EDAD DE PLATA (III). FIN DE SIGLO: NARRADORES
 



 

Azul (2ªed. 1890)

    0.-  La narrativa de comienzos del siglo XX se abre en un complejo ambiente, entre ecos del naturalismo y del modernismo: parnasianismo, anarquismo, erotismo, esoterismo, socialismo, republicanismo..., con elementos nuevos: espiritualismo, decadentismo, esteticismo, vitalismo, estilismo o intelectualismo. De esta amalgama temática surgen los grandes narradores del siglo, entre maestros indiscutibles: Unamuno, Valle-Inclán, Azorín...
 
    1.-  La prosa modernista de fines del siglo XIX evoluciona a comienzos de este: Rubén Darío (1867-1916) a partir de Azul (1888) publicó diversos relatos. A los diez iniciales, añade tres en la segunda edición de 1890. Hablan del menosprecio del arte "El rey burgués", "El sátiro sordo", "El velo de la reina Mab", "La canción del oro" o "El rubí", que reflejaba también la condición del artista bohemio en una sociedad hostil. "El pájaro azul", "Palomas blancas y garzas morenas" y "La muerte de la Emperatriz de la China" muestran el tema erótico, como sensualidad o motivo de celos. Menos narrativas, pero más minuciosas son las secciones "En Chile", acerca de la pintura y del poeta Ricardo.


Rubén Darío
por Vázquez Díaz (1911)
   Publica en periódicos americanos relatos con elementos artísticos -cuadros, poetas, telas, perfumes...- o naturales -flores, piedras preciosas, pájaros...- y temas de imaginación, teosofía o paraísos artificiales: "Thanathopia" (1893), "El caso de la señorita Amelia" (La Nación, 1894), "Verónica" (1896) o "Huitzilopoxtli" (1915), leyenda mexicana. Sigue el parnasianismo en "El hombre de oro", sobre la Roma de San Pablo.
 
   Catorce semblanzas de poetas malditos franceses llevaron el título de Los raros (1896): desde Verlaine al Conde de Lautréamont, pasando por Rachilde o Villiers de L'Isle Adam; Ibsen, Martí, Poe o Eugenio de Castro. Una fría presentación de Max Nordeau y una simpática referencia a Domenico Cavalca y a la Edad Media suman veintiún artículos.
 
   España contemporánea (1901) recoge crónicas periodísticas. Comenta su propia obra en Historia de mis libros (s.a.).
    2.-  El escritor madrileño Ciro Bayo (1860-1939) destacó por su simpatía y por una obra literaria sorprendente: como viajero es autor de El peregrino entretenido (1910) y Lazarillo español (1911).
 
   Lazarillo español (1911) relata su recorrido por Andalucía, Valencia y Cataluña. A una guía de viaje, añade episodios dignos de un pícaro: trabajos puntuales, limosnas de diferentes clases, lecciones de natación a un extranjero, actuaciones de cómico, seducciones, observaciones históricas sobre Cataluña y España: la pubilla y el hereu mal administrador... El conjunto resulta ameno y variado, rebosante de vitalidad.

   Otras obras de Ciro Bayo fueron El peregrino en Indias (1913) y Los marañones (1913), novela de tema americano sobre Lope de Aguirre.

Lazarillo español
2ªed.(1920)
    3.-  El naturalismo sigue vivo a principios de siglo:

Vicente Blasco Ibáñez
    El valenciano Vicente Blasco Ibáñez (1866-1928), militante del Partido Republicano, fundó el periódico El Pueblo. Su primera novela, antijesuita, fue La araña negra (1892). Escribió Cuentos valencianos (1893), que desembocaron en novelas como Arroz y tartana (1894), sobre la ruina del almacén de las Tres Rosas y el mal fin de su gestora, doña Manuela.
 
   La Barraca (1898) narra cómo Batiste, tras arrendar unas tierras malditas, soporta el rechazo del pueblo, encabezado por Antón Pimentó. La muerte de su hijo Pascualet, sólo aplaza el desenlace: al matar a Pimentó, en legítima defensa, su familia debe abandonar el pueblo.
 
   Las novelas valencianas continúan con Entre naranjos (1900), historia de los desgraciados amores entre el diputado Rafael Brull, casado por una madre autoritaria, y Leonora, resignada a su suerte.

Cubierta de
Entre naranjos
   Cañas y barro (1902) presenta al tío Paloma, pescador de la Albufera, decepcionado porque su hijo Toni sea agricultor. El nieto, Tonet, es un vago: bebe, combate en Cuba, y reanuda sus amores con Neleta, malcasada del rico Cañamel. Al enviudar ésta, los amantes ahogan a su propio hijo recién nacido, en la Albufera. Tonet se suicida. Su padre y su hermana comprenden el fracaso -o el nuevo sentido- de sus vidas.
 
   La Catedral (1903) narraba la muerte del anarquista Gabriel Luna por sus discípulos. Éste vuelve de Europa a Toledo y predica su mensaje revolucionario. De la historia de España valora la presencia musulmana, la tolerancia religiosa y la transigencia moral. Su fracaso representa la dificultad de cambiar una España envejecida.

Carta de Blasco Ibáñez
a Galdós
   Siguen novelas, como La bodega (1904-05) o La Horda (1905), sobre delincuentes en Madrid. Otras son de carácter psicológico, como La maja desnuda (1906) o Sangre y arena (1908), novela taurina.    Marcha a Argentina, donde participa en un confuso asunto de colonización agrícola. Gana fama internacional con Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916), defensa de los aliados durante la guerra. Le siguen Mare Nostrum (1918), sobre actividades de espionaje, o El Papa del mar (1925). En su última novela, El caballero de la Virgen (1929), novela la vida de Alonso de Ojeda.
 
    4.-  Otro gran naturalista fue el extremeño Felipe Trigo (1864-1916), al que se recuerda como autor de novela erótica. Estudió medicina en Madrid y se doctoró en 1887, un año después de casarse. En 1895 será médico militar en Filipinas.

Cubierta de
Jarrapellejos (1914)
   A su primera obra, Las ingenuas (1901), siguen La sed de amar (1903), Alma en los labios (1905), La bruta (1908), Sor Demonio (1909) o La clave (1910). En El médico rural (1912) refleja su propia experiencia. Le sigue Los abismos (1913).
 
   Su mayor éxito fue Jarrapellejos (1914), cacique de La Joya, pueblo de Extremadura embrutecido por la miseria. Cuando Pedro Luis Jarrapellejos intenta corromper a la bella Fornarina, Juan Cidoncha la protege. Juan proyecta una Sociedad Cooperativa y anima a Octavio, aparente regeneracionista, a presentarse como Diputado. Octavio fracasa, manipulado por el cacique, y se consuela con la adúltera Ernesta. Tres señoritos asesinan a Fornarina y a su madre Cruz. Acusan a Cidoncha, cuya inocencia se prueba finalmente. Juan abandona el pueblo, manteniendo la esperanza en un futuro mejor. Jarrapellejos libera a los culpables para evitar el escándalo.

Felipe Trigo

Cubierta de
El Infanticida (2ªed., 1912)
    5.-  Desde los últimos años del siglo XIX proliferó el relato anarquista, en revistas como El Porvenir del obrero, Dinamita cerebral, La Anarquía, Acción libertaria o La revista blanca. Estos cuentos breves, muy sencillos, exaltaban ideales revolucionarios: ataques a los patronos, clérigos, políticos y empresarios o a instituciones como el matrimonio, la propiedad privada, la empresa, etc. Los protagonistas son obreros, luchadores y víctimas de la explotación: la prostituta, el trabajador... Tratan temas de espiritualidad y utopías de un futuro mecanizado y más justo. Encontramos autores de primera fila, como José Martínez Ruiz (Azorín), Julio Camba, Joaquín Dicenta, Pi y Margall, Jacinto Octavio Picón, junto a otros como Federico Urales, Alejandro Hepp, Ricardo Mella y numerosos obreros anónimos espontáneos.
 
   Esta narrativa complementa a otra, de carácter erótico, de autores como Alejandro Sawa o el cubano Eduardo Zamacois (1873-1971).
   6.- Alejandro Pérez Lugín (1870-1926), madrileño, destacó con su popularísima novela La casa de la Troya (1915), estudiantina sobre los amores de Gerardo Roquer, enviado por su padre a terminar Derecho en Santiago. El joven se enamora de Carmiña, hija de un amigo de la familia. Con ayuda de sus compañeros de pensión -Calle de la Troya, 5- y de don Dámaso, confesor de Carmen, se casará con ella, arrebatándola a la siniestra Maragota.
 
   La novela, por su sencillez, fue objeto de adaptaciones teatrales y cinematográficas. Alcanzó casi las cien ediciones.
 
   Pérez Lugín triunfó también con Currito de la Cruz (1921). Escribió además La Corredoira y la Rúa (1923) o las novelas póstumas La Virgen del Rocío ya entró en Triana y Arminda Moscoso.

La casa de la Troya
95ª ed.
    7.-  Asociado a la teosofía española brilló el cacereño Mario Roso de Luna (1872-1931), doctor en leyes, licenciado en ciencias físico-químicas y astrónomo -descubrió un cometa en 1893 y una estrella temporaria en 1918-.

El tío Jacob en una edición popular
de La venta del alma
   De un positivismo, compatible con una profunda religiosidad, evoluciona a la teosofía al conocer, hacia 1903, las doctrinas de Helena Blavatski. Dedicó sus últimos años a la psicología y filosofía.
 
   Preparó sus obras completas, con títulos como Hacia la Gnosis, Evolution solaire et sèries astro-chimiques, Simbolismo de las religiones del mundo, Wagner: mitólogo y ocultista, H.P.Blavatsky, Por el reino encantado de Maya y El árbol de las Hespérides (1923), colección de relatos que incluye La venta del alma.
 
   Esta breve novela presentaba al judío Yllán, leví de Fez, nacido en 1492, a través de un manuscrito que Pueyo compra a un canónigo de Toledo. Yllán mata al conde de Fuensalida por cortejar a su amada Agar. Ambos se refugian en casa de Jacob, tío de Yllán, donde encuentran un tesoro godo que les permitirá llegar a Fez. Por su codicia, Agar muere a manos de Yllán, que se salva. Las joyas se expusieron en Francia y España, donde desaparecieron.
   Otros autores de esta época son Juan Bautista Amorós -Silverio Lanza-; Manuel Ciges Aparicio (1873-1936), Manuel Bueno (1874-1936) o José López Pinillos, "Pármeno" (1875-1922).
 
    8.-  Podríamos calificar de parnasiana la novelística del granadino Francisco Villaespesa (1877-1936).
   Publicó novelas con diferentes títulos, desde Breviario de amor o La marcha de las antorchas.
 
   Zarza florida (1907) se tituló además El milagro de las rosas: el griego Dyonisios observa la decadencia de su pueblo; Pablo de Tarso lo convierte al cristianismo. Cuando Lais, antigua amante del griego, lo encuentra, éste cae sobre unas zarzas, cuajándolas de rosas. El anacronismo no enturbia las brillantes descripciones de ambientes.
 
   Se recuerda de Villaespesa sus ambientaciones andalusíes o árabes, en novelas como Los ojos de Al-Motamid y El último Abderramán (1909), de acción mínima: el emir Muhamed II celebra la victoria del príncipe Abderramán sobre los cristianos
-su desfile abarca la casi totalidad de la obra-. Celoso del interés que el triunfador despierta en la esclava Leila Hassana, Muhamed ofrece a ésta la cabeza de Abderramán.

El milagro de las rosas

 
    9.-  Brillante narradora fue la santanderina Concha Espina (1877-1955), que se inicia como novelista con La niña de Luzmela (1909).

Concha Espina por A. Parra (1943)
   Su obra más famosa, La esfinge maragata (1914), trata del sacrificio de Florinda -Mariflor- Salvadores, que marcha con su abuela al pueblo de Valdecruces, mientras su padre emigra. En el tren se enamora del poeta Rogelio Terán y es correspondida, pese a esperarle un matrimonio con su primo Antonio, que resolvería la ruina familiar. La miseria de la región impresiona a Mariflor: los hombres emigran; Marinela ve en el convento su única salida; otras aceptan matrimonios pactados... El cura Don Miguel acoge a Rogelio, pero éste termina abandonando a su novia. Mariflor, resignada, acepta a Antonio.
La esfinge maragata

 
   La obra defiende la condición femenina y recrea la región leonesa de la maragatería, en sus aspectos lingüísticos, folclóricos e, incluso, literarios -se menciona con encanto El Señor de Bembibre-.
 
   Otras novelas fueron El metal de los muertos (1920), obra social sobre los mineros de Riotinto, Altar Mayor (1926), La flor de ayer (1932) o El más fuerte (1947).
 
    10.-  Una novelística conservadora se lee en el catalán Ricardo León (1877-1943), autor de Alcalá de los Zegríes (1909) y El amor de los amores (1910), versión religiosa de la figura de don Quijote.
 

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología