| EDAD DE PLATA (III). FIN DE SIGLO: NARRADORES |
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0.- La narrativa de comienzos del siglo XX se abre en un complejo ambiente, entre ecos del naturalismo y del modernismo: parnasianismo, anarquismo, erotismo, esoterismo, socialismo, republicanismo..., con elementos nuevos: espiritualismo, decadentismo, esteticismo, vitalismo, estilismo o intelectualismo. De esta amalgama temática surgen los grandes narradores del siglo, entre maestros indiscutibles: Unamuno, Valle-Inclán, Azorín... 1.- La prosa modernista de fines del siglo XIX evoluciona a comienzos de este: Rubén Darío (1867-1916) a partir de Azul (1888) publicó diversos relatos. A los diez iniciales, añade tres en la segunda edición de 1890. Hablan del menosprecio del arte "El rey burgués", "El sátiro sordo", "El velo de la reina Mab", "La canción del oro" o "El rubí", que reflejaba también la condición del artista bohemio en una sociedad hostil. "El pájaro azul", "Palomas blancas y garzas morenas" y "La muerte de la Emperatriz de la China" muestran el tema erótico, como sensualidad o motivo de celos. Menos narrativas, pero más minuciosas son las secciones "En Chile", acerca de la pintura y del poeta Ricardo. | ||
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2.- El escritor madrileño Ciro Bayo (1860-1939) destacó por su simpatía y por una obra literaria sorprendente: como viajero es autor de El peregrino entretenido (1910) y Lazarillo español (1911). Lazarillo español (1911) relata su recorrido por Andalucía, Valencia y Cataluña. A una guía de viaje, añade episodios dignos de un pícaro: trabajos puntuales, limosnas de diferentes clases, lecciones de natación a un extranjero, actuaciones de cómico, seducciones, observaciones históricas sobre Cataluña y España: la pubilla y el hereu mal administrador... El conjunto resulta ameno y variado, rebosante de vitalidad. Otras obras de Ciro Bayo fueron El peregrino en Indias (1913) y Los marañones (1913), novela de tema americano sobre Lope de Aguirre. |
![]() Lazarillo español 2ªed.(1920) |
![]() Vicente Blasco Ibáñez |
El valenciano Vicente Blasco Ibáñez (1866-1928), militante del Partido Republicano, fundó el periódico El Pueblo. Su primera novela, antijesuita, fue La araña negra (1892). Escribió Cuentos valencianos (1893), que desembocaron en novelas como Arroz y tartana (1894), sobre la ruina del almacén de las Tres Rosas y el mal fin de su gestora, doña Manuela. La Barraca (1898) narra cómo Batiste, tras arrendar unas tierras malditas, soporta el rechazo del pueblo, encabezado por Antón Pimentó. La muerte de su hijo Pascualet, sólo aplaza el desenlace: al matar a Pimentó, en legítima defensa, su familia debe abandonar el pueblo. Las novelas valencianas continúan con Entre naranjos (1900), historia de los desgraciados amores entre el diputado Rafael Brull, casado por una madre autoritaria, y Leonora, resignada a su suerte. |
![]() Cubierta de Entre naranjos |
Cañas y barro (1902) presenta al tío Paloma, pescador de la Albufera, decepcionado porque su hijo Toni sea agricultor. El nieto, Tonet, es un vago: bebe, combate en Cuba, y reanuda sus amores con Neleta, malcasada del rico Cañamel. Al enviudar ésta, los amantes ahogan a su propio hijo recién nacido, en la Albufera. Tonet se suicida. Su padre y su hermana comprenden el fracaso -o el nuevo sentido- de sus vidas.
La Catedral (1903) narraba la muerte del anarquista Gabriel Luna por sus discípulos. Éste vuelve de Europa a Toledo y predica su mensaje revolucionario. De la historia de España valora la presencia musulmana, la tolerancia religiosa y la transigencia moral. Su fracaso representa la dificultad de cambiar una España envejecida. |
![]() Carta de Blasco Ibáñez a Galdós |
![]() Cubierta de El Infanticida (2ªed., 1912) |
5.- Desde los últimos años del siglo XIX proliferó el relato anarquista, en revistas como El Porvenir del obrero, Dinamita cerebral, La Anarquía, Acción libertaria o La revista blanca. Estos cuentos breves, muy sencillos, exaltaban ideales revolucionarios: ataques a los patronos, clérigos, políticos y empresarios o a instituciones como el matrimonio, la propiedad privada, la empresa, etc. Los protagonistas son obreros, luchadores y víctimas de la explotación: la prostituta, el trabajador... Tratan temas de espiritualidad y utopías de un futuro mecanizado y más justo. Encontramos autores de primera fila, como José Martínez Ruiz (Azorín), Julio Camba, Joaquín Dicenta, Pi y Margall, Jacinto Octavio Picón, junto a otros como Federico Urales, Alejandro Hepp, Ricardo Mella y numerosos obreros anónimos espontáneos.
  Esta narrativa complementa a otra, de carácter erótico, de autores como Alejandro Sawa o el cubano Eduardo Zamacois (1873-1971). |
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8.- Podríamos calificar de parnasiana la novelística del granadino Francisco Villaespesa (1877-1936).
  9.- Brillante narradora fue la santanderina Concha Espina (1877-1955), que se inicia como novelista con La niña de Luzmela (1909).   La obra defiende la condición femenina y recrea la región leonesa de la maragatería, en sus aspectos lingüísticos, folclóricos e, incluso, literarios -se menciona con encanto El Señor de Bembibre-. Otras novelas fueron El metal de los muertos (1920), obra social sobre los mineros de Riotinto, Altar Mayor (1926), La flor de ayer (1932) o El más fuerte (1947). 10.- Una novelística conservadora se lee en el catalán Ricardo León (1877-1943), autor de Alcalá de los Zegríes (1909) y El amor de los amores (1910), versión religiosa de la figura de don Quijote.
D.Miguel Pérez Rosado.
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