Ciudad de Segobriga, Saelices (Cuenca).
La ciudad de Segobriga fué el centro cultural, administrativo y minero de una amplia zona del centro peninsular. Su origen, como era habitual, fue un castro celtibérico de nombre Sego-briga, llamado por Plineo "caput celtiberiae". Fué conquistada por lo romanos hacia el año 200 a.C. Situada en el actual Cerro de Cabeza de Griego en Saelices (Cuenca), tenía una población cosmopolita y llegó a albergar en sus murallas numerosos edificios públicos y religiosos, no así viviendas particulares, que por lo general se situaron extramuros en poblaciones circundantes. Actualmente solo podemos asegurar una vivienda en la parte más elevada de la ciudad, probablemente perteneciente a un senador. En época de Augusto se convirtió en municipio y dejó de ser dependiente tributariamente de Roma. Ya en el Siglo I a.C. se empieza la construcción de edificios y de la muralla. Este impulso fué provocado fundamentelmente por un motivo económico, la explotación las minas, fundamentalmente de lapis specularis, yeso cristalizado que se utilizaba como cristal. Por ello se provoca la afluencia de numerosos trabajadores, esclavos y libres, que encuentran en Segobriga un sitio para progresar. Es más, la relación de la población indígena en esta ciudad es más importante que en otras ciudades hispanas, llegando a emprender negocios e incluso a tener dioses propios. Las "aportaciones empresariales" indigenas se concretaban en la minería -y otros oficios asociados: esparto, metalurgia...-, la agricultura, o el trabajo de la piedra. Esta situación no evitaba un sociedad fuertemente jerarquizada con unas diferencias sociales muy acentuadas. Como toda ciudad romana tenía infraestructuras básicas: agua corriente y alcantarillado. Para el abastecimiento de agua se construyeron diversos depósitos, fundamentelmente aljibes, que se comunicaban con la ciudad mediente acueductos. Dentro de la ciudad, para la distibución del agua a las termas y fuentes se realizaron varias canalizaciones. |
La importacia de esta población no decayó en época visigoda, prueba de ello son los restos de una importante basílica y distintas necrópolis. Más tarde, con la invasión musulmana se deshabitó y posteriormente se expolió para la construcción de otros edificios como el monasterio de Uclés. |