LA ÉPICA
 



 
    1.-  Casi cuatro mil versos del Cantar de Mío Cid, dos folios del Cantar de Roncesvalles y poco más de mil versos de unas Mocedades de Rodrigo es lo que conservamos de la épica tradicional española. Consideramos que ésta sería bastante superior en títulos a los testimonios actuales.
 

Ramón Menéndez Pidal

 
   Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) defendió la tesis neotradicionalista. Según él, existieron numerosos cantares de gesta castellanos, que, posteriormente, se prosificaron en crónicas o se disolvieron en romances, ya que se perdieron como cantares en su casi totalidad. Dichos cantares surgirían al calor de los hechos, por lo que serían, básicamente, históricos. Su elaboración respondería a tradiciones de origen germánico, introducidas por los visigodos y probablemente conservadas por los mozárabes, en las archûzas hispanoárabes. Estos cantares noticieros o cantilenas los ampliarían juglares anónimos, desde un núcleo inicial, hasta desembocar en los cantares actuales, obras colectivas.
 
   Frente a esta opinión, la escuela individualista opina que la épica española sigue a la francesa, acaso de origen latino. Surgiría a partir del siglo XI, por obra de clérigos cultos que escriben en torno a monasterios y recrean, sin demasiado rigor histórico, épocas anteriores. Los individualistas estudian los textos existentes e ignoran las posibles versiones perdidas.
 
 
    2.-  Se admite que el Cantar de Mío Cid culmina una tradición épica perdida, aunque no existe unanimidad sobre qué obras existieron realmente.
   Las reconstruímos por las prosificaciones que, más o menos claras, quedan en nuestras crónicas. Menéndez Pidal supuso que cada relato extenso de una crónica prosificaría un cantar de gesta, opinión que hoy se considera exagerada.

Poema de Fernán González
   Se especula con poemas visigodos sobre el germánico Waltharius, cuyas hazañas perduran en el Romance de don Gaiferos o con poemas sobre los últimos reyes godos: Witiza y Rodrigo y, menos probable, sobre caudillos mozárabes.
 
    2.a.-  El siglo X marca la época heroica de los orígenes de Castilla, enfrentada con León. Sus condes, Fernán González -de quien conservamos un poema en cuaderna vía (s.XIII)-, Garci Fernández o el Infante García, protagonizarían cantares. También vive su auge Al-Andalus, y Córdoba -Abderramán III, mezclado con Almanzor- será antagonista de Castilla.

   Hay huellas confusas para defender la existencia de un cantar sobre Don Juan, abad de Montemayor, héroe portugués que lucharía contra Almanzor.
   Entre los mejor reconstruidos destaca Los siete infantes de Lara. Canta la traición de doña Lambra, que, ofendida, trama la muerte de los infantes, de su ayo, Nuño Salido y de su padre, Gonzalo Gustioz, a quien Almanzor salva la vida. La hermana de éste dará a Gonzalo Gustioz un hijo: Mudarra, que vengará la muerte de sus hermanos.
   La leyenda presenta variantes según la crónica que la transmita. Por otra parte, este tipo de mujer vengativa y sanguinaria se considera un rasgo germánico de la épica castellana.

   La condesa traidora retoma el personaje de Almanzor, de quien se enamora la condesa sin respetar las vidas de su marido, Garci Fernández, ni de su propio hijo, que, recelando el engaño, da muerte a su madre.

Arqueta con los restos de
los Infantes de Salas

 
   El Cantar del Infant García narra la muerte de este conde el día de su boda (1027) y la venganza posterior. Cierra el ciclo de los condes de Castilla.
 
    2.b.-  Del reino de Aragón quedan huellas de un Cantar de la campana de Huesca sobre la matanza de nobles llevada a cabo por Ramiro II hacia 1134.
 
   Muniadona, La reina calumniada, sería rechazada por su hijo García y defendida por el bastardo Ramiro, nacidos de Sancho el Mayor.
 
    2.c.-  Dos folios del Cantar de Roncesvalles apuntan a poemas de un ciclo carolingio: un Mainete y un Bernardo del Carpio, comentados más abajo.
 
    2.d.-  Es poco probable un cantar sobre Fernando [I] par de Emperador, pero más convincentes las diversas redacciones de un Cantar de Sancho II, sobre sus guerras fratricidas, el cerco de Zamora y su muerte a manos del traidor Vellido Dolfos.

Primer folio del
Cantar de Mío Cid
    3.-  El Cantar de Mío Cid se conserva en un manuscrito del siglo XIV -hoy Vitr.7-17 BNM- que parece reproducir otro de 1207, copiado por Per Abbat.
 
     3.a.-  Se divide en tres cantares:
   Al primer cantar le falta la hoja inicial: no más de cincuenta versos. Que esta pérdida sea anterior a 1596 lo prueba el hecho de que ya estén ausentes en la copia que Ulibarri realizó del texto en 1596. El Cantar trata el destierro del Cid por Alfonso VI, a causa de ciertas intrigas cortesanas. Martín Antolínez logra de dos judíos un préstamo de seiscientos marcos para el Cid, para sus fieles y para mantener a su mujer e hijas en el monasterio de San Pedro de Cardeña.

Copia de Ulibarri
Ms. 6328 BNM
   El Campeador conquista Castejón y Alcocer, poblaciones que devuelve a los moros a cambio de un rescate. Cierra el cantar un enfrentamiento con el conde de Barcelona, que, aunque deshonrado por su propia torpeza, recobra la libertad.
 
   El segundo cantar trata la gesta de mío Cid: tras conquistar Murviedro -actual Sagunto-, asedia y toma Valencia. Álvar Fáñez lleva presentes al rey y le pide que consienta a doña Ximena y a sus hijas salir del monasterio para instalarse en Valencia. Asisten al ataque de Yuçef, rey de Marruecos. El rey Alfonso propone casar las hijas del Cid con Fernán y Diego, infantes de Carrión, a lo que éste accede. Se celebran vistas a orillas del Tajo y bodas con sus fiestas en Valencia.

Ermita de San Pedro de Cardeña

 

Último folio del
Cantar de Mío Cid
   El cantar tercero se abre con el episodio del león, de carácter novelesco: mientras duerme el Cid, escapa de la red su león, causando el pánico entre los infantes de Carrión, que, tras confirmar su cobardía en la batalla contra el rey Búcar de Marruecos -que muere a manos del Campeador-, deciden volver con sus mujeres a sus tierras palentinas. En el robledal de Corpes las golpean y abandonan, por considerarlas impropias de su condición social. El Cid recuerda al rey que, siendo él quien las casó, es suya la afrenta. Alfonso convoca Cortes en Toledo, donde el Cid recobra sus haberes y deja que Pero Bermúdez, Martín Antolínez y Muño Gustioz derroten, respectivamente, a los infantes Fernán y Diego y a su hermano, Asur González. Sus hijas recuperan la honra casándose con los infantes de Navarra y Aragón.

 
    3.b.-  Como fecha de composición del cantar, Menéndez Pidal propuso 1140, por considerarlo anterior al Poema de Almería, datación que apenas se mantiene hoy, frente a la de finales del siglo XII, 1200 ó 1207.
   También propuso el neotradicionalista que sería obra de, al menos, dos juglares, el segundo de los cuales refundiría con más fantasía la labor del primero. Se basaba, entre otras cosas, en las dos partes diferenciadas de la estructura de la obra: el destierro y la afrenta de Corpes.
   Otros estudiosos propusieron la creación de un bloque inicial, en torno al cantar segundo, sobre el que se añadirían elementos hasta llegar al estado actual.
   La teoría individualista, bien representada por Colin Smith, defendió inicialmente la unidad del poema e, incluso, la autoría de Per Abbat, notario letrado.
 
   Contrasta con la épica francesa que el Cid muestre como valor principal el de la mesura y fidelidad a su rey y que se ajuste con llaneza a los avatares de la vida real: necesidades económicas, lazos familiares, respeto a la amistad...
   Se piensa que el poema refleja las aspiraciones de un grupo de nobles castellanos, que someten sus deseos de medrar a la autoridad del rey, sin ocultar su antisemitismo.
 
   Tema complejo es el de las fuentes del cantar, ya que éste pudo inspirarse en composiciones orales, en fuentes escritas, o en posibles cantares hoy desconocidos.

Alfonso VI en el
Cartulario de Santiago

 

Historia Roderici
   Aunque se insiste en la influencia de la épica francesa, no es posible concretar correspondencias, ni siquiera en lo que respecta a la métrica. Tampoco parecen fiables las semejanzas halladas con los clásicos latinos. Sí parece más probable que su autor conociera crónicas hispánicas latinas como la Crónica Najerense (s.XII) y, más concretamente, la Historia Roderici (s.XII), de la que tomaría episodios concretos. De ésta derivaría el Carmen Campidoctoris (h.1186-1190), himno en 129 versos en 32 estrofas sáficas de un manuscrito incompleto. Tampoco descartamos el conocimiento de crónicas árabes como las de Ibn Bassam o Ibn Alcama.
   Entre las posibles fuentes romances, se acepta que nuestro juglar conociese leyendas locales o datos dispersos como los que incluye el llamado "Linaje del Cid", breve apunte inserto en las Corónicas navarras, entre los fueros de diversas poblaciones del noroeste de la Península.
Linage del Cid

 

 

Carmen

Campi

Doctoris

 

Miniatura
   El códice parece, por su relativo desaliño, parte del material de un juglar, que lo usaría para la recitación, pese a que conserva correcciones escritas. Es posible que se utilizase para una representación casi dramática, recitada, cantada o salmodiada. No es imposible que cada uno de los cantares indique una sesión de lectura, ya que su extensión no se aleja demasiado de los tres actos de una comedia del siglo de Oro.
   Se admite que iba dirigido a un amplio sector social, que abarcaba desde la nobleza al pueblo más humilde.
 

 
   Los versos anisosilábicos oscilan entre las tres y las once sílabas, con claro predominio de heptasílabos, octosílabos y hexasílabos. Esto no parece irregularidad, sino obediencia a un tipo de composición fonética y no silábica, en que los versos -hemistiquios en el texto- se componen sobre dos ejes rítmicos. Se asimila a lo que en clerecía llamamos métrica sintagmática.
 
   Los versos -ahora líneas del texto- se organizan en series monorrimas: tiradas de un número indefinido de versos asonantes.
 
   Aparecen sistemáticamente a lo largo del poema fórmulas -grupos de palabras que se repiten con ligeras variaciones-. Por una parte, apuntan a una composición oral, que resuelve momentos narrativos; por otra, permiten la improvisación y la memorización de versos.
   Se estudian dentro del formulismo, la omisión de verbos dicendi -dijo, preguntó, respondió...- y los epítetos, generalmente aplicados a personas o lugares caracterizados positivamente.

Estatua del Cid

Crónica muy tardía
(1562) del Cid
   Un narrador omnisciente alterna los tiempos verbales, jugando con sus valores aspectuales y recurriendo a las perífrasis, aunque evita los retratos de personajes.
 
   El neotradicionalismo observó que nuestro poema se prosifica en diversas crónicas, variantes de la Estoria de España alfonsina. Una versión vulgar, concisa, se lee en la Crónica de Veinte Reyes. Otra, más extensa y con materiales diversos, en la versión regia, recogida como Primera Crónica General. De una variación de ésta última -la Crónica de Castilla- se parte habitualmente para las reconstrucciones hipotéticas de versos perdidos.
    4.-  La aparición en 1916 de dos hojas que conservaban un fragmento del Cantar de Roncesvalles, de la segunda mitad del siglo XIII, renovó los estudios de la épica española. Los dos folios se habían utilizado para reforzar la encuadernación de un libro, lo que prueba el escaso interés que despertaron en su momento.
 
   El fragmento recoge el instante en que Carlomagno reconoce a Roldán entre los cadáveres de Roncesvalles e inicia el planto por las muertes que observa a su alrededor.
   Las semejanzas de este motivo con el cantar de los Infantes de Salas no puede ocultar su dependencia de la épica francesa, lo que delata en el Cantar de Roncesvalles su procedencia navarra.

Cruz de Roncesvalles

 

Cantar de Roncesvalles
folio 1 recto

Cantar de Roncesvalles
folio 1 vuelto

Cantar de Roncesvalles
folio 2 recto

Cantar de Roncesvalles
folio 2 vuelto

Presione las imágenes para ampliar las páginas con una versión del cantar completo.

 
   Se relaciona con cantares de tema carolingio que circularían por nuestra Península, como un Mainete, sobre la infancia de Carlomagno en Toledo y sus amores con la mora Galiana o un Pèlerinage de Charlemagne. El cantar fundiría esta estancia con el destierro histórico toledano de Alfonso VI.
 
   También suponemos un poema sobre Bernardo del Carpio, héroe fabuloso, vencedor de los franceses y de Roldán en Roncesvalles. Castigaría, finalmente, al rey Alfonso, que había encarcelado a su padre.
   Se ha propuesto la existencia de romanceamientos castellanos sobre poemas épicos franceses: Chanson de Saisnes, etc.
 
 
    5.-  De las Mocedades de Rodrigo (h.1360) conservamos unos 1200 versos, prosificados en su inicio y plagados de lagunas.

Manuscrito 12 BNP con las
Mocedades de Rodrigo
   Una primera parte trata de los condes castellanos y de sus jueces, para presentar la genealogía del Cid.
   Narra en su segunda parte cómo éste, tras matar al conde don Gómez, repara su falta, comprometiéndose con doña Ximena, hija del Conde. Como méritos, promete realizar cinco hazañas para su rey: vencerá al moro Burgos de Ayllón, defenderá a Castilla, derrotando a un representante del rey de Aragón, desbaratará una confabulación de nobles contra el rey Fernando, protegerá Palencia del conde de Campoó -incompleta- y, finalmente, triunfará sobre una coalición del conde de Saboya, el rey de Francia, el Emperador de Alemania y el Papa, para evitar que España les pague tributos.

 
   Con esta victoria desmedida se interrumpe el manuscrito.
 
   El poema sería una refundición, realizada en la segunda mitad del siglo XIV, de obras anteriores. Parece copiado por un monje de Palencia, ciudad clave del texto. Se ha definido como "obra de propaganda eclesiástica". Su distancia de los hechos históricos es grande y la figura del Cid, disparatada, hizo pensar en un "juglar degenerado", hipótesis desechada actualmente.
 
   En la épica se incluye, a veces, un Poema de Alfonso XI (1348), escrito por Rodrigo Yáñez y etiquetado como "crónica rimada". Su tradicionalidad es, como poco, dudosa.
 
 
    6.-  Hasta aquí la épica tradicional. Quienes defienden una épica literaria medieval hablan de poemas clásicos romanceados: una Ilíada, una Ulisea y otras obras latinas, de las que poco sabemos.

 

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología