musulmán en al-Andalus, los moriscos que aún permanecen en la Península se plantean conservar sus señas de identidad escribiendo en romance con caracteres árabes, esto es, en aljamiado, recodificación del español o lengua sumergida que se mantuvo hasta el siglo XVII. El sistema era el mismo que se había utilizado con las jarchas, aunque las circunstancias eran penosamente distintas.
Corán aljamiado

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología