LA ÉPICA CULTA DEL RENACIMIENTO
 

Retrato de Ludovico Ariosto
Retrato de Ludovico Ariosto

    1.-  La épica culta renacentista la forman una serie de poemas, más o menos extensos, que dedican sus versos a relatar las hazañas, verdaderas o legendarias, de héroes famosos de distintas épocas.
 
   Se forma a partir de una serie de obras:
 
   De los clásicos grecolatinos se leerá, entre otros, a Homero, en versiones adaptadas y muy lejanas al original; a Lucano y, sobre todos, a Virgilio, cuya Eneida traducirá en 1555 Gregorio Hernández de Velasco en octavas reales, estrofa en que se desarrollará la épica de este momento.
 
   De Italia llega lo que conocemos como cánon de Ferrara, que es un modelo para la épica culta, en el que se incluyen hazañas fabulosas sobre héroes conocidos -a veces reales-, la dedicatoria del poema a un personaje o familia de la nobleza, etc.
 
   Las dos obras más importantes italianas fueron el Orlando furioso de Ludovico Ariosto, traducido al castellano en 1549 por Jerónimo de Urrea y la Jerusalén liberada de Torcuato Tasso.
 
    2.-  Entre las primeras obras castellanas de interés, destacan el Carlo famoso (1566), de Luis Zapata y Los famosos y eroycos hechos (...) del Cid Ruy Díaz de Bivar (1568), de Diego Jiménez Ayllón, que pondrá de manifiesto cómo la épica española es más fiel a la historia que la italiana.
 
Los Lusíadas
Portada de
Los Lusíadas de Camoens
    Una de las dos obras maestras de este género fue Os Lusiadas de Luis de Camoens (1524-1579), escrita en portugués y editada en 1572. Canta las expediciones de ejemplares navegantes portugueses de fines del siglo XV y XVI, entre los que destaca Vasco de Gama. Con ellas entreteje el autor sus propias experiencias de marinero y episodios o intervenciones mitológicas que completan el sentido de la obra.
 
   El autor dejó además una extensa producción lírica en castellano que abarca diferentes géneros.
 
s   El momento de su muerte marca la anexión de Portugal al resto de España para algo más de medio siglo, pero también la traducción al castellano de su obra capital.
Luis de Camoens
Retrato de
Luis de Camoens

    3.-  Dos obras de importancia deben señalarse a lo largo de los años 80: La Austriada (1584) de Juan Rufo, que cuenta con rigor historiográfico las hazañas de Juan de Austria en Granada y en Lepanto, y, en segundo lugar, Las lágrimas de Angélica (1587), de Luis Barahona de Soto. Éste último poema retoma los temas del Orlando furioso y trama una ficción -paralela a la de los libros de caballerías de esa época- llena de aventura y de sensibilidad.
Alonso de Ercilla
Alonso de Ercilla
   A ellas podría unirse el Montserrate (1587) de Cristóbal de Virués, mitad religioso y mitad épico.
 
    4.-  Sin duda, la obra capital de la épica española es La Araucana de Alonso de Ercilla y Zúñiga (1533-1595). Se publicó en tres partes, entre 1569 y 1587 y trata de la conquista de Chile por los españoles, en lucha con los indígenas americanos: los araucanos. Ercilla, que tomó parte activa en esas expediciones, no oculta su simpatía por los indios y añade a su poema episodios novelescos de amores o brujerías, resaltando el valor y heroísmo araucanos. También se revela como gran geógrafo, naturalista y persona de grandes valores culturales.
La Araucana
Portada de La Araucana
con sus tres partes
La Cristíada
Portada de La Cristíada
    5.-  Aunque excedan los límites del siglo que tratamos, debemos señalar la existencia de dos grandes poemas escritos en Hispanoamérica: en primer lugar, La Cristíada (1611), de Diego de Hojeda (1570-1615), que cuenta la pasión de Jesucristo, y, en segundo lugar, El Bernardo (1624) de Bernardo de Balbuena (1568-1627), sobre el héroe castellano Bernardo del Carpio. Este poema, hoy apenas leído, se consideró en otras épocas una de las obras maestras de la literatura española.

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología