LA PROSA DESDE 1788
 



 
GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS


Jovellanos por Francisco de Goya
    1.-  Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) nace en Gijón (Asturias). Estudia Filosofía, Leyes y Cánones, pero abandona la carrera eclesiástica. Trató a autores, como Feijoo y Cadalso, y a políticos como Campomanes y Olavide, que impulsó su obra literaria.
 
   Se dio a conocer por sus discursos, su poema Pelayo (1769) y su drama El delincuente honrado (1773).
 
   De este año son las primeras cartas de su Epistolario (1773-1811), que ofrece detalles sobre su carácter, su actitud ante los franceses, su religiosidad o su patriotismo. Entre los destinatarios destacan Antonio Ponz, Ceán Bermúdez, González de Posada, Francisco Cabarrús (1752-1810) o Lord Holland.
 
   En Madrid es alcalde de Casa y Corte (1778-90) y frecuenta la Sociedad Económica Matritense, de la que sería director.


Autógrafo de Jovellanos
   Como académico de la Historia (1779) compuso su Discurso Académico (...) en su recepción a la R.A.H. (4/2/1780), subtitulado Sobre la necesidad de unir al estudio de la legislación el de nuestra historia. Plantea la necesidad de conocer el derecho medieval leonés y castellano, hasta la Nueva Recopilación de 1567. Pide una nueva historia de España, exenta de supercherías, para comprender el presente del país.
 
   Su panegírico Elogio fúnebre del Señor Marqués de los Llanos de Alguazas (1780), juez ejemplar y estudiosoo, rezuma una ironía característica de Jovellanos.
 
   Otra Academia acogió su Elogio de las Bellas Artes (1781) -breve historia de esta disciplina en España-. En 1781 ingresa en la R.A.E. y las personalidades políticas respetan sus opiniones.
   Nuevas piezas oratorias serán su Discurso a la Real Sociedad de Amigos del País de Asturias sobre los medios para promover la felicidad de aquel principado (1781) y un Discurso (...) sobre la necesidad de cultivar las Ciencias Naturales en el Principado (1782).

Autógrafo de Jovellanos:
Tercera carta a Ponz
   Las Cartas del viaje de Asturias a Antonio Ponz (†1792), escritas desde 1782, se retocaron en 1794, para el Viaje de España de este erudito.
 
   La segunda carta describe el convento de San Marcos de León. Incluye la Epístola a Batilo. La tercera carta propone nuevas vías de comunicación para el comercio. La cuarta presenta la Catedral de Oviedo. En la carta octava, titulada Romerías de Asturias, describe costumbres del pueblo. Trata el folclore con tono rousseauniano. La Carta IX, sobre (...) los vaqueiros de alzada en Asturias, defiende este sector marginal, transhumante, dedicado a la ganadería y a la compraventa. La décima carta trata del escultor Luis Fernández de la Vega.

Dibujo de Jovellanos para su Segunda carta del
Viaje de Asturias

 
    En estos años escribe el Plan de una disertación sobre las Leyes visigodas (1785), un Informe sobre el libre ejercicio de las Artes (1785), el Dictamen sobre las causas de la decadencia de las Sociedades Económicas (1786) y los Diálogos sobre el Trabajo del Hombre y el origen del Lujo (1787).
   En su Elogio de Ventura Rodríguez (1788) recuerda el incendio de Covadonga, incluyendo brillantes descripciones de paisajes.
 
   Cultiva la crítica pictórica en Reflexiones y conjeturas sobre el boceto original del cuadro llamado "La Familia" (1789), propiedad de Jovellanos. Subraya el realismo de Las Meninas y valores ausentes del original.
 
   El Elogio de Carlos III (1788) se leyó a la Real Sociedad de Madrid en vida del rey. Entre las ciencias que éste promovió destaca la economía civil. Alude a Aranda y Campomanes como promotores de esta reforma.
 
   A la muerte de Carlos III (1788), cae en desgracia. En 1790 vive desterrado en Asturias hasta 1797-8.

Obras de Jovellanos (1830)
   Su Memoria para el arreglo de la policía de espectáculos y diversiones públicas, y sobre su origen en España (1790) se completaría en 1796, aunque quedó inédita hasta 1812. Responde a un encargo del Consejo de Castilla.

Informe sobre la ley agraria
   Traza, en su primera parte, el origen e historia de estos espectáculos: caza, torneos, romerías, fiestas palaciegas... La segunda expone la utilidad de estos juegos: diversiones ciudadanas o juegos de pelota. Acerca del teatro, propone su reforma mediante la autofinanciación y la limitación cultural de su público.
 
   Escribe sus Diarios (1790-1808) mientras viaja, con descripciones paisajísticas dignas de la prosa poética.
 
   Trata sobre educación en su Reglamento literario e institucional para el Colegio de Calatrava (1790) y en sus Cartas a Alejandro Hardings (1794).
 
   Para la Sociedad Económica de Madrid escribe un Informe sobre la ley agraria (1794), publicado al año siguiente. La introducción presenta una historia del problema, con las leyes y estorbos que lo crearon, clasificados en tres apartados:
   Estorbos políticos o derivados de la legislación: baldíos, tierras concejiles, heredades cerradas... impiden cultivar directamente los campos, dedicados a pastos para la Mesta más que a producción agrícola. La amortización, eclesiástica o civil, estanca el movimiento de tierras. Jovellanos pide la libre circulación de productos, sin impuestos: agilizaría el comercio revisar las contribuciones.
   Los estorbos morales o derivados de la opinión implican proteger el comercio a expensas de la agricultura; se abandona la economía y se desconocen artes y técnicas. Propone institutos para los campesinos, y que los párrocos divulguen cartillas de instrucción.
 
   Existen estorbos físicos o derivados de la naturaleza: falta de riego y comunicaciones o escasez de puertos de comercio. Los resolvería el Estado con obras públicas en provincias y ayuntamientos.
 
   El Informe de Jovellanos, que prohibiría la Inquisición, pretendió que las leyes garantizasen la libertad económica en la transmisión y cultivo de tierras y productos. Sigue la escuela fisiocrática de Quesnay (1758), deudora del liberalismo de Adam Smith, cuya obra (1776) leyó nuestro asturiano.

Busto de Jovellanos
   Funda el Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía (1794), al que dedica su Ordenanza para el R.I.A. y la Oración inaugural del R.I.A. (1794), así como un Curso de Humanidades Castellanas (1794), libro de texto.
 
   Unas Reflexiones sobre la instrucción pública (1796) retoman sus ideas pedagógicas.

Instituto Jovellanos de Gijón
   Para el Instituto escribe ahora una Oración sobre la necesidad de unir el estudio de la literatura al de las ciencias (1797), donde las humanidades soportarán las ciencias empíricas, siguiendo a los autores latinos.
 
   Rehabilitado, fue Ministro de Gracia y justicia en 1798, por poco tiempo.
 
   Otras dos obras para su Instituto son la Oración sobre el estudio de las ciencias naturales (1799), donde presenta el universo como objeto de éstas y señala la ciencia como puerta de la filosofía natural. La observación de la naturaleza lo lleva a considerar la armonía del mundo y su Creador, con matices platónicos.
 
   En segundo lugar, un Discurso sobre la geografía histórica (1800) elogia esta ciencia -en la que tanto trabajó España- por educar a todos los pueblos en la paz.
   En dos brevísimos Diálogos sobre crítica económica (h.1800) se defiende de varias críticas a su obra y vida.

   En 1801 culminan las intrigas contra Jovellanos, de lo que protesta en su Representación hecha a D. Carlos IV desde la Cartuja de Mallorca (24/4/1801). Quedará encerrado en el castillo de Bellver desde 1802
 
   La Memoria sobre Educación Pública o Tratado teórico-práctico de Enseñanza (1802) insiste en sus preocupaciones docentes: defiende las lenguas modernas -francés e inglés- frente a las clásicas; la ideología -lógica- frente a la escolástica, etc. Hereda de Campomanes el interés por enseñar dibujo. Subordina el saber a la religión, y subraya su ortodoxia religiosa.
 
   Un desahogo en su destierro dará lugar a la Paráfrasis al Salmo Judica me, Deus (1805), sincera oración cristiana.

Busto de Jovellanos
por Ramos (1770)

Obras de Jovellanos
(Barcelona, 1839)
   Desde 1802 comienza sus Memorias histórico-artísticas de arquitectura, pensando en Ceán Bermúdez. Se abren con las dos primeras partes de la Descripción del castillo de Bellver y de sus vistas (1806). La primera comienza de modo objetivo, pero, ante lo lúgubre del castillo, imagina escenas históricas y literarias del siglo XIV. Entre las ruinas, toma notas de zoología y botánica de la región o sobre la época del edificio. Concluye con el desgaste de bosques y campos, ocasionado por el hombre. La segunda parte señala la actividad humana en la isla y alcanza un tono ascético al asociar la soledad con la Providencia divina. Muestra el Puerto y la ciudad de Palma, su catedral y lonja, con digresiones sobre recursos naturales o remedios para el abandono presente.
 
   Sus Bases para la formación de un Plan general de Instrucción Pública (1809) son un proyecto educativo para las Cortes de 1810.
   Liberado de Mallorca, rechaza las ofertas del gobierno bonapartista. Sufrió represalias en 1810 por participar en la Junta Central.
 
   La Memoria en que se rebaten las calumnias divulgadas contra los individuos de la Junta Central del Reino, y se da razón de la conducta y opiniones del Autor desde que recobró su libertad (1810) o Memoria en defensa de la Junta Central consta de dos partes: la primera es una apología de la Junta, acusada de traición a la Patria. Alude a los "apóstoles del napoleonismo", que la vendieron. Admite errores sin mala fe. La segunda parte justifica su actuación en esos años.
 
   Intentando volver a Cádiz, Jovellanos murió de pulmonía, cerca de su tierra. Su lucidez y firmeza en circunstancias adversas hacen de él la figura más trascendente de la Ilustración española.

Lápida de Jovellanos
    2.-  Al jesuita conquense Lorenzo Hervás y Panduro (1735-1809) debemos una enciclopedia en italiano (1778-1792), traducida al español como Historia de la vida del Hombre (1789-99). Cultivó la novela utópica en su Viaje estático al mundo planetario (1793-94). Precursor de la lingüística comparada del siglo XIX, escribe un Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas, y enumeración, división y clases de éstas según la diversidad de sus idiomas y dialectos (1800-05) en cinco volúmenes, en el que rechaza una fuente común a todas las lenguas. Lo recordó Humboldt en sus investigaciones.

Moratín por Luis Paret
    3.-  Deudora de Forner será La derrota de los pedantes (1789) del madrileño Leandro Fernández de Moratín (1760-1828).
 
   Relata esta sátira el ataque al Parnaso de unos poetastros que piden a Apolo protección para sus escritos. El dios, indignado, les reprocha su falta de reglas, conocimiento, rigor y buen gusto. Los condena y expulsa del Parnaso, dando pie a una batalla con los libros que Moratín considera despreciables, como proyectiles: Comentarios a Góngora, seguidores del culteranismo y obras de Gracián. Mercurio siembra la cizaña, encerrándolos en jaulas.
 
   Obras póstumas de Moratín fueron sus libros de viajes: las Apuntaciones sueltas de Inglaterra (1792-3) o el Viaje a Italia (1793-95). Su plan recuerda el del Diario y el Epistolario, que complementan estas libros, en los que recoge noticias de países y gentes: historia, arte, costumbres y, lo más ameno, confesiones, comentarios o caprichos del autor.

Autógrafo de las
Apuntaciones sueltas de Inglaterra
   El Viaje a Italia (1793-95) continúa el de Inglaterra. Describe en ocho cuadernos ciudades italianas: reseña las que ha visto personalmente, las funciones de teatro u ópera presenciadas, las bibliotecas y museos visitados, etc. Añade comentarios sobre prostitutas, marginados, sirvientes... El Viaje de Italia destaca por su amenidad y por la gracia que despliega.

Dibujo de Moratín para su
Viaje a Italia

Dibujo de Moratín para su
Viaje a Italia

Orígenes del teatro
   Un Discurso histórico sobre los orígenes del teatro español trasciende lo estrictamente teatral y completa la obra en prosa de Moratín.
 
    4.-  El segoviano Esteban de Arteaga (1747-1799) ingresó en la Compañía de Jesús y fue desterrado a Córcega con otros jesuitas. Frecuentó la Universidad de Bolonia, donde publicó sus Rivoluzioni del teatro musicale italiano (1783), sobre la ópera italiana. Conoció el éxito y la enemistad de algunos críticos por su carácter polémico y mordaz.
 
   Entre 1784 y 1787 residió en Venecia e intercambió correspondencia con personajes de aquí. Estudia a Roma y edita clásicos grecolatinos. Conoce a Juan Andrés, con quien discute sobre literatura.
   Sus Investigaciones filosóficas sobre la belleza ideal considerada como objeto de todas las artes de imitación (Madrid, 1789) casi pasaron desapercibidas, inicialmente. Su autor trataba en trece capítulos de la belleza como imitación y no como copia; es decir, como elaboración artística de una materia natural. Aplicaba su estudio a la poesía, a la pintura y escultura, a la música y a la moral. Considera la belleza consecuencia de la superación personal y la capacidad de abstracción. La subordina a la moral y prefigura un libro sobre estética y las aptitudes intelectuales para lograrla. Las Reflexiones sobre la belleza y el gusto en la pintura (1780) de Rafael Mengs le influyeron en esta obra.
 
   Escribió Arteaga unos apuntes sobre la vida de Gonzalo Pérez, traductor de la Odisea (1555), y dejó un epistolario con Antonio Ponz, Juan Andrés, Juan Pablo Forner, etc.
 
    Publica obras hasta 1794. En 1796 lo encontramos en Florencia y Roma. Murió en París.

Pragmática para la expulsión
de jesuitas españoles (1767)

Portada reconstruida de Valdemaro (1816)
    5.-  La novela posterior a Eusebio presenta diversas modalidades:
 
   Vicente Martínez Colomer (1762-1820), nacido en Alicante, publica su Nueva colección de Novelas ejemplares (1790) y otras obras, recogidas en Novelas morales (1804).
 
   En su novela gótica y prerromántica, El Valdemaro (1792), de ambiente medieval, mezcla aventuras, naufragios, historias de terror y amor, con notas didácticas: el hijo del rey danés, Valdemaro, expulsado de su reino, cuenta su historia a un ermitaño que ha evitado su suicidio. Su hermana Ulrica-Leonor conseguirá el amor de Rosendo, mientras Felisinda se suicida, rechazada por Valdemaro, que, finalmente, recupera su trono. Una curiosa interpretación de la Providencia convierte la obra en una novela prerromántica.
   Gaspar Zabala y Zamora (1750-1813) imitó novelas francesas, como Oderay (1804). Se le recuerda por La Eumenia (1805), sobre Carlos-Eduardo Estuardo.
 
   Antonio Valladares de Sotomayor (1740-1820) publicó el Semanario Erudito (1767-91). Es conocido por La Leandra (1797-1805), serie de novelas sentimentales y por unas Tertulias de invierno en Chinchón (1815-20).

Tercera edición de
La Serafina (1807)
   José Mor de Fuentes (1762-1848) nació en Monzón. Viajó a Madrid sin desvincularse de Zaragoza. Tradujo Werther de Goethe.
 
   Su obra más importante, El cariño perfecto o Alonso y Serafina (1798), es una novela sentimental en que el conquistador Alfonso Torrealegre consigue a Serafina, pese a su competidor Garín y al rechazo inicial que por él sienten sus futuros suegros. Forma la obra una colección de cartas -fechadas en Zaragoza, entre el 2 de Agosto de 1786 y el 6 de Abril de 1788- de Alfonso a su amigo Eugenio. Su autor plasmó en ellas la psicología femenina y abrió caminos a la novela decimonónica.
 
   Nuestro autor concluyó a los ochenta y seis años un Bosquejillo de la vida y escritos de don José Mor de Fuentes (1836).

Tercera edición de
La Serafina (1807)
   Francisco de Tójar publicó La filósofa por amor o Cartas de dos amantes apasionados y virtuosos (1799), sobre los amores de Durval y Adelaida, acaso inspirados en novelas francesas.
 
   Pedro María de Olive es autor de unas Noches de invierno (1796).
   El peruano Pablo de Olavide (1725-1803) redactó El Evangelio en triunfo o historia de un filósofo desengañado (1797), retractación dudosa de su conducta. En esta novela epistolar, el Filósofo, tras una noche al raso, se refugia en un convento, desengañado de sus ideas filosóficas.
 
   Con probables alusiones a la obra de Olavide, se publica, de forma anónima, Cornelia Bororquia. Historia verdadera de la Judith española (h.1799). Esta novela -acaso de Luis Gutiérrez (1771-1808), ex fraile ajusticiado por la Junta Central- presenta 31 cartas, escritas entre el 20 de Febrero y el 9 de Junio de cierto año. Trata del rapto de Cornelia por el Arzobispo de Sevilla. Al salvarse ésta, matando a su raptor, la Inquisición la condena a muerte, sin valerle la ayuda de su prometido Vargas ni la confesión del propio arzobispo moribundo. La novela critica, además, el poder temporal, denuncia el absolutismo religioso y recuerda a Choderlos de Laclos.

Cornelia Bororquia
(París, 1819)
   Entre las novelas utópicas conservadoras, un Tratado sobre la monarquía columbina (1790), de Andrés Merino de Jesucristo, presenta una sociedad de palomas, oprimidas por ilustrados. Apareció en el Semanario Erudito XXX de Antonio Valladares de Sotomayor.
 
   El triunfo de las castañuelas o mi viaje a Crotalópolis (1792) de un sospechoso Alejandro Moya o el Viaje de un filósofo a Selenópolis (1804), acaso escrita por Antonio Marqués y Espejo, completan este panorama.
 
   Otros novelistas imitan el Quijote o siguen el costumbrismo. Vicente Rodríguez de Arellano y Clara Jara de Soto cultivan otras modalidades.

José María Blanco White
    6.-  Casi en los albores del siglo XIX floreció el sevillano José María Blanco White (1775-1841). Descendiente de católicos irlandeses, frecuentó la Academia sevillana de Letras Humanas. En 1799 se ordena sacerdote, pese a sus dudas religiosas. Conservamos sermones de estos años, previos a su ruptura con la Iglesia Católica. Elogió la pedagogía de Pestalozzi (1807), poco antes de que se cerrase su Instituto. Al comenzar la guerra, abrazó la causa patriótica y defendió la Junta Central, pero marchó a Londres para no volver a España.
 
   Allí firma en El Español (1810-14) artículos con sus iniciales o con el seudónimo de Juan Sintierra: unas "Reflexiones generales sobre la Revolución Española" (1810), critican a la Junta Central por ignorar al pueblo y la situación planteada. De ese año será "Integridad de la monarquía española", sobre las colonias americanas ante Napoleón. "Las guerrillas y la guerra" (1811) deplora la desorganización española y valora los ejércitos improvisados, convencidos de su causa. "Conclusión de esta obra" (1814) cerraba el periódico, lamentando la actitud retrógrada de Fernando VII y la pérdida de libertades en España.

   La imagen de Blanco empeoraba en España, lo que le anima a adoptar el inglés como lengua literaria y a firmar como Leucadio Doblado sus Letters from Spain (1821) para The New Monthly Magazine, junto a traducciones de clásicos españoles. Tuvieron éxito, pese a su imagen desfasada de nuestro país. Las trece Cartas de España trataban de temas sociales: honor, fiestas españolas o problemas religiosos. En la tercera, incluye una autobiografía espiritual. Dos cartas se ambientan en Madrid y las dos últimas relatan el levantamiento del 2 de Mayo de 1808.
 
   Escribe en español -en la revista Variedades o mensajero de Londres (1823-25)- artículos como "Impresiones de Inglaterra" (1823), comentarios sobre La Celestina (1824), defensas prerrománticas del platonismo y la imaginación o breves ensayos narrativos: Las intrigas venecianas o El Alcázar de Sevilla -ésta en el No me olvides (1825) de J.J.de Mora-. En inglés publica su Evidence against Catholicism (1826). Existen sermones suyos de estos años.

Primera versión española
de la obra inglesa
de nuestro autor
   Abandonando The London Review (1829), José María se establece en Dublín en 1832 y publica Second Travels of a Gentleman in Search of a Religion (1833), para contestar a Thomas Moore. Nuevos desengaños lo llevan a Liverpool, donde edita Observations on Heresy and Orthodoxy (1835), en defensa de un cristianismo libre, relacionado con los unitarios de esa ciudad. Desde 1835 su salud empeora. Recibe a su hijo y a su hermana e intenta alguna novela que no cuajó. Murió el 20 de Mayo de 1841.
 
   Cuatro años después aparecía su Autobiografía (1845) en inglés -Life-, redactada desde 1830, con los Diálogos sinceros en materia de religión. La lectura de sus Diarios y su Epistolario completa la imagen de este brillante ilustrado.

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología